8 puntos para entender qué significa el #OXI en Grecia

Al fin se obtuvo una respuesta. El debate que llenó la discusión la semana pasada, el “Sí” o el “No” en Grecia, al fin se definió. Después de una semana angustiosa en que el mundo creía que el fin de los tiempos estaba cerca, el pueblo griego votó OXI, es decir, se negó a las medidas de austeridad impuestas por la Unión Europea para rescatar la la difícil situación en que está la economía griega.

Pero, ¿y qué sigue ahora para Grecia? Aquí les traemos algunos puntos que implica el “No” al plan de acuerdo que fue presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

1. El voto griego no es definitivo, pues su economía es absolutamente dependiente de la Unión Europea. En esta semana, Mario Draghi, presidente del BCE, decidirá si envía más dinero a la banca griega. De no llegar liquidez, los bancos tendrían que declararse en bancarrota, y colapsaría el sistema financiero.

2. Pese a su negativa a negociar un nuevo rescate o reestructurar la deuda actual, la llamada troika debe empezar a crear nuevos términos de discusión en la reunión del martes 7 de julio. La voz del pueblo griego se ha convertido en lo que su Primer Ministro pronosticó: un modo de presionar a sus acreedores. Si la Unión Europea convierte a Grecia en un caso ejemplar y lo expulsa de la zona euro, el efecto dominó puede extenderse a otros países deudores.

3. La deuda de Grecia es imposible de pagar. No es una cuestión de voluntad, el mismo FMI ha reportado que la deuda equivale al 180% del PIB griego. El debate ahora debe ser cuánto y, sobre todo, cómo dejará de pagar Grecia. Puede salir de la zona euro, no pagar nada a los acreedores, empezar a acuñar una nueva y devaluada moneda, y arrastrar al desastre a las bolsas del mundo, o puede reducir ordenadamente la deuda, y así pagar lo que le es materialmente posible.

4. La reestructuración de la deuda griega no es una petición descabellada. Desde 2012, los acreedores prometieron que si Grecia ajustaba su gasto público, la deuda se reestructuraría. Grecia no se ha negado a las condiciones de la Unión Europea,  el asunto es que la troika falló en sus cálculos de las consecuencias de las medidas solicitadas hace tres años.

5. La guerra que se ha creado entre el gobierno griego y la troika no se debe exclusivamente a la orientación de izquierda radical de Alexis Tsipras. No es sólo una evidente discrepancia entre ideologías ni una negativa sorda a aceptar medidas de austeridad, sino un historial de corrupción en gobiernos amparados por la Unión Europea, que no se responsabilizan de la debacle de Grecia

6. El “No” de los ciudadanos griegos no es egoísta, ni un canto de guerra contra los ciudadanos del resto de Europa. Las condiciones impuestas por la troika implican que, desde el planteamiento del préstamo, se presumía que los contribuyentes deberían pagar. Es decir, en México como en el mundo se trataba de privatizar beneficios y nacionalizar las pérdidas.

7. La postura radical de Tsipras tampoco será del todo productiva. Si bien cuenta con el apoyo de su pueblo, el Primer Ministro no puede manejar las negociaciones de la misma manera que la semana pasada. El poco margen de acción que dejaron posturas tan abiertamente encontradas e irreconciliables pueden costarle caro a Grecia. Sobre todo si consideramos que Angela Merkel está por enfrentar unas complicadas elecciones en que su mismo partido le ha cuestionado su “lado blando” frente a Tsipras.

8. La gran derrota del referéndum griego la asumen Angela Merkel y Christine Lagarde, quienes creían que la ciudadanía preferiría la Europa que ellas representan. Ante los resultados, sí estarán presionadas a negociar muy cuidadosamente para salvar su propio pellejo y no dejar a Tsipras como el héroe de Europa, que podría empoderar a otras organizaciones políticas como Podemos, en España. Aunque esto último no estaría nada mal.

 

 

 

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