Titixe: recuperar el olvido

Me quedé dormido. No por culero, no por mala leche, ni siquiera porque Titixe fuese mala –y a ello volveré en breve–, sino porque me sentía verdaderamente cansado. Los malditos desvelos no ayudan. Y junto a ello el calor infernal, que vaticina no sólo una terrible primavera y verano sino la destrucción total de la humanidad.

Sí, me dormí a la mitad de la proyección. Tal vez el calor humano de una sala llena generó en mí un estado de ensoñación profundo, porque sostengo que el documental no fue malo. De hecho resulta en todo lo contrario: una obra cinematográficamente bien realizada, con elementos poéticos que pocos documentales tienen y se preocupan por tener. Pero mis párpados eran tabiques cayendo de un piso treinta y cinco a una velocidad impresionante.

Luché contra ello. Me cambié de posición, crucé las piernas, moví los brazos, me mordí las manos, presioné con fuerza mis cavidades oculares, puse mi cabeza en diversos lugares del asiento y nada. Nada sirvió. Para cuando desperté ya había pasado casi toda la segunda parte y yo me quería matar. No tenía idea de cómo pasaron del punto A al B y qué sucedería a continuación según ciertas predicciones. Estaba perdido. ¿Qué haría a partir de ahora si me perdí una cantidad considerable de historia?, ¿cómo desarrollaría formalmente una reseña si no sabía que había sucedido?

La reconstrucción de lo olvidado

Me tranquilicé un poco. Gracias a ciertos indicios descubrí que estábamos en el clímax del documental, la parte más álgida de la historia. Rememoré un poco lo que había visto antes de caer medio muerto en el sueño. Vi la introducción: magnífica, Titixe desde el comienzo plantea el problema central sin rodeo alguno: la reconstrucción y recuperación de algo casi perdido, de lo olvidado. Los planos del inicio revelaban ya ese toque poético que impregna toda la obra, con elementos recurrentes que la explican y problematizan al mismo tiempo. Los árboles, plantas y semillas fingen ser objetos estáticos pero son los que le dan el verdadero movimiento al largometraje. Son los actores junto a los entrevistados que brindan su perspectiva hacia el problema.

La descripción para Titixe parece superficial. El documental habla sobre los acontecimientos ulteriores a la muerte del abuelo de la directora, Tania Hernández Velasco, y la empresa que efectúa la familia para recuperar tierras de sembradío. Pero el verdadero nudo de la película está en el fondo. No es la reconstrucción de un terreno, la reconstrucción de algo material que bien puede quedar en el olvido poco después de acabada la empresa, sino la reconstrucción de la esencia de algo querido. Y a través de esto también la recuperación de eso amado. Sentirlo cerca es la sensación que plaga la obra.

Tania y su familia buscan la manera de llevar a cabo las prácticas que su abuelo tenía al momento de trabajar el campo. El terreno se nos presenta como el supuesto mayor reto. Sembrar ahí se vuelve el objetivo principal. No obstante, descubrimos que son las tradiciones y costumbres, el conocimiento que su abuelo ostentaba el verdadero objetivo de los actores. Algo tan abstracto como el conocimiento se convierte en lo primordial a encontrar.

Encontrar conocimiento

La familia de Tania pone todo su esfuerzo en hallar ese objetivo específico. La naturaleza asume un papel muy importante debido, ya que es en ella donde perdura la vida. La simbología de los árboles y semillas nos otorgan esa lectura de saber que en unos quedará vida por mucho más tiempo y que en las otras hay siempre un renacimiento, una reconstrucción, un nuevo inicio.

Y fue ahí que supe que no necesariamente debía regresar y romperme la cabeza para recordar lo que vi. No era el objetivo primordial –ni lo es de cualquier obra de arte– enunciar sus especificidades como si se tratase de una lista cualquiera, sino de recuperar algo en ti, de tu alrededor, de las cosas que amas y que quizá estén perdidas por descuido o indiferencia. Titixe sirve como un recordatorio para buscar dentro de nosotros y de los objetos que nos rodean esa esencia que tanto nos hace felices.

Quise recuperar los recuerdos que tuve en esa segunda parte en que me quedé dormido. Pero tan pronto desperté, retomé el hilo y me hallé en la película. Descubrí que la verdadera tarea no era contar con lujo de detalle en qué minuto sucedió tal cosa. Era saber que siempre puedes recuperar algo de ti, algo que pasa desapercibido en muchas ocasiones pero que es la esencia misma de la vida, la que te mantiene de pie.

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Juan Carlos Báez – @spac3boy_

La historia detrás de Pájaros De Verano

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