El Monstruo de Ecatepec está preso, ¿y las víctimas?

“Creo que que este es uno de los casos de asesino serial más horrorosos y espeluznantes del que no haya habido historia en la Fiscalía de Justicia del Estado de México, no tenemos antecedente de esta naturaleza”. Esta declaración de Alejandro Gómez Sánchez, fiscal general del Estado de México, no puede tener más errores. Donde dice asesino debiera decir feminicida, y donde dice que no hay antecedentes debiera decir que es un caso que se suma a muchos. Pero el error más grande de la declaración en realidad es una omisión: ¿dónde están las víctimas?

Cobertura El Universal

Desde el pasado fin de semana en que saltó a los titulares la detención de una pareja que cargaba restos humanos en una carriola en la colonia Jardines de Morelos de Ecatepec, la noticia no ha dejado de aparecer en los medios de comunicación. Primero apareció como una muestra más del aumento de la violencia en la zona metropolitana. Con el paso de los días, la cobertura se inclinó a la nota roja, para caer después en un despliegue de espectáculo de pornomiseria.

Ahora, Juan Carlos N es uno de los nombres más mencionados en los medios, junto con su nuevo epíteto: el Monstruo de Ecatepec. Nada más acertado, podríamos pensar, que quitar la naturaleza humana a alguien capaz de, según su testimonio, quitar la vida al menos a veinte mujeres y desechar sus cuerpos como si fueran nada. Pero con la deshumanización viene también la fábula: no es un humano, es un monstruo. No es normal, es una anomalía. No es uno de nosotros. No es común, no hay antecedente de esa naturaleza. No ha habido en la historia uno como él, aunque todos los días las estadísticas de feminicidios muestren lo contrario.

El Monstruo de Ecatepec somos todos

El fenómeno del #MonstruoDeEcatepec trastorna nuestra percepción del caso para que el detenido, y no los hechos, sean el centro de atención. Entre más escabrosa la narrativa, mejor. El monstruo mataba, destazaba y guardaba los restos de sus víctimas. Éstas eran jóvenes madres solas (quien tiene un hombre que la proteja no queda expuesta al monstruo). Vendía a sus bebés y sus huesos. Se comía los restos humanos. Y, lo más importante, no se arrepiente, aunque es capaz de distinguir entre el bien y el mal.

Pero fue un niño maltratado. Un adulto que empezó a matar después de ser abandonado por su pareja. Es un enfermo mental criado en el municipio con las peores condiciones de vida en el país. Se habla de su madre y de su pareja como elementos clave de su monstruosidad. De tal forma, se presenta una fórmula perfecta que muestra los feminicidios como una serie de eventos desafortunados. Una cadena de horror que no pudo evitarse en esta sociedad descompuesta. El #MonstruoDeEcatepec somos todos en este mundo enfermo y triste.

Cobertura Milenio

Y así, en este juego de monstruos y villanos, la autoridad sale a alimentar la leyenda negra. Ante el Congreso local, evade los cuestionamientos sobre las investigaciones de feminicidios, aduce lo inédito del caso. El buen fiscal tilda de traidor a quien filtró a los medios el video del interrogatorio, sin decir ni pío de los ministerios públicos incapaces de seguir el debido proceso. El Congreso federal pide la comparecencia del gobernador, la alerta de género para el Estado de México, mientras en el Senado siguen rolando el pack.

¿Y las víctimas?

Pero no importa, el monstruo está preso. Lo dicen todos los periódicos. La maldad está contenida. Ecatepec está a salvo. O no, pero está lejos. Allá donde han matado mujeres desde hace años. Allá donde los feminicidios son cifras que crecen sin nombre y sin historias. Allá donde todo es tan violento y hostil que es imposible distinguir la violencia contra las mujeres como algo que merezca atención. Los dijo Eruviel Ávila, digno ecatepense, cuando fue gobernador: el Estado de México tiene cosas más urgentes que atender que los feminicidios.

Lo urgente es que Juan Carlos N está preso. Lo detuvieron mientras se investigaba las desapariciones de Arlet Samanta Olguín Hernández, Evelyn Rojas Matus y Nancy Noemí Huitrón. De Patricia N, presunta cómplice, no se sabe más que está presa por cómplice. Entre los más de 20 feminicidios que ha confesado Juan Carlos N, no se cuentan los de Arlet Samanta, Evelyn Rojas, ni Nancy Noemí. Los restos de ninguna víctima encontrados en la casa de Juan Carlos N ha sido identificada. Y es que para eso hacen falta los reactivos, las pruebas, el tratamiento de los restos, las muestras, las notificaciones a las familias en búsqueda de desaparecidas.

Altar en Colonia Jardines de Morelos, Ecatepec

#ElMonstruoDeEcatepec está preso. En redes es trending topic. Y parece que hablamos de feminicidios. Pero no. Porque cuando Juan Carlos N sea condenado (como seguramente sucederá), la historia se dará por concluida. Pues en esa historia de síntomas, la verdadera enfermedad, la violencia de género, es puro telón de fondo. Y no importa: los feminicidas, aquellos que viven entre nosotras, que viajan entre nosotras, que conviven con nosotras, están ahí, listos para sacar su monstruosidad impunemente. Porque pueden, porque ellos serán la nota mientras nosotras seguimos siendo cifras. Porque en este mundo enfermo y triste, las mujeres parimos, educamos, amamos, abandonamos, seguimos, ayudamos, creamos y provocamos a monstruos, hasta que nos matan.

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Gabriela Astroga Pérez – @Gastorgap

Ilustración @malditoperrito

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