Otras razones para ir a la luna

El otro día pensé esto: si en la tierra cada día vemos a la luna una vez, y esa luna tarda veintiocho días terrestres en girar sobre su propio eje por ejemplo, el tiempo entre luna llena y luna llena, entonces para cada día lunar, la tierra habrá girado esas mismas veintiocho veces. Es decir, un observador hipotético que esté parado en una luna llena verá a la tierra girar veintiocho veces antes de volver al punto en el que inició su conteo; que para él será un día pero que para nosotros, desde la tierra, será un ciclo lunar.

Sin duda le parecerá que la tierra gira muy rápido.

Y luego hay otra cosa a considerar, que es la coincidencia, en la luna, entre el periodo de rotación y el periodo de traslación. Ambos, claro, de veintiocho días. Como explica Alan P. Boss, que supongo que es astrónomo pero de quien sé de cierto que pertenece al Carnegie Institution de Washington (que tampoco sé qué es, pero estaba en un Scientific American), esta coincidencia no es una coincidencia en lo más mínimo; sino que tiene que ver con las complejas fuerzas gravitacionales que ejercen los dos cuerpos celestes, el uno sobre el otro. Porque al final mucho más que planeta/satélite hay una relación de dos cuerpos de masas distintas que se atraen mutuamente; un sistema gravitacional.

En términos muy llanos, esto quiere decir que la luna siempre le da la misma cara a la tierra. Piénselo usted: ¿cuándo ha visto algo que no sea el conejo de la luna? ¿Cuándo le ha visto su otra cara?

Mucho tiempo viendo hacia arriba

I’ll see you on the dark side of the Moon, canta Pink Floyd, que seguro pasaron mucho tiempo viendo hacia arriba.

Volviendo a nuestro ejercicio de imaginación, de ser un observador que desde la luna mira hacia la tierra, lo que esta equivalencia significa es que, desde la luna, la tierra siempre estará en el mismo lugar. Piénselo: si siempre da la misma cara , entonces quiere decir que desde la luna, la tierra no parece moverse. Así, mientras que alguien en la tierra ve a la luna pasar bastante rápido por la bóveda celeste, y con muy poca chance de ver cómo va girando en tiempo real, nuestro observador lunar pasará su día viendo un objeto fijo en el cielo, que solo cambiará de lugar en la bóveda celeste en la medida en que él mismo se desplace, y que además girará veintiocho veces en lo que él sienta que es un solo día, que para nosotros será siempre un ciclo lunar.

Suponiendo, claro, que el observador está de este lado de la luna.

Que si no, ni enterado.

Para mi papá

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Joaquín Diez-Canedo Novelo@joaquindcn

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