Los momentos más DADOS del Carnaval de Bahidorá 2019

Cumplimos un año más de tener la fortuna de cubrir el Carnaval de Bahidorá 2019, sin embargo esta no fue una experiencia típica ya que en esta edición, pude disfrutar del evento en compañía de grandes amistades de hoy y siempre. Quiero comenzar esta nota, agradeciendo la gentileza que tuvieron conmigo Badsista y Boaventura por regalarme pases para el festival y así gozar de la fiesta al lado de gente muy especial que, sin duda, hizo la diferencia para hacer de la experiencia un momento aún más memorable.

El impresionante cartel que presentó el Carnaval de Bahidorá 2019 en su séptima edición consiguió reunir de manera plural y representativa, agrupaciones musicales, dj’s, selectores y productores de todo el orbe; lo que repercutió directamente en la calidad de las propuestas que se vertieron en Las Estacas, Morelos, el pasado fin de semana. Sabemos que recapitular las actuaciones de cada uno de los proyectos que convergieron sería además de tedioso, agotador, tanto para ustedes como para mí, es por eso que, con la intención de compartirles una crónica diferente a lo que leerán en los distintos medios, ahí les van los momentos más DADOS que vivió un servidor en este festival.

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

Al quema droga, Dios lo ayuda.

Este año la producción tuvo a bien citar a la pandilla de prensa desde las primeras horas del viernes para llegar temprano a Las Estacas y así poder disfrutar del escenario donde acontecería el festival desde antes que el público entrara, lo que nos permitió dar un chapuzón en las cristalinas aguas del Río Yautepec y conocer el circuito de arte que se extendía por los rincones del festival, refrendando las cualidades del paradisíaco lugar. Mi compadre de la Resistencia Modulada de Radio UNAM, el Apache O’Raspi y yo, decidimos aprovechar la atención así que más pronto de lo que canta un gallo, ya estábamos chapoteando en sus diáfanas aguas que reflejan el fondo en la superficie cuando uno se sumerge en ellas, creando una escena completamente alucinante de un mundo subacuático lleno de vida. Independientemente del Carnaval de Bahidorá 2019, recomiendo visitar el parque Las Estacas en cualquier época del año, ya que la impresionante naturaleza que posee, es en sí misma, ya una obra de arte que invita a desconectar de la realidad humana y reafirmar vínculos con la madre tierra, hermanos.

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

Cuando tienes público en tu soundcheck.

Otra de las ventajas de llegar temprano con la pandilla de prensa, fue el asistir a las diversas pruebas de sonido de algunas de las principales bandas que tocarían en el festival, las cuales en ocasiones, llegaban a reunir bastantes personas a su alrededor, cosa que me pareció muy chistosa pues ¿quién diablos aplaude en una prueba de sonido cuando la banda acaba de tocar un tema?, sin duda, sólo en México.

El impresionante escenario que fue El Escondite.

Para quienes asistieron al festival desde el viernes, pudieron acceder a un escenario diseñado especialmente para ese día: El Escondite. Un rinconcito que en otras ediciones fuera utilizado para albergar Dj’s y propuestas tropicales, este año sería usado tan solo por un día (y algunas horitas del sábado), sin embargo, causó gran aceptación pues el diseño del escenario era algo fuera de lo común. Una banda de artistas canadienses construyeron un alto parlante gigante blanco, en el cual Dj’s tocaban al fondo de la bocina, mientras ésta era mapeada digitalmente por Vj’s creando una sensación alucinante y colorida. Muchos agradecimos la sala lounge que el personal construyó en el sitio con la intención de que la asistencia se relajara y pudiera descansar un momento mientras imaginaba y disfrutaba la música. Bien ahí aunque nos hubiera gustado disfrutarlo el resto del carnaval.

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

Pedirle una rola al Dj.

