#BallenasBlancas. Aloha Wanderwell, la chica que más ha viajado

La historia de Aloha Wanderwell parece sacada de la ficción, no en vano para muchos historiadores es “la Indiana Jones femenina”. Si bien hay aspectos de su vida que suenan fantásticos y por muchos años sus logros quedaron borrados de la historia, el registro de sus múltiples viajes la convierten en algo mucho mejor que la versión femenina de un personaje…  Porque ella fue real.

Cerebro, belleza y pantalones

Nacida en Canadá el 22 de octubre de 1906, criada en Europa durante la Primera Guerra Mundial y enviada a un convento para “calmar sus tendencias tomboy”, a los 16 años respondió un clasificado del periódico Paris Herald que decía:

“Cerebro, belleza y pantalones –Ofrezco viaje por el mundo para joven afortunada… ¡Que quiera unirse a una expedición”

Idris Galcia Hall se unió al Capitán Wanderwell –quien la rebautizó como Aloha– en una expedición alrededor del mundo trabajando como su secretaria, traductora y conductora. Estaba inspirada por los libros que su padre, fallecido durante la guerra, le daba a leer. Libros que hablaban de viajes y aventuras, pero que para una mujer de aquella época eran más una fantasía que una inspiración, o al menos así “debía ser”. Pero no para Aloha.

La expedición de los Wanderwell (en aquel entonces, sin parentezco) era parcialmente patrocinada por Ford Motor Company. Sólo brindaron vehículos, ningún financiamiento real. Cada uno de los dos miembros de la expedición conducía su propio vehículo y manejaba su propio equipo fotográfico. Durante los años 20, Aloha junto con la expedición recorrieron cerca de 80 ciudades, comenzando por Europa.

Familia en expedición

En 1924, mientras estaban en Calcuta, Aloha se encontró con los integrantes de la Primera Circunnavegación Aérea, la cual filmó. Para 1925, viajó a EE.UU. con el Capitán Walter Wanderwell con quien se casó, pues estaba por ser arrestado por el FBI bajo el estatuto de la Ley Mann, que prohibía la transportación de mujeres para “motivos inmorales” (es decir, es una ley que buscaba frenar la trata de blancas). Con el Capitán tuvo dos hijos.

Tener una familia sólo hizo que la expedición se volviera más grande. Viajaron de Cuba a Sudáfrica con un equipo más grande, que incluía más camarógrafos. Durante este tiempo, Aloha leía pasajes de sus textos a la par que se proyectaban sus documentales mudos junto a ella, lo cual ayudaba a solventar los gastos del viaje.

En sus diarios, Aloha afirma que, durante su estancia en África, tuvieron que usar plátanos y grasa de elefante para hacer que su auto se mantuviera en marcha a falta de gasolina. También afirma que mientras recorrieron China, los Wanderwell fueron aprehendidos por bandidos en la Gran Muralla y Aloha consiguió negociar su liberación a cambio de enseñarles a usar un arma automática y a construir un nido de ametralladora. Ya era conocida en 1930 como el título de “la chica que más ha viajado”.

Entre la realidad y el mito

Documentó sus viajes a través de fotos y video. Aprendió a pilotar un avión y en él se aventuró a una zona no explorada del Amazonas. A ella se le atribuye el primer registro en imagen de la tribu Bororo de Brasil, con quienes vivió un tiempo, también fue la primer mujer en sobrevolar el Mato Grosso. A partir de sus memorias, se les atribuye a los Wanderwell el diseño fastback de los automóviles. Aloha era la editora de sus propios documentales y también editaba los de el Capitán.

Cuando Aloha tenía 24 años, quedó viuda después de que el Capitán fuera misteriosamente asesinado a bordo del yate que la pareja acababa de adquirir. Nunca se resolvió el crimen. Algunos años después, se volvió a casar, esta vez con Walter Baker, uno de los camarógrafos de la expedición. Junto con Baker y sus hijos, siguió documentando y viajando por Nueva Zelanda, Australia, Hawaii, India, Camboya e Indochina, donde Aloha describe haber quedado atrapada entre varias manadas de elefantes, de lo cual sobrevivió abriéndose paso a punta de tiros.

Es difícil discernir la realidad de la ficción en una vida tan increíble como la de Aloha. Se dice que estuvo presente cuando se abrió por primera vez la tumba de Tutankamón (aunque por las fechas y los registros de los Wanderwell, ni siquiera estaba en Egipto ese año). Se dice también que se cortó el cabello y se hizo pasar por hombre para combatir junto con la Legión Extranjera Francesa, aunque después se aclaró que en la década de los 30 la hicieron miembro honorario.

Aloha Wanderwell, documentalista

Lo tangible: queda registro de doce documentales y un gran número de fotografías, algunas de estas piezas guardadas en diferentes universidades, museos y librerías, como la Librería del Congreso de los EEUU o el Smithsonian. Uno de sus únicos documentales con sonido es The River of Death, de 1934, el cual se conserva aunque con algunas fallas.

Aloha falleció en 1996, tenía 89 años.

Es quizá, más fácil pensar que la historia de Aloha Wanderwell es ficción o que es el punto de partida de incontables personajes. La realidad es que aunque la historia la haya borrado, Aloha abrió una brecha, una que no sólo se queda en su extraordinaria documentación y las fronteras que cruzó, sino que nos enseñó que hay otro mundo posible para aquellas que tienen la inquietud de salir a conocerlo.

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Andrea López – @conejoazulorama

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