París otoñal un día

En un parpadeo de luz de este domingo al lunes, la ciudad mudó de estación al menos por un hoy de octubre. Súbita y finalmente el faro desde las alturas de la Torre Eiffel iluminó el otoño y del laberinto de columnas en la balaustrada que Luis XIV mandó hacer para el Louvre quedaron sólo las sombras y, un poco más allá, frente a las esculturas que una vez llenaron los jardines de las Tullerías, donde ahora lucen fidedignas copias para que la intemperie dicte las reglas sin causar estropicios, se filtra un incivil retintín de orines olvidable.

Amanece nuboso en París y Santa Genoveva, su patrona, que en el 451 impidió que Atila con los hunos devastadores atacaran, que salvó a la población de la terrible hambruna, que curó la ceguera de tres años de su arrepentida madre, que encendía los cirios con un simple tocarlos y salió por sí misma de la lepra y la parálisis, así como no intervino para que sus cenizas sepulcrales acabaran flotando en la revolución sobre el río Sena, no ha impedido tampoco que el frío nos coja a los inconfesos y a los confesados. Amanece en Lutecia y sus alrededores y el clima ruboriza hojas y mejillas. Cruje pues el otoño en mis pies ampollados pero alegres. Cruje pues París bajo mis pasos.

Santa Genoveva, patrona de París

París otoñal

Otra cosa el domingo que parecía verano y muy otra cosa el sábado. Debe de ser que París es así y que siempre está, sin el menor decoro, instalado en su parisina magnificencia. El que cambia es quien mira y quien lo camina. Cortázar cantó al transporte subterráneo y muy bien que lo hiciera. Hace un par de semanas me llevó mi colombiano parisino guía –su nombre es Álvaro Granados y más que cicerone es un mentor y amigo- al lugar que habitó el argentino parisino –su nombre era Florencio- en el 4 de la Rue Martell. Tomé una instantánea de la placa que en la puerta reza: “Ici vécut Julio Cortázar 1914-1984, écrivain argentin naturalisé francais auteur de Marelle”. Fuimos andando por la superficie adoquinada 50 años después de aquel 68 de la imaginación.

Transitar por las oscuras venas de la antigua Lutecia y salir a la luz es estupendo; pasearlo por arriba embelesado siempre, mejor. En esos días hacía un calor difícil de creer en octubres de otros calendarios. Pero no, Trump, te cabe toda la razón: “¡no hay cambio climático”. Gaviotas del lago de Chapultepec te sacarán los ojos eso sí; adaptados y calvos osos polares del Gran Cañón comerán a picotazos tus muy podridos restos…

Casa de Julio Cortázar, París

Pero estaba en París y mi hígado no me habrá de llevar hacia otra parte. Otra imagen tomé en mi modalidad de fotógrafo hechizo celular mediante. Fue en la calle Tallers de Barcelona con rumbo del Raval. En catalán se lee que Roberto Bolaño habitó ahí y más allá se mira una arrendadora de bicicletas que, como muchas otras, ha abierto sus puertas para los turistas que poco o nada sabrán del autor de Los detectives salvajes. El domingo en París, este domingo, ayer por el estío del Barrio Latino, el transitar sin rumbo nos puso en la Rue Mouffetard frente a la casa de Verlaine donde atrás vivió Hemingway y se lee en otra placa una frase sacada de “París era una fiesta”:

“Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices”.

París desde París

Me recuerdo en el acto de vagar por París hace ya décadas, recuerdo los poemas, algunos, varios, escritos y leídos. Refresca mi memoria, la enturbia, la diluye para volver de un trago, una cerveza negra en El tiburón triste de la plaza de la Contrescarpe: “Le Requin Chagrin”. Recuerdo los cuadernos manchados, dibujados, sofocados de letras…

Yo también he escrito de París desde París; igual que miles yo: el agua del lugar común abrevadero apaga el fuego eterno pero un instante luego, de la mano del César y otro ataque a la irlandesa oscura, la llama ha regresado: “son testigos los días jueves y los huesos húmeros, la soledad, la lluvia, los caminos”…Y con Vallejo, Ernesto una vez más: “Paris valait toujours le déplacement”.

En la lógica impuesta por el globalizado globo que es el mundo con sus afortunadas coyunturas, sus discontinuidades y accidentes, mañana saldrá el sol y tras un lunes de otoño y de museos cerrados, el verano en su adiós se espera en martes. Yo escribiré, por supuesto; yo seguiré escribiendo. Si no ¿qué?
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Alain Derbez – @Alain_Derbez

Plaza Contrescarpe, París

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