Comenzaba la recepción del viernes en El Umbral y ya se sentía el ímpetu de la juventud por echar toda la carne al asador. La banda estaba muy prendida y querían desmadrar desde el comienzo. Claro que nunca falta a quien se le pasa la mano y toma fuerza para hacer locuras. Sonaba la sesión del colectivo Underground Resistance cuando de la nada apareció una chica atrás del Dj que estaba en el escenario y se acercó sigilosamente a éste para susurrarle algo ininteligible al oído, pasaron unos minutos y el personal de seguridad desalojó a la espontánea sin ningún contratiempo. Ya más tranquilos fuimos a preguntar al Dj qué cosa le había dicho la chica, a lo que nos respondió que ni puta idea. Chavxs, no lo hagan, no le pidan rolas al Dj a menos que lo quieran hacer encabronar.

Perreando por un yuno.

A la mañana siguiente, el Apache y yo fuimos a la palapa de medios para intentar conseguir los boletos para el desayuno, pues en otras ediciones del festival, la prensa tuvo derecho a 3 comidas por día, cosa que lamentablemente parece haber quedado en el recuerdo pues en esta ocasión, esa consideración no fue hecha, así que nos limitamos a poner ojitos de cachorro a medio morir para conseguir un poco de lástima, la cual gracias a Jah, se transformó en un par de platos de chilaquiles, eso sí, con fruta y agua de sabor ilimitada. Tache ahí para los organizadores, quienes tienen que procurar mejores condiciones para los colaboradores que vienen a trabajar en su evento. No hay prensa de segunda ni primera, todos vamos a trabajar y merecemos las mismas condiciones. En fin, estaba todo muy rico.

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

La vibra, el aura y los chakras.

Dieron las 12 del día y comenzaban las actividades en el escenario principal. Subía La Garfield al palco con tremendo sol pegando directamente en la cara. El público aguantador se entregaba a los 37ºC mientras los más prudentes nos encontrábamos bajo la sombra de los frondosos árboles que rodeaban el lugar. Sentados ahí, disfrutando de la música y el sol, una pareja contigua a nosotros hablaba cosas místicas llenas de esoterismo sobre el festival. Que si el ritmo de la música combinado con ciertas frecuencias sonoras pueden ayudar a alinear los chakras, limpiar el aura y mejorar la vibra de las personas. Todo con ese tono chamánico light que se ha puesto de moda entre la juventud que busca ampliar sus horizontes y abrir su conciencia pero que resulta apenas una impresión superficial sobre conceptos profundos en los que es preciso ahondar para mejorar su comprensión… toda esa plática terminó con una fuerte risotada que dio mi amiga Fierita seguida del “no mames” más sincero que ya escuché.

La música espacial de los Meridian Brothers.

Seguido de La Garfield, subió al escenario principal la agrupación colombiana Meridian Brothers, quienes desplegaron a lo largo de su presentación, una amplia gama de sonidos y ritmos que parecieran haber sido creados en otro mundo. Sintetizadores galácticos hacían flotar sus notas espaciales sobre una sólida y frenética base rítmica que se expandía por el público traduciéndose en alocados movimientos de cadera. Sin duda alguna uno de los momentos más DADOS de Bahidorá 2019 por la alta dosis de descargas hipnóticas y siderales. Meridian Brothers, una constante invitación a viajar por las estrellas del universo de la propia mente.

“¿Quieres casarte conmigo?”.

Eran como las 15h y el merequetengue ya estaba bombando. Andábamos a la orilla del río bailando al ritmo de Romperayo cuando presenciamos la (posiblemente) escena más conmovedora (y cursi) del festival: un chico con medio cuerpo sumergido en el agua pedía la mano a su enamorada que (como portada de revista) descansaba seca fuera del agua, al tiempo que tuvo que solicitar la ayuda de un salvavidas… para sostener su teléfono y tomarle la tradicional foto del recuerdo, esa que quedará en la memoria de todos los testigos de un amor más, regado con las frescas aguas del río Yautepec. La neta soy romántico pero si me piden la mano así, los mando alv en calor.

El diamante de oro.

