A 4 años, ¿qué es #YoSoy132 para ti?

A cuatro años del nacimiento del #YoSoy132 se hace necesaria una revisión. Con la distancia crítica que sólo da el tiempo, quisimos preguntarles a varias personas que estuvieron involucradas, de distintas formas, en el que es, hasta ahora, el último movimiento estudiantil nacional. La idea de esta revisión no es hacer una valoración política o social, sino partir de la pregunta “A cuatro años, ¿qué es #YoSoy132 para ti?” retomar experiencias personales, que nos permiten vislumbrar qué fue, qué dejó y qué persiste de ese movimiento inclusivo, y, por lo mismo, muy divergente.

Agradecemos profundamente a los participantes, y si alguien quiere agregar algo más en NoFM las puertas están abiertas.

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Karla Amozurrutia

Para mi el #YoSoy132 marcó un momento de rechazo generalizado a todas las formas partidistas de la política, una expresión juvenil de oposición al partidismo corrupto y falto de oxígeno; aquella manifestación en contra de los poderes fácticos que nadie había puesto en el escenario de la crítica pública innovó con una consigna potente: La Democratización de los Medios, mejor y más información para todxs. Una nueva forma de organización horizontal que pretendía una red nacional con miras a desencadenar procesos, que por desgracia no pudo concluirse. La convivencia y discusiones entre escuelas públicas y privadas fue icónico para los que teníamos procesos movilizadores anteriores en la UNAM y que nunca hubiéramos pensado en algo como aquello, fue una experiencia esperanzadora: a todxs nos chingan igual.

En fin, el 132 intervino en las formas de la política de izquierda social y confrontó al sistema partidista con formas lúdicas y creativas, por ejemplo el uso de las redes sociales. Como veterana en el activismo puedo decir que dejó en mí un aprendizaje de cómo los jóvenes perciben la política, las exigencias y las demandas a través de sus medios, de sus mecanismos, de sus instrumentos; faltó la estructura organizativa, la regulación de las propuestas y la continuidad de la protesta; pero eso es el talón de Aquiles de todos los movimientos de izquierda social -exceptuando al EZLN– así que la memoria histórica es importante para reivindicar y generar nuevas formas, así surgió el 132, a veces no se necesita de pensarle mucho, a veces la espontaneidad trae mejores resultados…

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Eréndira Derbez

El 11 de mayo del 2012 estaba a punto de entrar a una clase del otro lado del Atlántico. En mi celular vi en twitter que algo estaba pasando en la Ibero, mi futura escuela. Mi mamá me mandó mensajes contándome con emoción sobre lo que escuchaba en la radio, primero en el noticiero de Aristegui -pensar ahora en su ausencia…- y luego en Ibero 909.

Salí de noche y llegué a casa en bici. Desde la computadora vi fotos y videos de lo que había sucedido horas antes en la universidad. Me llené de orgullo, de emoción, un par de lágrimas cayeron y comencé a escuchar -y eso que casi no me gusta DylanThe Times They Are A Changin’.

«La Ibero no te quiere,” fue la consigna que corrió a Peña, fue un grito indignado, de memoria -el recuerdo de Atenco y los feminicidios en Edomex recorrían los pasillos de la universidad-. Ese día no fue un «éxito de Peña pese al intento orquestado de boicot”; el telón del teatro se fue cayendo porque más de 131 estudiantes denunciaron la mentira, hicieron de youtube su trinchera.

Para mi el 132 fue una gran ilusión, nos agarró muy verdes… ingenuas, inocentes, ignorantes. ¿Algún arrepentimiento? Ninguno. Fue un momento clave donde el descontento nos unió en las calles, nos hizo darnos cuenta que lo que nos habían dicho que éramos, “nosotros los jóvenes,” no era cierto. Tampoco lo eran esas diferencias, tan normalizadas, entre “los fresas” y los que “no lo son». Había algo más profundo, una complicidad que sigue latente. Está ahí pese a que el pesimismo -supuestamente- “racional”, ”intelectual», o “militante», nos lo niegue. Pero no podemos no concedernos el recordar con orgullo ese momento de alegría, en el que se derribaron estatuas.

