8 datos perturbadores que no conocías sobre #CarlosSlim

“Muchas personas quieren dejar un mundo mejor para sus hijos, yo intento dejar mejores hijos para mi mundo”. Con esta frase agradeció Carlos Slim un galardón que le entregó en Fondo mundial para la educación y el desarrollo. Pocas frases podrían describirlo mejor, el tipo es de verdad (sorry, Leonardo) el rey del mundo, o al menos uno de ellos. Y el día de hoy está de cumpleaños. Así es, don Carlos, aka “El Diablo”, llega a los 76 bastante vigoroso, muchos dirían que para desgracia del 99% de los mexicanos. En fin, para celebrar esta agridulce fecha para nuestro país, les dejamos 8 datos oscuros que han forjado a este hombre que logró que todos, queramos o no, vivamos en territorio Telcel.

1. Árbol que nace torcido…

Carlos Slim es hijo de inmigrantes libaneses y de ahí le viene la cepa bisnera. Su padre le dio las primeras lecciones empresariales, pues le entregaba una libreta de ahorros y su domingo, cada semana revisaban sus movimientos: ingresos, egresos e inversiones para así discutir si estaba gastando de manera correcta y cómo podía incrementar su patrimonio. Esta práctica desembocó en que un tierno Carlitos de apenas 12 años invirtiera en bonos y acciones de Bancomer en la bolsa. Lo sabemos, suena a alguien a quien nos gustaría bulear en la primaria… ahora lo queremos patear por otras razones.

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2. Ahorra, ahorrador, que ya vendrá el derrochador

En una especie de manifiesto que repartió entre sus empleados, Slim escribió: “Sé austero en tiempos prósperos, en tiempos de vacas gordas, eso acelerará el desarrollo corporativo y evitará los cambios drásticos en tiempos de crisis.” Y al parecer es una máxima de su vida profesional y personal: vive en la misma casa desde hace 30 años, mismo tiempo en que no ha cambiado ni los muebles, siempre viaja en un auto de penúltimo modelo, y procura que las oficinas de todas sus empresas tengan un aire austero; de hecho casi todas están albergadas en antiguas fábricas. Por otro lado, esos extraños principios de austeridad lo han llevado a amasar su fortuna en las épocas de mayores crisis económicas del país.

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3. La familia incómoda

Uno de los valores que más presume el empresario es la familia, pero, ¡ah, qué familia! En un libro de reciente aparición, el periodista Diego Enrique Osorno descubrió asuntos bastante turbios de la familia Slim. Según la investigación, el padre del millonario no llegó a nuestro país huyendo de ser reclutado por el imperio otomano, sino porque formaba parte del Partido de las Falanges Libanesas, que está acusado de varias masacres en Medio Oriente. Por otro lado, uno de los hermanos Slim al parecer formó parte de la Dirección Federal de Seguridad, oscura institución responsable de secuestros y tortura en México y Centroamérica. En entrevista, el empresario negó todo, por supuesto. Nosotros sólo decimos: qué bonita familia.

4. Que vengan los partidos, que pa’ todos hay
Puede que Carlos Slim no esté directamente involucrado con masacres, injusticias y desgracias que suceden en nuestro país, pero de manera indirecta sí que es responsable. Sólo basta ver las grandes cantidades que el empresaio ha invertido y regalado a los partidos políticos. Si bien la relación íntima con el PRI le permitió negociar que prácticamente le regalaran Telmex (y que ésta se estableciera como el monopolio por excelencia), en años cercanos Slim ha hecho gala de su poca filiación política y ha financiado a todo tipo de partidos. Sin importar ideologías ni colores, don Slim, como todo lo que toca, lo convierte en verde.

5. Hijos de tigre…

Así como su padre le dio sus primeras lecciones de economía, así Slim ha entrenado a sus hijos. Se sabe que desde que los seis vástagos eran pequeños, su padre les mostraba inversiones, estados de cuenta y comparativos entre varios países para que se dieran cuenta cómo funciona la economía mexicana. Pero ahí no paró el entrenamiento, después de enviarlos a escuelas públicas, les dio cargos poco relevantes en sus propias empresas para que aprendieran “el oficio”. El hijo mayor por ejemplo era enviado a La Merced a surtir de ingredientes a los Sanborns. Sin embargo, lo que para ellos es una bella enseñanza de padre a hijos sobre el valor del trabajo, para nosotros resulta la transmisión de un modelo monopólico que promueve la desigualdad económica en nuestro país. Osea, chido por ellos, pero mientras los Slim juegan a Mufasa y Simba, al resto nos toca jugar a Nosotros los pobres.

6. Hombre de una sola mujer… o no

Hablando de familia, no podemos dejar pasar el chisme de los romances. Es muy conocida la devoción que Slim le ha profesado siempre a su esposa Soumaya Domit. Sin embargo, hace un par de años, Carlitos cambió el traje de viudo triste al de viudo alegre al relacionarse con otra viuda alegre: nada más y nada menos que la gran Sofía Loren. La italiana fue celebrada por todo lo alto al cumplir sus bien vividos 80 años. Ni ella ni él han confirmado nunca qué tan cercanos son, pero como dice Juanga: “lo que se ve no se juzga.”

7. Hombre de piedra en la Edad de piedra

Pese a que gran parte de su fortuna la ha hecho en el mercado de las telecomunicaciones, es sabido que Carlos Slim no usa computadoras. No sabemos si es por estar chapado a la antigua, por mantener una mente ágil sin ayuda de las máquinas, porque los ingenieros civiles sólo creen en el concreto, o tal vez, sólo tal vez, porque al conocer tan bién el mercado sabe lo riesgosas y útiles que son esas maquinitas para cosas como, digamos, el espionaje. Es sólo una idea.

8. Para donde quiera que nos movamos, tabla

En nuestra dulce patria resulta imposible, IMPOSIBLE, no contribuir a la riqueza de este hombre, por más que lo intentemos y por más asco que nos cause. Hasta 2015, Carlos Slim era dueño de 180 empresas, accionario de casi 40 y administraba de manera exclusiva para nuestro país otras tantas marcas. Y, al igual que con los partidos políticos, el hombre no desprecia nada. Sus empresas son diversas y van desde la construcción y las telecomunicaciones, hasta la autopartes, ropa, centros comerciales, joyería, dulces, panaderías, hoteles, mineras, escuelas (saludos, becarios Pronabes), call centers, productoras (saludos revolucionarios, Epigmenio Ibarra), gaseras, petroleras y hasta paraderos de autobuses (sí, administra los paraderos de Metro El Rosario y el de Ciudad Azteca). A eso súmenle estacionamientos, anuncios espectaculares, hospitales, bancos, equipos deportivos, ¡baños públicos! y un largo etcétera que no podemos escribir sin llorar sangre. Así que la próxima vez que vean a cuánto asciende la fortuna de Carlos Slim, siéntanse orgullosos por haber puesto su granito de arena.

Pues ya ven muchachos y muchachas, así la vida y así las cosas con ese extraño personaje llamado Carlos Slim. Un hombre particular que produce sentimientos confusos de admiración, respeto, odio profundo y un poco de asco. Lo cierto es que su poder es tan incalcanzable que ya no sabemos qué pensar, quizá todo se resume en esta frase de una sabia mujer: “Yo lo único que sé que no es de Slim es mi hijo… y quisiera que lo fuera.”

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