Caía la noche y era momento de visitar uno de los escenarios que más me gustaron del festival: La Madriguera. Un rinconcito del parque que había sido adecuado para convertirse en un cuchitril acogedor con espejos, petates, teepees y todo el pedo goei. Tocaban mis carnales de Punta Diamante, viejos conocidos de los ya legendarios Festivales de Parrandas de La hora DADA; compas de vida y colegas en la música, gente chida, gente de bien. Sacudieron nuestras cabezas y acabaron con la solemnidad que hasta ese momento prevalecía en el foro, haciendo levantar del piso al respetable para menear el bumbum con fuertes descargas de Afrobeat. Sincronía y precisión combinadas en inagotables pasajes con sus respectivos puentes y obligados, mismos que todos los integrantes ejecutaban al tiempo, como si fuesen un solo ente emisor de energía y sonido. Apoyen a su banda local, se siente chido verlos triunfar.

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

Los 90 están de regreso.

Tocaba Mr. Fingers en el escenario principal sus beats house llenos de nostalgia por la década de los noventa. La simbiosis que creó con el público nos transportó a esa época e hizo que repentinamente se manifestara un fenómeno otrora muy popular en festivales y tocadas que consistía en alzar un encendedor al aire con la llama prendida, algo que para las nuevas generaciones parezca extraño y absurdo, para los adultescentes de mi rodada era lo más normal en nuestros tiempos. Por un momento volvimos a esa vieja nueva juventud que vivió otras épocas muy distintas a la de hoy, que ha cambiado el encencho por la pantalla de un celcho. Mr. Fingers pichando plácidas y suaves arenas que dibujaban paradisíacas playas en nuestras utopías mentales… recomendado pa’l explotón de tachas.

Avatar.

Ya medio traqueteados, decidimos refugiarnos en La Isla B (espacio dedicado al bienestar holístico en donde se impartían clases de yoga, sesiones de meditación, terapia del sonido, masajes sin calambre y rituales sacrílegos) para descansar un poco y recuperar fuerzas. Estando tirados en una de sus bancas mientras escuchábamos el set de Moondance Experience, nos dimos una micha de Grateful Dead para asegurar motivación y enfrentar los retos que la joven noche prometía. En eso una de las chicas que hacía malabares sacó de quién-sabe-dónde una especie de manto fluorescente que despedía pequeñas luces que cambiaban de color y que al ser movidos por el aire creaban un efecto parecido al de una nube de luz. Igual ya nos estaba pegando esa madre, pero la neta se veía bien loco el pedo y no pudimos más que quedarnos hipnotizados cerca de 30 minutos, mirando los mundos que dibujaba, absortos en un pedazo de tela con foquitos que brillaban y que nosotros veíamos como un viaje por las galaxias más profundas de nuestra psique. Descansamos chingón.

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

La enseñanza del arrocero.

Volvíamos a La Madriguera para asistir la presentación de Chúpame el Dedo (otro de los varios proyectos que tienen Pedro Ojeda y Eblis Álvarez (Los Pirañas, Meridian Brothers, Romperayo)) cuando un carnal sin camisa y con sombrero de arrocero (esos “chinos” que parecen un cono de base amplia) pasó trastabillando junto a nosotros al punto de tropezar e irse de bruces a la densa maleza que antecede las aguas del río. Con la agilidad que nos dieron las 150 micras de esos cuadros que nos chingamos, pudimos agarrar al arrocero y ayudarlo a incorporarse. El mano estaba bien pedo diciéndonos que no le dolió el ridículo sino la caída pero que le valía verga y que esto y que l’otro. Nosotros intentamos alivianarlo y ahí lo fuimos acompañando hasta que ya mas o menos se sintió chido. El Apache O’Raspi andaba todo paternal, sugiriéndole que se fuera a poner un suéter porque “¿apoco no hace frío?” a lo que el vato respondió verguero: “NEL” nos cayó pesado y lo abrimos antes de llegar a nuestro destino, sin embargo nos dejó la enseñanza del arrocero, aquella que reza que nunca, nunca, nunca salgas a drogarte sin llevarte un pinche suéter.