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J. Aldabi Olvera

A cuatro años #Yosoy132 fue la escuela involuntaria para quienes enfrentaríamos una guerra que ya existía pero que cobraría dimensiones catastróficas con el regreso del autoritarismo priísta. Fue también un lugar de aprendizaje, un espacio para cometer errores (muchos), pero también el lugar en el que nos encontramos con quienes quieren hacer de éste un país dinstinto. No hay espacio, marcha, discusión, propuesta, donde no vea la inspiración de #Yosoy132.

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Diego Vidal-Cruzprieto

Fue un vistazo a lo que pudimos haber sido, pero nos lo impidió nuestra soberbia. Derrumbamos nuestro miedo, salimos a las calles y nos recordamos que funcionar como un país va mucho más allá de un estado.

Esto nos inspiró euforia, eventualmente se transformó en confianza y terminó en soberbia; no vimos al enemigo que teníamos enfrente, nos decantamos más por abstracciones poéticas que por acciones concretas.

Sin embargo, #YoSoy132 sigue siendo porque permance en nosotros, basta ver cómo se reanimó con Ayotzinapa. Nos muestra algo muy valioso, algo que muchas personas han tratado de ocultarnos dado que les da miedo: nos muestra que tenemos mucho potencial.

Ahora sólo resta forjar la estructura.

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Eduardo Velasco

El 132 no es, porque al definirlo así lo matas, lo encierras en una idea totalizante y lo más lindo de esa idea son las múltiples derivaciones, las formas de experimentarlo, las preguntas y platicas que desata.

Mejor pensémoslo en términos abiertos que sea puedan compartir.

Por ejemplo, 132 somos quienes construimos los espacios que nos permitirán ser libres y felices.

Quienes sentimos esos momentos como un compromiso a transformar cualquiera que sea nuestro entorno a otro mejor, menos injusto.

Somos la experiencia de quienes con mirada inocente vemos la esperanza trozada mil veces por las mentiras y tragedias. Y juntes nos curamos, nos damos fuerzas para seguir creyendo.

Las implicaciones se traducen en trabajo, más interno que externo. Nos cuestionamos hasta que punto reproducimos aquello en lo que estamos en contra y a partir de ahí decidimos si estamos dispuestos a cambiar.

Podrán parecer pequeñas transformaciones pero con el tiempo y colectivamente son algo enorme.

Ahora viajamos con otros ojos y nunca solos, redescubriendo nuestro hogar.

Somos mientras no nos perdamos en los laberintos del recuerdo y la nostalgia, seguiremos siendo mientras haya memoria del poder que tenemos, fuera de los partidos políticos y el gobierno, para incidir en las discusiones más importantes del país.

Es importante entenderlo como inicio, sólo una parte de un proceso más grande y extenso conectado con el mundo del cual no sabemos los resultados que traerá.

Hoy es estar listxs para lo que viene…

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Alfredo Lecona

#YoSoy132 es un código que convocó a la solidaridad frente a la desacreditación y el ataque a la protesta. En él están inscritos una serie de principios y aspiraciones de una generación que resiste el autoritarismo del Estado.

#YoSoy132 es también la invitación permanente a dialogar a pesar de nuestras diferencias para construir desde donde otros están destruyendo.

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Dante A. Saucedo

A cuatro años de distancia, el movimiento #YoSoy132 permanece como un momento clave de nuestra democracia: ese longevo mecanismo de neutralización y de organización de la impotencia. Sus resultados tangibles son pocos: un par de reformas legislativas diluidas, puestos en las oficinas de asesoría política de la cámara de Senadores, un programa de televisión en horario estelar, domingo por la noche. Es ahí donde es posible observar el perfecto funcionamiento del aparato democrático: neutralizar para incorporar, incorporar para gobernar.

