#PecesSueltos presenta: Nobuo Uematsu

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Herman Melville, Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

Nobuo Uematsu

por Albert Weber
@AlberthusWeber

Nobuo Uematsu, el compositor que escribió el soundtrack de la niñez y adolescencia de tantas personas, nació en 1959 en la prefectura de Kōchi, Shikoku, en el sur de Japón. Pareciera que su lugar de nacimiento estuviera predeterminado para todo lo que haría posteriormente. La abundante zona boscosa, llena de majestuosos ríos y montañas, pareció alimentar la temprana fantasiosa mente del pequeño Nobuo-san. Uematsu siempre ha confesado en entrevistas que de niño presenciaba eventos extraños e inusuales para el espíritu, eventos sobrenaturales tanto solemnes como tenebrosos, y eso configuró una sensibilidad y apreciación del mundo que lo llevó desde el inicio al terreno creativo.

A principios de los años setenta, Nobuo-san consumía fuertes dosis de rock progresivo como Emerson, Lake & Palmer o King Crimson. Para él representaban un fondo musical perfecto a la majestuosidad de los paisajes naturales que rodeaban su cotidianeidad. En 1972 escuchó un disco que marcó su vida para siempre: Honky Château de Elton John revolucionó su cabeza a tal manera que introdujo temáticas conceptuales que nunca antes había experimentado. De forma obsesiva, carburó la incepción del objetivo único en su mente: Nobuo-san estaba destinado a ser músico profesional.

Artista ávido

A sus 24 años, Nobuo-san se mudó a la capital nipona y buscó por doquier dónde desenvolver su hambriento talento. Pero la situación laboral de posguerra no era nada generosa. El condado de Shikoku donde nació, al ubicarse en una isla apartada, estaba verdaderamente aislado de las redes comerciales y conexiones laborales de grandes centros urbanos como Tokio o Kioto. Solo y con muy pocos ingresos, Nobuo-san trabajaba medio tiempo en una tienda de instrumentos usados y ahí grababa diario demos con equipo precario bajo disciplina de hierro. Estos demos eran mandados posteriormente a cualquier disquera que estuviera dispuesta a recibirlos, pero jamás hubo respuesta alguna.

La ventaja de haberse mudado en este periodo al concurrido distrito de Ueno era que estaba poblado de artistas y músicos ávidos de espacios laborales alternativos. La desenvuelta capacidad social de Nobuo-san le permitió prontamente relacionarse con jóvenes de todo tipo y de distintas regiones del Japón. Fue en este hervidero bohemio de hambre creativa y talento que conoció a Hironobu Sakaguchi, que trabajaba en una pequeña compañía de videojuegos llamada Square, localizada en la misma calle de su barrio.

Las ventas de los videojuegos programados en Square habían sido bajas, y la empresa estaba al borde de la bancarrota. Nobuo-san fue invitado personalmente por Sakaguchi para empezar a componer la música de una última entrega, que cerraría el ciclo de vida de la empresa con un último videojuego de fantasía. Esta obra se llamó Final Fantasy, y tomó a todo el mundo occidental por sorpresa.

Final Fantasy

El videojuego, que mostraba el desenvolvimiento de una historia fantástica pero con un gameplay más bien táctico y sutil, revolucionó por completo las sensibilidades de un nicho muy específico y clavado de jugadores no casuales, e introdujo un nuevo género que fascinó al público occidental: el Role-Playing Game, mejor conocido como RPG. En realidad, no es ningún tema para especialistas, pues hoy en día Final Fantasy es una de las sagas de videojuegos más exitosa y conocidas del planeta. Pero uno de los aspectos más emblemáticos, que se convirtió por sí solo en un fenómeno mundial de culto dentro de la cultura digital, es la magnífica y envolvente música que ha acompañado a cada entrega desde el primer juego.

Uematsu, que soñaba con componer scores para películas hollywoodenses o series de televisión, se vio inmediatamente cautivado por su nueva vocación. Al tener que musicalizar RPGs, repletos de segmentos narrativos y personajes más profundos que otros juegos, se veía en la obligación de componer música de todo tipo: pasajes grandiosos y cinematográficos para la sensación de mundo abierto en las pantallas de mapa; piezas con tonos kawaii para los personajes más tiernos u obscuros para los villanos; o asaltos eléctricos y llenos de velocidad progresiva para los momentos de pelea.

Este primer encargo profesional representó un nuevo reto para el futuro maestro compositor, que en un afán omnívoro quiso atacar todos estos géneros en la ahora añeja y nostálgica pero majestuosa arquitectura computacional de 8 bits.

La magnitud de Uematsu

El diseño de música fue algo que evolucionó paralelamente a las nuevas entregas de la saga, ambas cimentadas en las innovaciones tecnológicas y el aceleradísimo avance de la industria del entretenimiento digital. Nobuo-san musicalizó cada una de las entregas entre Final Fantasy I al XI, y participó en casi todos los demás, ampliando las posibilidades materiales y tomando nuevos retos para cada juego. Para los años 90, tanto Square como el currículo de Uematsu, su equipo de trabajo, y la industria digital misma habían crecido tanto que las composiciones ahora estaban hechas para ser interpretadas por orquestas. He aquí un ejemplo de dicha magnitud:

La ventaja de la música de Uematsu es la versatilidad. Desde los 8 bits hasta la ejecución de cámara orquestral, las mismas piezas han sido adaptadas incluso a exquisitas versiones de rock pesado, resaltando ampliamente las texturas progresivas con las que fueron originalmente ideadas.

The Black Mages

La agrupación responsable se llamó The Black Mages, en honor a una clase de personaje presente en todos los Final, y en su origen ni siquiera fue una idea de Nobuo-san. El impacto de la música de la saga era tal que los mismos compañeros de oficina en la ahora llamada Square-Enix eran fans obsesivos. Trabajadores de la empresa con habilidades musicales empezaron a jammear y arreglar las piezas de sus entregas favoritas para poder tocarlas en fiestas y bares, y muy pronto contactaron a Uematsu para invitarlo al proyecto. La preparación era tanta que Uematsu mismo se unió a liderar la banda y tocar el teclado, órgano y sintetizador en los tres discos que sacaron. Acá una presentación excesiva, con Uematsu soleando en vivo a todo lo que da. Algo que sólo podría suceder en Japón.

Hoy en día los Black Mages ya no existen como tal, pues Nobuo-san reformuló el proyecto con nuevos músicos bajo el nombre de Earthbound Papas. Cabe decir que, en su notable trayectoria, nuestro querido compositor trabajó en la musicalización de otros clásicos digitales como Chrono Trigger, The Last Story y hasta en un Super Smash Bros. Colaboró con monumentales mentes de la talla de Shigeru Miyamoto o Akira Toriyama. Sus tonadas nostálgicas, ya sean reproducidas en 8 bits o en adaptaciones orquestrales, representan un arquetipo sonoro de la diversión y el ocio para los que fuimos niños en las últimas décadas del milenio pasado.
Dōmo arigatō, Nobuo-san!

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