Dejen morir a Juanga / Aquí también es África.

A pocos metros de entrar a La Madriguera encontré a La Reina del Sur (amiga de las antiguas del Pulpo de Ciencias) cuyas primeras palabras que cruzó conmigo fueron: “hay un imitador de Juanga” las cuales, en un primer momento ignoré por la emoción de volver a verla después de tantos años, pero que luego resonarían en mi cabeza en el triste momento cuando percibimos la broma de mal gusto que acontecía frente a nuestros ojos: estábamos en una peda NoFMera con un vato que se parecía a Juanga pero cantaba de la verga mientras el público le celebraba y secundaba… chale qué mal viaje, la neta. Nos agüitamos bien cabrón así que levantamos lo que quedaba de nuestra moral del piso y nos fuimos a sentar pacientemente dentro de uno de los teepees del sitio. Fumamos un porro, dos… no acababa, decía que era la última canción, la gente le pedía otra, “Hasta que te conocí” (“no mames”). Nosotros valiendo verga en ese teepee pensando seriamente en abortar misión y salir de ahí para no volver, cuando de repente un chico negro se sentó junto a mí acompañado de un par de amigas y un señor de edad. Parecía que huían de lo mismo que nosotros y encontraron nuestro refugio efectivo y acogedor. Les ofrecí un toque inmediatamente y el chico lo prendió, se presentó como Franklin y dijo el nombre de sus acompañantes. Comenzamos a platicar y conocernos, Franklin había tocado en el festival con su banda Mitú (dueto que mezcla vientos, coros y percusiones ancestrales de Colombia, con la tecnología de sintetizadores análogos que recrean los paisajes sonoros de la jungla palenquera) y nos hablaba de la tradición de la música afrocolombiana cuando un guardia nos advirtió que dentro de los teepees no podíamos fumar (cosa sumamente lógica) a lo que el señor de edad avanzada rebatió diciéndonos: “No tengan miedo, pueden fumar, yo vengo de Senegal, soy amigo del presidente, África está en todas partes, aquí también es África, pueden fumar”. Fue ahí que reconocí al viejo Babou Diabaté entre nosotros (otra de las figuras que engalanó el escenario de La Madriguera) y quien tomara de trampolín la situación para transmitirnos sus conocimientos sobre la vida: “la paz es un camino que se construye todos los días”, “el músico debe ser un agente de cambio en la sociedad”, “es necesario conectar las generaciones nuevas con las viejas”, “no existen las fronteras en este mundo”, “tú y yo somos lo mismo”… cosas muy cabronas que cuando uno anda en el ajo resuenan de más en el coco y hacen sentido. Era como si un alma vieja que ha vagado por cientos de años en este plano, se hubiera materializado frente a nosotros para hablarnos con la fuerza del corazón y viajar en el tiempo a través de su vítrea mirada. Se pasó de verga la vida.

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

Locura tropical desorientada, dislocación estilística y percusiones muy muy rápidas.

Finalmente el dueto colombiano Chúpame el Dedo subía al escenario de La Madriguera para descagalarnos el poco cerebro que nos quedaba con fuertes dosis de profundo grindcore, clichés speed metaleros, alucinantes teclados y una sección tropical conformada por jiribillas salseras, cumbiamberas y hasta reggaetoneras. Estos vatos son unos psicópatas, hablan cosas sin sentido durante su show, dicen que son “satánicos pero no tan satánicos como satanás porque su satanismo es más light, es satanismo infantil”. Sin duda alguna, el show más DADO del Carnaval de Bahidorá 2019, friteó tanto que hasta recordé aquel viejo programa de la estación: Freakshow, con el maestro José Carlos Ibañez y su legión de enanos gay. Una mezcla en verdad sui generis, que muestra que cuando los extremos se tocan, pueden resultar cosas interesantes.

“Lo mejor del Bahidorá”.