Aún hoy, es común escuchar que a partir de 2012, una generación de jóvenes despertaron y, por fin, se politizaron. Quizá esto sea verdad, si el sueño dogmático era el de la democracia liberal y sus instituciones; si politizarse significa, simplemente, aprender a organizarse, a escuchar y colaborar sin atender a la agenda del Estado.

Es verdad: a partir del 2012, más de unx descubrió que no hay nada de político en el gobierno democrático. Que, para cambiar la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos, con los otros y con nuestros espacios, hace falta bajar la mirada para encontrarse con todxs aquellos que, desde mucho antes de 2012, saben que el Estado democrático —sus instituciones y los partidos que las disputan— no dejará nunca de gobernar, de hostigar, despojar y asesinar. Y que, quizá, politizarse no signifique nada más que organizarse para sobrevivir a la democracia.

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Fernando Rugard

Para mi #YoSoy132 es y fue un estallido de indignación, rabia, alegría y esperanza al mismo tiempo, el cual estuvo oculto por muchos años entre la juventud y en general en la sociedad mexicana. Fue la oportunidad de hacer visible lo invisible, de indignarse ante la indiferencia, de decir basta a las injusticias que se cometen a diario en México. Todo desde nuevas trincheras que no se supeditaban a las anquilosadas estructuras partidistas, sino a la misma gente que se expresó en las redes sociales e inundó las calles.

Si bien EPN representó todo aquello que queríamos evitar, sin duda #YoSoy132 fue la demostración de que muchas cosas han cambiado y la sociedad misma será, no sólo testigo, sino partícipe de la transformación de este país.

Lo cierto es que la historia no se puede interpretar de manera lineal, por lo que su relevancia y legado se verán con el transcurrir de los años…

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Alejandra O. Medrano

Es muchas amigas y amigos. Es muchos lazos. Es saber que no estoy sola. Es saber que la resistencia también viene en forma de amistad.

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Diego Mejía

Desde mi punto de vista, el movimiento #YoSoy132 tuvo un problema de origen: reducir al número porque las palabras son insuficientes. Es decir, la cifra como aglutinante en un país en el cada vez más se pierden los sustantivos.

Si bien, el movimiento representó una vigorosa politización de una generación a la que tildaron de tibia, egoísta y ensimismada, es cierto que su limitación fue pensar un movimiento preponderantemente universitario en un país en el que 8 de cada 10 jóvenes en edad de estudiar la universidad no lo hace. Además de focalizar su agenda contra un candidato y la «democratización» de los medios (sigo sin saber qué significa eso), en lugar de ser más ingenuos, más radicales, fueron ajenas las ideas de reformulación del Pacto o la refundación de la República (sí, así de absurdo, así de profundo). Quizá, y visto con al tiempo, había más análisis y buenas maneras. Pero, pese a todo, fue un revulsivo nacional… lo lamentable es que reprodujo el sino del mexicano: el ya merito.

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Carlos Brito

El periodo de movilización significó para muchxs de quienes participamos en él un momento de aprendizaje, de formación, de crecimiento y de adquisición de habilidades comunicativas, políticas, organizativas, de articulación; de entender lo que es la resistencia, la diversidad de las luchas y el valor de mantener los principios. Se trató de un punto nodal en la vida de muchos jóvenes, cuyas circunstancias les obligaron a aprender a escuchar, a debatir, a tolerar la crítica, a construirla; a entender que la lucha se da donde hace falta, no donde es fácil; a vivir no sólo bajo las condiciones de identidad de fuero individual sino también con la complejidad de la identidad colectiva.

Al contrario de lo que muchos quisieran, esta generación no se fue a su casa cuando “fallaron en su objetivo de que EPN no ganara la elección”. Quienes pensaron que esa era la meta central, en efecto, fracasaron. Quienes se dieron a horizontes de lucha, sabiendo que la coyuntura electoral era importante pero no fatal, han seguido distintos caminos más allá, sobre todo cuando las denuncias que se hicieron desde 2012 sólo se han ido confirmando.

