Cloud Nothings en el Pasagüero

por Emilio Revolver y Vikingo Morales

Hallazgos ocurren todos los fines de semana en esta ciudad con respecto a la música. Seguramente habrá un evento este próximo fin, en algún bar mohoso perdido en el centro, que algunos pocos podrán gozar. En el de la semana pasada nos tocó a algunos integrantes de NoFM estar: pasó por aquí la banda de Ohío Cloud Nothings. Ellos bien pudieron ocupar un lugar más honroso que otras bandas dentro del cartel del fatídico Corona Capital del fin de semana previo, pero no, por alguna razón u otra aterrizaron en este país como un grito en una zona acribillada de claxons.

Nadie los conocía, nadie sabía que vendrían, nadie tenía dinero, y sin embargo ahí estuvo el Hallazgo: un grupo de jóvenes amantes del rock punk de Sonic Youth, de Dead Kennedys, Wire o incluso Bad Religion se reuneron para llenar a 3/4 partes el Pasagüero. A las 11:20 la banda de Dylan Baldi comenzó el recital. Todos estábamos a la expectativa de pasar una noche de verdadero rock n’ roll, con ello nos referimos a un evento que privilegiara las distorsiones sucias, sudor y slam. Aún así, todos fuimos sorprendidos por la cantidad de ruido: una plasta trepidante que traía reminiscencias del hardcore norteamericano de los 80 y de esas tocadas pastosas y humectadas con mariguana en el que el calor del slam, las subidas al escenario de los más locochones y los brincos de más de 200 participantes fueron el espectáculo que suplió con creces las imágenes en pantallas, los visuales, los bailarines o los trajes espeluznantes.

Llegaron entonces los acordes de las fundamentales “Wasted Days” y “Separation”, tracks de uno de los discos más importantes de la subcultura de los últimos años: Attack on Memory, que deja huella en un año con muy poco rock, el 2012. A algunos de nosotros nos llegaron como respuestas de cómo hubiera sido un tokín de Sonic Youth en la época pre-Goo, un show de Mudhoney en la lodosa Seattle, y específicamente de bandas como Husker Dü o Dinosaur Jr., proyectos ochenteros que unieron al ruido melodías lentas de amor trágico. Pensamos en bandas que hablaban desde el sujeto y los sucesos de la cotidianeidad en los suburbios y que atacaron así las entonces ya desgastadas consignas políticas sex-pistoleras; pensamos en familias disfuncionales, ciudades construidas para darle la espalda al individuo, en historias de amor malogradas.

Dylan Baldi se movía poco por decir nada; su figura ligeramente encorvada se recortaba por el haz de luz de un foco que le pegaba de lleno, tenía un aire de concentración y seriedad que recordaban un poco los gestos impertérritos de J. Mascis o incluso Kurt Cobain; de su voz salía un carraspeo que alcanzaba el desgarro; TJ Duke sacaba de su bajo un martilleo constante de 3 notas con muchas reminiscencias punk, y el baterista Jayson Gerycz llevaba la marcha a tope y en su bombo parecía de pronto acelerarse el ritmo hacia el caos. Ello durante más de una hora, que fue más que suficiente para sus 4 álbumes (Turning On, Cloud Nothings, Attack on Memory y Here and Nowhere Else) y para los presentes, que estábamos ya cansados de tanto brincoteo.

Terminó el evento dejándonos con un muy agradable y placentero sabor de boca, con la sangre del rock n roll viva y punzante en las venas, y esta agrupación pasó por la Ciudad de México como un completo Hallazgo, sin entrevistas, anuncios ostentosos o TT. Terminamos platicando que bandas de este calibre tendrían que ser referente para todos los amantes de los guitarrazos y presentarse en un show frente a más gente. O a lo mejor no. A lo mejor la misión de estos equilibristas de la subcultura es precisamente mantenerse ahí, inamovibles al paso de tiempo, construyendo nuevas generaciones que optarán por las guitarras. Es mejor así.

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