Dieron las tres de la tarde y nos dirigimos a La Estación para ver la presentación de Badsista. Al llegar al escenario poco a poco fue dibujándose una inquietante figura que no paraba de moverse tras sus decks, a veces desaparecía, luego volvía retozando. Badsista estaba mezclando en vivo, parecía que charlaba con sus artefactos, era una junto con la máquina. Volví a la urbe paulista en la que viví hace unos años, sentía su frenético ritmo, la altura de sus edificios, pude ver los grafitis de sus muros y arrastrarme por sus drenajes. El set que nos compartió era una locura que iba mutando llevándonos por varias sensaciones e imágenes. Estábamos siendo testigos de toda la rabia y pasión que le imprime a su acto. Puedes ver en su cara cómo mudan sus expresiones, cómo la máquina reacciona ante sus órdenes, cómo va construyendo el terreno para su próxima travesura, se ríe y goza con malicia, nos taladra la cabeza con su incesante broca digital a más de 129 beats por minuto, todo el mundo estábamos inmersos en la masacre, compartímos complicidad al grado de alcanzar el orgasmo auditivo al mismo tiempo, en el justo momento en el que acabó el trepidante noise para dar paso a un profundo bajo que marcó el nuevo tiempo del híbrido que estábamos viendo nacer, ahí nos venimos todxs, se nos cayeron los calzones y nuestros cerebros terminaron de derretirse… acababa su set con un bello tema que cerraba elegantemente el desvergue que habíamos presenciado, en la hora más forever de la noche, cuando sólo sobreviven zombies, fritos y vampires, uno de los drogos que andaba por ahí, nombró de la manera más auténtica y genuina, el show de la Badsista, como “lo mejor del Bahidorá 2019”… y la neta sí, tuvo razón, no fui yo quien lo dije. Vox populi. Volvimos al campamento atestiguando como la banda iba desfalleciendo uno a uno, vimos varios fritos tirados en el pasto, como 5 penachos abandonados, gente que deambulaba de aquí allá buscando la salida, personas a las 6 de la mañana en traje de baño todo mojado haciendo un chingo de frío mientras por otro lado fritos tirados al rededor de una fogata apagada ahumándose, en fin, las escenas más decadentes de la madrugada nos decían que esto había tenido consecuencias desastrozas para algunos. ¡FRITALITY!

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

La reina de la hora dorada.

Amanecía domingo. Sobrevivimos la noche y sus criaturas. Fuimos al asoleadero a recargar energías en sus frescas aguas mientras escuchamos el set de Boaventura, el cual nos guió por el Sahara hasta Sudáfrica, en una verdadera delicia para disfrutar con los primeros cálidos rayos del día. Un recorrido por la música africana y sus perlas.

Bahidorá 2019
Bahidorá 2019

Fue así que viví esta edición del Carnaval de Bahidorá, que a mi gusto, ha contado con el mejor cartel de sus 7 años. Sin embargo no todo fue risa y diversión pues la mañana del domingo, mientras desayunaba, escuché en el radio de uno de los técnicos del staff, que habían encontrado a un vato flotando inconsciente en el agua. La historia ahora todos la conocemos y no sabemos qué es lo que haya sucedido ni tampoco queremos generar morbo, sin embargo se tiene que reflexionar mucho sobre el tema de la seguridad en ese tipo de festivales donde la gente se droga un chingo. ¿Acaso necesitamos de un “cuerpo de seguridad” que esté atrás de nosotros en los festivales de música para que no nos droguemos? En ese caso, creo que la “seguridad” del festival no es el problema y quizás lo seamos nosotros. Conozcamos nuestros límites y no le andemos jugando al verga. Me quedo con esa reflexión, deseando paz y sosiego para los familiares, así como un replanteamiento necesario dentro de la organización del festival, el cual esperemos, siga aconteciendo como todos los años sin que se repita esta funesta experiencia. Larga vida a Bahidorá.

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por Alejandro Guerrero
@elAleGuarrero

Fotografías de Daniela Amozurrutia
@cihua.coatl

Bahidorá 2019
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La sombra de Bahidorá 2019. Una reflexión

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