Ya no se tiene la etiqueta #YoSoy132, y quizá por eso no es fácil observarlo si se tiene pereza, pero muchísimas personas que participaron en 2012 hoy siguen generando iniciativas de cambio: por los derechos humanos, por el transporte público, por la salud pública, por los derechos sexuales y reproductivos, por los derechos políticos, por los derechos de los trabajadores, por la privacidad, por la libertad de expresión, por los derechos de migrantes, por la paz y la desmilitarización; en proyectos de memoria histórica, en temas de educación, de agua, medioambientales; trabajando con víctimas, creando medios de comunicación alternativos, abriendo espacios de debate, participando políticamente dentro o fuera de las instituciones, generando alternativas de organización y proyectando para sí victorias a corto, mediano y largo plazo, a pesar de las derrotas coyunturales. Hay en todas esas personas hay un profundo sentido de responsabilidad.

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Omar SG

El 132 es Vida, Hermandad, Solidaridad, Amor, Valentía, son momentos de Dignidad Humana Emoticón smile Emoticón smile Emoticón smile.

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Ana Bunker

A 4 años del movimiento #YoSoy132 representa el poder de convocatoria para todos los sectores de la sociedad a nivel nacional e internacional. Los acuerdos fundamentales logrados en las asambleas. La unión y la fuerza, todxs unidxs por las mismas exigencias haciendo eco en un sólo grito que todavía retumba en mis oídos: #FueraPeña!

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Armando P. Ishikawa

Para mí fue un punto de inflexión. Identifico al 132 como un momento en el que muchos jóvenes enfrentamos la pregunta de cuál es nuestro papel en la sociedad, y en el caso de muchos la respuesta fue la participación de lo público y el compromiso con nuestra comunidad. En ese sentido fue también un momento y espacio donde construimos una identidad «yo soy«.

Soy el 132 estudiante que también se indigna por Atenco. El 132 que también denuncia la participación amañada de los medios de comunicación en la selecciones. El 132 que también encuentra valor en lo que el otro, el que es distinto a mí tiene que decir.

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Sandino Bucio

Ha pasado ya mucho pero sigo viendo ese número en todos lados; en la hora de los relojes, en los tickets, en los números de la calle, en el kilometraje de las carreteras, en las placas, en los libros, en los códigos de barras etc. Cuando lo veo por un instante me remite a una serie de imágenes de aquella primavera del 2012, de las primeras asambleas, marchas, conciertos, mítines, brigadeos y discusiones con compañeros.

Creo que ese número marcó a una generación, es una frecuencia, un código de enlace, pues si algo dejó ese movimiento es una gran cantidad de grupos, páginas y medios de comunicación que siguen funcionando hoy en día en todo el país y siguen siendo espacios de difusión, reflexión y de organización entre los jóvenes.

Tres dígitos que ya tienen su lugar en la historia de México, en los recuerdos de muchos de nosotros y que aún funcionan como vehículo para conectar ideas en el aire, el urdimbre numérico donde se tejió una gran red de resistencia y rebeldía.

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Andy Mountains

#YoSoy132 fue mi primer contacto real con la movilización política en la ciudad de México. Aprendí que si en la movilización no te gustan las consignas y las canciones, entonces hay que hacer nuevas canciones. Y las hicimos.

Para mi 132 fue una oportunidad que se nos dio a los huérfanos de lucha para construirnos un lugar en la ciudad. Inventarla otra vez.. Descubrí cómo el terror y el miedo puede conectar polos opuestos de la lucha. Y como la revolución, a veces, es quitarse la tanga.

Mi participación en las Asambleas de #YoSoy132 con los músicos independientes me obligó preguntarme qué es lo que iba a estar haciendo con mis días para seguir sintiéndome conectado con este espíritu de revolución y fuerza creativa. Y pues, me pongo faldas, deshago mis bandas neoliberales, me desnudo con mis amigos, destierro al veneno de mi casa, hago máquinas de canciones y nunca me deja de doler. Nunca me va a dejar de doler. Ese es el costo de la inocencia de #Yosoy132. Y justo donde radica su fuerza.

