De piropos a piropos. Lo que un comercial provoca.

Por Gabriela Astorga

Llegó la primavera, muchachas y muchachos, y con ella el calor insoportable y las ropas más livianas. En esta ciudad (y en realidad en cualquiera) las mujeres empezamos a asumir con cristiana resignación la incomodidad que generan las miradillas y los piropos. Pero ante las más frecuentes declaraciones de mujeres que aseguran que los gritos en la calle no les molestan en lo más mínimo, cabría preguntarse ¿en qué consiste la ofensa en los piropos?

La primera razón que me viene a la mente es que no son solicitados. La manera en que se viste una persona no es invitación para nada ¿o sí? Dejando de lado argumentos absurdos como “cómo no quiere que la violen si se pone una falda tan corta”, sí cabría preguntarse para qué o para quién nos vestimos. La idea surge de que, desde hace ya algo de tiempo, he escuchado varias conversaciones entre mujeres de distintas edades que no sólo no se ofenden con los piropos, sino que los esperan (al salir vestidas de determinada manera) y los agradecen. En varios casos, sin embargo, ese leve incremento en la autoestima de las mujeres depende de quién diga ese piropo, es decir, no es lo mismo que te chulié un amigo, que un albañil, que un cincuentón, que un niño de cuatro años, que el hombre de tus sueños, aunque las miradas que acompañan las palabras sean muy similares. La otra diferencia radica en qué tan arreglada esté la chica en realidad, es decir, qué tanto merezca en realidad el piropo. Frases como “y andaba de pants y cara lavada” o “me acababa de levantar” acompañan la indignación de verse expuestas en un momento de vulnerabilidad.

Otra idea que surge a partir de lo anterior es “hay de piropos a piropos”. No es lo mismo el simple “Sabrossssaaaaaa” que el “Qué guapa” que el “Bendita la llanta del camión que trajo el cemento para construir el piso donde estás parada. Moumentoooo”. Entonces, tal vez lo que nos ofende es el poco ingenio mostrado para valorar la belleza femenina. Siguiendo esta idea, les presentamos un video de un comercial en que se altera el lugar común de los gritos que provoca el paso de una mujer por una obra

Es una lástima que un buen intento de darle la vuelta a los lugares comunes, termine con un comercial que reduce a un estereotipo a los albañiles, quienes sólo responden a su naturaleza si son machines. Lo que vale la pena observar es la respuesta de las mujeres a esos piropos distintos, amables, pero que son ya también frases hechas para “empoderar” a la mujer. Con eso la pregunta sigue en el aire: ¿qué nos ofende del piropo? ¿El lenguaje? o ¿Sentirnos evaluadas y juzgadas? O quizá, y sólo quizá en algunos casos, seguir reafirmando nuestra belleza y feminidad en la percepción de alguien más.

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