#24A: Con quienes no voy a marchar el domingo

Por Gabriela Astorga
@Gastorgap

Estoy en un supermercado en Ecatepec, en el sonido ambiente se escucha una chica que canta, solamente alcanzo a entender “ven y piérdeme el respeto”. Estoy en el metro apretada junto con un montón de mujeres que se pelean un lugar con un señor discapacitado porque “él es hombre y ¿qué hace del lado de los vagones rosas?”; antes de entrar en el andén, le pinté pito al policía que se encarga de separar a los hombres porque me mandó un beso mientras veía lascivamente mi escote. Estoy caminando por la calle, pidiéndole a tres hombres que dejen de simular darle una nalgada a una chica con un pantalón entallado. Estoy en el metrobús mientras veo que en la calle una pareja pelea, empiezan los jalones, él no la deja ir, la gente pasa, nadie se mete.

Estoy abriendo la puerta de mi casa mientras pasa un adolescente en bicicleta y me da una nalgada.

Estoy en una comida familiar donde le dicen a mi sobrina que no se despeine porque las princesas siempre se ven bonitas. Estoy escuchando cómo mi prima de 13 años pelea por irse sola a su casa, al fin y al cabo en la escuela le dicen que las niñas no desaparecen sino que se van con el novio. Estoy viendo cómo mi abuela de más de 80 años se levanta a servirle de cenar a su hijo de cuarenta, mientras mis tías se debaten entre ayudarle a ella y servirle a él o mandarlo al cuerno y dejar que ella le siga sirviendo. Estoy viendo a un padre desconcertado porque su hijo juega a Pepa. Estoy sentada viendo la telenovela, punto.

Estoy a los 12 años, sentándome hasta atrás en la clase de modelado porque el profesor suele usar de modelos a las alumnas que se sientan adelante. Después a los 14 con uno de física que sólo pasa al pizarrón a las niñas  y las anima tocándoles la cintura. Después a los 20 peleando con un profesor universitario que me puso NP por rechazar ir a comer con él. Después en la maestría oyendo la grabación de un profesor diciendo que matará a su novia. Estoy a los 32 pensando por qué nunca dije nada.

Estoy en el trabajo en medio de notas del día de la mujer, de los abusos en Veracruz, de Andrea Noel, del Rey Grupero, de Gerardo Ortiz, de Twitter y sus hashtags, de lo que sucede mientras la gente se ocupa en ellos, de la equidad de género de asientos de metro, garrafones de agua, pensiones alimenticias, de quién paga la cuenta, del servicio militar, de respeta porque también tienes madre, hija, hermana, prima, novia, esposa, vieja, detalle, culito… Y de pronto resulta que ya no estoy.

Y entonces grito para defenderme, escribo para verme de nuevo, para hacerme visible, para tomar las calles y ver a otras. Marcho para ver a quienes no marchan porque se las llevaron, porque no pueden salir, porque les vale madre, porque ellas sí entienden la broma, porque tienen miedo, porque a ellas no llegó la marcha. Salgo para poder marchar en un futuro con quienes sólo pueden decir “estoy”.

#VivasNosQueremos

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