Ivan Zepeda Dávalos

El #Yosoy132 representa, dependiendo del horizonte político en el que cada quien se sitúe, por un lado, el inicio de la posibilidad de la acción política de masas para un sector clasemediero con tintes intelectualoides que sentía la necesidad de cuestionar su progresiva pérdida de privilegios en un país donde ya no bastaba ser güerito para conseguir chamba y tener voz dentro de la vida política del país (construyendo una retórica de autoconsumo que supuestamente traería renovación, pluralidad, multiplicidad y creatividad dentro de la práctica política), mientras que para otro sector, previamente organizado y movilizado, el #Yosoy132 sentó las bases para una apertura mediática y sensibilización de la opinión pública que influyó muy positivamente en el movimiento que posteriormente se consolidaría en torno a la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa: vinculado orgánicamente a sectores populares organizados y situado dentro de una crítica frontal a las diferencias de clase y a la violencia estatal.

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Leticia Floresmeyer

El #YoSoy132 fue un despertar para mí. Pude estar en las asambleas y conocer a gente de diferentes universidades y movimientos. Todos anhelábamos cambios en los sectores más profundos y a veces superficiales del país. Nos conocimos y entendimos que representábamos un poco de la enorme diversidad de México y todos resentíamos el gobierno corrupto, las mentiras de los medios y sobretodo el impedimento a la educación.

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Cuautémoc Camilo

El contagio duró del 11 de mayo al 1 de diciembre de 2012, teniendo como clímax el debate presidencial del 20 de junio. Desde entonces, los síntomas de euforia y empatía, así como la promesa de unión para alzar la voz han retrocedido. Es probable que cuatro años después del movimiento (el equivalente a la duración de una licenciatura) ya no queden muchos estudiantes del #132 matriculados en las universidades, o cuando menos, no en la Ibero. Cualquiera que sea caso, una generación entera y más de medio periodo presidencial nos separan de la Epidemia #132 que por poco contagia a todos los mexicanos.

Y digo “por poco” porque el #132 no tenía consciencia de sí mismo. Y si la tenía, era tan frágil como la formación política de los universitarios y los políticos, es decir, demasiado centralista, demasiado mediática, sin sustento teórico o con mediaciones sumamente básicas, plagada de un culto directivo no abiertamente reconocido. No me refiero entonces al contagio de ese esquema de operación sino al otro contagio, al naïf, al visceral y romántico que nos hizo soñar con una revolución por las buenas y quizás algo más…

Era mi último año de universidad, me titulaba en filosofía y trabajaba haciendo traducciones, correcciones y revisión de textos… sabía lo que se venía y la idea de un gobierno al que no le importan las humanidades me inquietaba. Pese a ello recuerdo mi sorpresa cuando me enteré de lo ocurrido en la Ibero. La verdad, me dio risa. El nerviosismo del poder frente a un grupo de estudiantes que, en la escala de revuelo, la protesta y el caos no ocupan los primeros lugares me inspiró desconfianza. Cómo iba a gobernar –si llegara a ganar– una persona a la que sólo le interesa “si allá afuera hay salidas para salir”. Hoy pienso que en ese gesto se resume la estrategia de gobierno peñista, con notable diferencia de poder y autoritarismo para golpear a quien obstruya las salidas.

Cuento esto porque a pesar de ir a un par de asambleas y marchas, de ver el debate, de seguir la huella al movimiento en redes, no me considero un #132. Además no tengo muy claro qué signifique serlo o no, o quién dice que se pertenece. Pero lo que sí entiendo y quiero compartir aquí es lo que el movimiento mostró en su inercia.

1. #YoSoy132 son las universidades. Las universidades más importantes con presencia nacional se unieron, pesaba más ser universitario que el escudo de la escuela, de manera que el contacto con las universidades estatales y algunas otras privadas estaba garantizado. La influencia política de esto es desmesurada, como desmesurados son las ansias de poder y el apoyo de los estudiantes entre sí.

