8 lecciones dolorosas que nos dejó el ataque en Orlando

Es lamentable, en eso concordamos todos. El saldo de 50 muertos y 53 heridos en el ataque al bar Pulse en Orlando la madrugada del domingo es apabullante por lo doloroso, por lo injustificable y absurdo de los argumentos. Las muestras de solidaridad en el mundo no se hicieron esperar, el arcoíris apareció en todo su esplendor en edificios emblemáticos, hubo tributos en la televisión y las calles, y eso es de festejarse. Sin embargo, no podemos ignorar otras reacciones que son tan alarmantes como el ataque mismo. Estas reacciones son sumamente peligrosas por lo normalizadas que están, porque casi son socialmente aceptables, y porque mientras no las visibilicemos estaremos en constante riesgo de que tragedias como la de Orlando se repitan una y otra vez.

Acá les dejamos 8 lecciones dolorosas que aprendimos después del tiroteo en Orlando, y que, lamentablemente, nos empeñamos en aprender sólo después de que sucede una desgracia.

* ¿Quién tiene la culpa y quién es el villano?

En cuanto se identificó al atacante, empezaron las acusaciones. Omar Mateen era musulmán, era (o al menos parecía) extranjero y era bipolar. Ninguna de las tres características vuelve a alguien malvado o condenable. De la misma manera que la preferencia sexual de las víctimas no es justificación para el ataque. El hecho de que en las noticias equiparen la religión, la enfermedad, el origen étnico o la preferencia sexual con males que causan un atentado, oculta el verdadero acto de violencia en cuestión que es la Homofobia. Como dice Catalina Ruiz Navarro, no ver eso “es una manera de desidentificarse del problema, llevándose entre las piernas a unas categorías que devienen estigmatizadas tener una violencia intrínseca.” 

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* Homofobia maquillada

Sin lugar a dudas, el ataque de Orlando fue un crimen de odio, uno cuya única justificación es atacar a otro por ser como es. Es importante reconocerlo e identificarlo; sin embargo, la cobertura de los medios de comunicación ha explotado la preferencia sexual de las víctimas de una manera sensacionalista: se enfatiza que son gays, se enfatiza que estaban en una celebración del día del orgullo gay. En esa insistencia hay una cosificación de las víctimas: no eran personas cualquiera con derecho a la vida, eran homosexuales. Una vez más lo repetimos, el peso de la tragedia está en la muerte y en la violencia sistémica de la causa de la muerte. La nota no es la preferencia sexual de las víctimas, es el cúmulo de discriminaciones y violencias materializadas en el arma de Mateen.

 

* El homenaje al futuro promisorio

Bien sabemos que lo más triste es pensar en un futuro que ya no será. Es más que necesario celebrar las vidas de las víctimas, es importante conocer y reconocer quiénes eran, qué perdimos, sobre todo para sus seres queridos. No obstante de nuevo hay que evitar caer en la cosificación. En diversos tributos a las personas asesinadas se hablan de lo buenas personas que eran, de los futuros promisorios, de la calidad moral de muchos de ellos. Todo muy digno de reconocimiento, pero, una vez más, no es el motivo de peso por el que el ataque no debió suceder. Las muertes de esas 50 personas eran innecesarias, sin importar si ayudaban a su comunidad o eran universitarios, eso no hace a una vida más valiosa y la pérdida menos sensible. El derecho a la vida es lo que debe defenderse, sin importar qué es lo que se haga con esa vida.

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* Detente, respira y aléjate de las redes

Todos sabemos la extraña relación que tenemos actualmente con las redes sociales. Lo útiles que son… y también lo peligrosas. Más de uno cayó en la tentación de hacer comentarios inapropiados, crueles, absurdos y pendejos sobre el ataque al Pulse. Más allá de manifestaciones de odio contra la comunidad homosexual, a las que sin duda debemos atender en todos los frentes, se generaron discusiones que nada tenían que ver con la denuncia y las muestras de solidaridad. Ejemplo: Laura Zapata, quien se dedicó a pelear hasta la madrugada con los usuarios del #LauraZapataLíderdeISIS. Si bien el humor siempre ayuda a aliviar la tensión, este tipo de pleitos sólo evidencian, por un lado, que la homofobia está en todos lados (saludos a Jesús Manzo), y por otro, la absoluta incapacidad que tenemos para discutir sobre las acciones propias que pueden ser signos de discriminación y violencia.

* Farol de la calle…

Las muestras de solidaridad son vitales, pero estar atentos a lo que sucede en nuestro entorno también. Desde el día de ayer se hizo mucho énfasis en la poca atención mediática que había merecido el ataque a un bar gay en Xalapa hace un par de semanas. Y no, como ya dijimos, no es que unas vidas valgan más que otras. Tampoco es que nos tengan que doler más los muertos porque son mexicanos, se trata de distinguir en que espectros podemos tener mayor acción real. Sí, podemos tuitear #PrayForOrlando, pero también podemos presionar a nuestros legisladores para que aprueben el matrimonio igualitario, podemos ser más conscientes de nuestras prácticas discriminatorias diarias. La solidaridad está en el mundo tridimensional, y podemos hacer más atendiendo nuestro espacio más cercano.

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* Vigilancia inservible

Una de las cosas más relevantes que destapó el ataque en Orlando es la profunda inutilidad de la vigilancia estadounidense. El FBI ya había investigado en dos ocasiones a Omar Mateen por sospechas de terrorismo. En ambas ocasiones, nada había sido conclusivo. Lo interrogaron, lo vigilaron por sus viajes a Arabia Saudita, porque sus padres son inmigrantes afganos, y las ramas les taparon los árboles…

* El elefante en la habitación

Lo que evidentemente no vieron los agentes de FBI, lo que se niegan a ver los políticos norteamericanos es que el ataque se realizó porque Omar Mateen pudo conseguir y usar un arma de la manera más fácil y legal: tenía permiso para portar ambas armas y las dos fueron compradas legalmente, aun con sus antecedentes de violencia doméstica. El problema de las armas es la gran piedra en el zapato que el gobierno estadounidense no quiere sacudirse. Tanto así que ni el presidente ni los candidatos han hecho alguna referencia al respecto. La respuesta será, no lo dudemos, un enérgico ataque contra las fuerzas de ISIS, aunque el atacante no tenga vínculos claros, antes que una revisión de la política de armas en Estados Unidos.

* Donald Trump, nunca

Ya sabemos que saben, pero nunca sobra recordarlo. Algo que una vez más nos queda claro es que Donald Trump es un pendejazo. Más allá de que los políticos no quieran atender la cuestión de las armas, el empresario ha aprovechado la masacre de Orlando para incrementar su campaña discriminatoria contra los migrantes. ¿El resultado? En dos días la venta de armas, en especial del usado por Mateen, se ha incrementado notablemente.

 

Así es, muchachos y muchachas, que sigan las muestras de solidaridad, pero ante todo que predomine la consciencia de los actos discriminación que ejercemos cotidianamente, y sobre todo que la reprobación de hechos tan sangrientos como los del domingo no nos haga caer en esa violencia que nos sigue consumiendo de a poco.

 

puñito

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