8 cosas que no sabe de José Alfredo Jiménez

El día de hoy, el gran José Alfredo Jiménez estaría de cumpleaños. Aunque a estas alturas hay pocas cosas que se han mantenido ocultas sobre el compositor. No es que creamos que lo sabemos todo, pero lo cierto es que él mismo se encargó de hacernos partícipes de su vida a través de sus canciones, además de que las personas allegadas a él se han encargado de nutrir el anecdotario en torno a su figura. Y como en NoFM sentimos y queremos a José Alfredo como si fuera de nuestra familia, no podíamos quedarnos atrás. Así que acá les dejamos ocho datos poco conocidos, que tal vez no saben, y que si lo saben, siempre vale la pena recordar.

1. Las pintas

El padre de José Alfredo murió cuando él tenía 10 años. La empobrecida familia se trasladó a la ciudad de México, en la que el chamaco continuó sus estudios. La escuela nunca fue su fuerte, y solía irse de pinta del Colegio Franco Inglés con nada más y nada menos que Jorge Gabilondo Patiño, hijo del grillito cantor. No se sabe en realidad si el rey de los mariachis tuvo alguna relación cercana con Crí Crí, pero es bonito imaginar a lo pilares de la mexicanidad reunidos.

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2. El fut

Antes de dedicarse a la música, el joven José Alfredo probó suerte en el futbol. Formó parte de dos equipos capitalinos de la Primera División: el Marte y el Oviedo. En este último disputó la posición de portero, pero perdió la titularidad con Antonio “La Tota” Carbajal, guardameta de la selección de 1948 a 1966.

3. De chiflidito

La formación musical de José Alfredo era escasa. Para grabar sus primeras canciones, llegaba con Rubén Fuentes a silbarle las tonadas para que el productor hiciera la producción musical. Esta fue una costumbre que el compositor tuvo hasta muy avanzada su carrera, usaba el mismo método del chiflidito con el Mariachi Vargas y prácticamente con todos los músicos con los que trabajó.

 

4. Las fuentes de inspiración

Las letras, por otro lado, siempre fueron su fuerte. Empezó a componer a los 14 años, casi siempre sobre lo que lo rodeaba. Aunque es muy sencillo identificarse con las canciones de José Alfredo, éstas no siempre surgieron de la fuente de inspiración más obvia. Por ejemplo, “El corrido del caballo blanco” es en realidad sobre un automóvil Ford blanco que cada tanto lo dejaba tirado en la carretera. Además, aunque desde sus primeros versos infantiles se dedicó a componer canciones a los animales y el campo, en realidad siempre vivió en la ciudad. Otro caso es el de los versos de “no pases por Salamanca, que ahí me hiere el recuerdo”, que no está dedicado a ninguna mujer, sino al hermano que murió en la ciudad.

5. “Yo debí enamorarme de tu madre”

Evidentemente las mujeres son una gran fuente de inspiración para las canciones de José Alfredo. La lista de canciones y dedicatorias es amplia y conocida. Pero ningún caso es tan perturbador como las canciones dedicadas a su última esposa, Alicia Juárez, de tan sólo 16 años. A esa joven cantante le hizo “Te solté la rienda” y una extraña “Yo debí enamorarme de tu madre”. La letra es desconcertante y con momentos geniales, porque José Alfredo hasta siendo asqueroso era genial.

6. El de Pepito

La creatividad de José Alfredo no se limitó a la música. Su familia lo recuerda como un gran contador de chistes y cuentos colorados. Se dice que algunos de los chascarrillos que el compositor contaba durante las fiestas en su casa, eran a menudo adoptados por los comediantes de la época que los llevaban a las carpas.

7. Abriéndole a Alice Cooper

Por ahí de finales de los años 60, en el Hollywood Bowl, José Alfredo Jiménez alternó con Alice Cooper. El mexicano le abrió al rockero en uno de los line ups más bizarros que seguramente veremos. Según cuenta el hijo de Jiménez, José Alfredo quiso quedarse a ver qué hacía el tal Alex Cooper, que salía al escenario con animales. Según su hijo, el cantante no era ajeno al rock y conocía a los grupos del momento.

8. El zarape de la discordia

Se sabe que José Alfredo Jiménez tenía una de las colecciones de zarapes más grande. Y al final ha sido motivo de pleito entre las viudas. Todavía el año pasado, su última mujer declaró que intentaría pelear parte de la herencia. Después de tanta mujer, el único zarape que conserva es el de la tumba, hecho con mosaicos de su pueblos con las letras de sus canciones grabadas.

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Fuera de dimes y diretes, José Alfredo es lo más grande que le ha pasado a la música popular mexicana: canciones para toda ocasión, para todo corazón alegre, roto y/o ebrio. Recuérdelo ahora en su cumple llevándole serenata son su canción favorita, nosotros nos quedamos con eso de “cuántas luces dejaste encendidas, yo o sé cómo voy apagarlas.”

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