2. Simpatía social. Por extensión, un estudiante no es sólo una persona de 18 a 25 años matriculada en una licenciatura, sino hijxs, hermanxs, amigxs, profesionistas con influencia en sus medios más íntimos y en sus lugares de trabajo. #132 no podía darse la espalda a sí mismo sin rechazar a los núcleos más cercanos de interacción. Era una cuestión de empatía y de apoyo relativamente generalizada y generacional. Si las instituciones equivalieran a piezas de ajedrez, la Universidad sería la reina. Los movimientos cercanos a las universidades son poderosos porque son capaces de paralizar el país y frente a esto la pérdida de los intereses privados es siempre mayor al capricho de tener al gobernante más propicio.

3. Protagonismo. Los estudiantes son adultos, pero están revestidos de un manto de juventud. Por ello son capaces de ponerse de acuerdo para tomar acciones sociales de amplio alcance sin ser acusados de agitadores experimentados. Por ello se les ve como líderes, una población políticamente activa a diferencia de aquella políticamente pasiva con jefes, directivos, representantes y bienpensantes. #132 no era una hidra y no sabía obligarse a organizar sus recursos sin prisa y sin cabezas específicas. En nombre del consenso general se construyeron figuras públicas que supieron aprovechar la coyuntura. Y no porque fuera la generalidad, sino porque de algún modo se filtraba inconscientemente en las agendas. Ese es el priísta que todo mexicano lleva dentro y del que quizás la figura mediática más oportunista haya sido Antonio Attolini que pasó de organizador del movimiento a asesor de diputado y conductor de un programa de televisión de supuesto análisis político.

4. Coyuntura. Eran tiempos electorales. Eran tiempos de indefinición partidista y ausencia del PRI. Era tiempo de ser escuchados y de alguna manera #132 se escuchó. Hoy, por el contrario, la circunstancia social no deja con qué negociar que no sea en principio la propia vida.

Se ve entonces que #132 era a la vez un impulso institucional y social, con potencia fáctica capaz de negociación e intervención, en un punto históricamente rarísimo en el México moderno, con lo cual no es de extrañar que se haya apagado justo en el instante en que el PRI toma el poder y la sociedad ya no está en condiciones de escatimar. La naturaleza estructural del movimiento no se identificaba con posiciones violentas y desde un principio se sabía que todo lo que podría con el carisma y la palabra estaría acotado a las elecciones. Entonces señalar también que fue un movimiento sumamente breve, de poco menos de dos meses (las elecciones fueron el 1 de julio) y en una vorágine de confusiones, de desbordamiento de poder que difícilmente puede administrarse iniciáticamente.

Una última palabra para que esta mirada a la distancia no culmine con un desencanto a la vez inevitable y evidente. En el curioso incidente de la Ibero se condensa la potencia del #132, hay que conservar en la memoria, y en video, la imagen del actual gobernante, vergonzosamente escondido en unos baños, aspirando los miasmas de un colegio católico (¡jesuita!) y adinerado, hay que retener su angustia y la de su equipo de seguridad cooptada por un puñado de estudiantes francamente moderados. El poder del #132 proviene de poner contra la pared al poderoso, de hacerlo sentir un poco de la inseguridad que el país vive a diario. Impotente, desarmado, sin poder tocarlos, supo por 10 minutos lo que es la incapacidad de moverse. Asustado de sí y de su incompetencia, las imágenes son hoy más fuertes porque lo hicimos intocable.

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PincheDeste

La historia moderna, la que sí escribiremos nosotros, se divide en un antes y un después del 11 de mayo del 2012.

Recuerdo que en cuanto me enteré de la inminente candidatura de EPN a la presidencia, diseñé, imprimí y comencé a repartir unas calcomanías de Peña Nieto besando a Salinas. En marzo del 2012 aprovechando que me habían invitado al Vive Latino y la convocatoria del festival, imprimí una lona gigante con el diseño de las calcomanías. Como pude me las ingenié para esconderla y burlar la seguridad para poder infiltrarla… ¿Saben?, no era nada fácil protestar, y menos en contra del partido represor por excelencia y su amenaza de retomar el poder.

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En fin, compartiendo el nerviosismo con un par de amigos y su ayuda, logré colgar la lona en lo alto de las gradas del Vive Latino. Lo importante era difundir el mensaje, y claro, celebrar la música y disfrutar la cerveza.

A lo que voy con todo esto es que después del 11 de mayo del 2012 y el #YoSoy132, por medio de las redes y las marchas se fue sumando una tremenda cantidad de jóvenes a la tarea de concientizar a la población acerca del peligro que era el regreso del PRI con ayuda de Televisa. Después de aquella visita de Peña a la Ibero, todo cambió radicalmente, décadas de indiferencia quedaron sepultadas, por fin los estudiantes reclamaron su derecho a gritar las cosas de frente, de frente a quien siempre se sintió intocable.

Digamos que ya no nos da miedo mandar a la verga públicamente al presidente, o a cualquier funcionario público que lo merezca.

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Evangelina Ávila Muñoz

Fue para muchos, como lo fue para mí, un movimiento en donde reconocimos nuestra voz en otras voces. Para mí, como para muchos fue la primera vez en que nos comprometimos con un movimiento y que conocimos las asambleas. Y vaya que las asambleas eran especiales, sobre todo la de posgrado. Un biólogo sentado a lado de un urbanista sentado a lado de un filósofo sentado a lado de un sociólogo y así. Todos con un mismo objetivo y con diferentes caminos que a veces eran difíciles conciliar, pero se lograba. Eso me dejó el #YoSoy132, el escuchar, entender y reconocerme en los otros a veces tan diferentes a mí. El movimiento generó que personas que en otras circunstancias no se hubieran encontrado e incluso entendido, salieran a la calle bajo un mismo grito. El #YoSoy132 fue un gran hilar que tejió una red que aún perdura y que surgirá con otros nombres en una situación donde bajo un mismo grito de protesta se encuentre un biólogo a lado de un urbanista a lado de un sociólogo….

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Emilia Solís

A cuatro años del movimiento 132 me llegan a la mente imágenes que anunciaban un fulgor incontenible en la urgencia de reaccionar ante el cinismo de un estado que nos presenta un panorama cada vez más grotesco y desolador, de la telenovela en medio de tanta impunidad y sangre derramada, de llegar a tener a un feminicida en el poder, del regreso irrevocable de un régimen de más de 70 años y del inevitable fracaso de una democracia que se agota en fallidas elecciones.

Sin duda todo esto detonó el grito de indignación que nos unió/nos confrontó para hacernos presentes y llegar a interrumpir, el movimiento que nos mostró vivos y capaces aún cuando habíamos sido declarados como una generación apática, víctimas de nuestro propio ensimismamiento y muestra absoluta del individualismo.

Para mí lo más importante sucedió en ese instante, en la posibilidad de mostrarnos inconformes pero sobre todo de llegar a la raíz de nuestra propia enajenación, en las estructuras fallidas, por primera vez voltear a ver al otro y tratar de plantear otra forma de aprender, de retomar procesos de lucha estudiantil acoplando sus modelos de organización y debate a la reflexión sobre nuestra actual posición como estudiantes, apropiarnos de nuestros espacios, cuestionar la propia educación y por primera vez intentar hacer algo con el otro desconocido. Sin embargo como es fácil que suceda con una generación que sufre los efectos de la globalización y en un movimiento que se aturdió entre reflectores, regresamos al punto de partida de lo que veníamos cuestionando, el individualismo y sus consecuencias… Aún así​​ lejos de lamentar este momento creo que algo se ha modificado y nos permite escapar de vez en cuando del protagonismo, cuando podemos encontrar en el otro una solución que desafía este esquema de productividad, cuando recordamos que en la organización colectiva es posible modificar cosas, que somos más capaces de lo que imaginábamos y que desaparecer para quedarse callado ya no es la mejor opción.

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Berenice Rodríguez

Este 11 de mayo se cumplen 4 años de aquel memorable viernes en la Ibero. Qué rápido pasa el tiempo, ¿no? Me preguntan que a 4 años, ¿qué es #YoSoy132 para mí? Tal vez debo de empezar diciendo que sigue siendo una pregunta difícil de responder, porque aquello que comenzamos en 2012 aún no termina. Al menos, no para todos.

El #YoSoy132 marcó una pauta en mi vida. Fue la primera experiencia que tuve para incursionar directamente en el hacer otra política. Recuerdo, que aquel viernes 13 de mayo escuché en la transmisión del 90.9 de la fm, aquellos abucheos, protestas, y la narración de los locutores explicando que Peña Nieto había sido resguardado en los baños, sentí una inmensa felicidad. Era esa sensación que viene cuando sabes que algo grande está por suceder, no sabes cómo ni en dónde ni con quién pero lo sientes.

Lejos de hacer un recuento por fechas de aquel 2012, cosa que creo ya muy gastada, voy a centrarme más en las experiencias construidas en este proceso. Para mí, aquel mayo fue la oportunidad de conocer más gente con la que coincidía en la manera de pensar esos otros mundos que queríamos-queremos construir, y otros con los que no coincidía tanto. Fue descubrir abiertamente toda una serie de posturas, maneras de ser y estar en el mundo político, fue descubrir que no hay camino ni certezas, que las condiciones las construimos en el día a día. Recuerdo que la UNAM estaba ya de vacaciones, y aún así logramos movilizar(nos). Recuerdo todo lo que me produjo el estar en aquella primer -¿ya se vale decir “legendaria”?- asamblea interuniversitaria en Las Islas de CU el 30 de mayo. El 132 me ayudó a romper paradigmas -y reforzar algunos otros-. Por ejemplo, nos hizo reflexionar mucho sobre qué significa que la protesta, un acto explícito-concreto, haya iniciado en una universidad privada como la Ibero. No nos dimos golpes de pecho al respecto, lo preferimos asumir como una nueva forma de pensar lo que aún no sabíamos estaba a punto de ocurrir, y que marcaría intensos meses de trabajo y esfuerzo. Un espejo de la gran pluralidad de lo que se vivió en esos meses queda concentrada en el discurso de Las Islas, creo que refleja los ánimos con que se hacían las cosas, nuestra inocencia, la sensación de poder transformar nuestros mundos, la heterogenidad de posturas e ideologías, las ganas de comernos al mundo de un sólo bocado, pero, ¿quién que haya sido joven no ha tenido esas ganas y aspiraciones? ¿Es acaso un error?

¿Qué es para mí hoy el 132? Pues es las largas horas de asamblea, es las tardes que dedicábamos a hacer colectivamente mantas para ir a las marchas al día siguiente, es aquella marcha que terminó afuera de Televisa en medio de cantos de protesta y lluvia, es las alegrías construidas y derroches en colectivo, es aquella movilización en la que iba en tacones corriendo y pegando carteles con engrudo por Polanco, porque habíamos tenido que cambiar el curso de la marcha porque nos habían dicho que había un cerco de granaderos esperándonos. El 132 se vuelve este proceso en el cuál no descubrimos solamente nuevas formas de hacer otra política, de construir horizontalmente y en colectivo, sino, el 132 se vuelve toda una transformación personal. Pero hasta ahora, no he dicho el otro lado de la moneda: 132 también me enseñó que el oportunismo está presente en todos lados, que la traición siempre está presente, que la confianza se trabaja a diario, que la revolución no sólo se hace con buenas intenciones, que es necesario poner cuerpo, alma y cabeza por completo, que es chutarse a hacer la chamba cuando de verdad se quiere transformar algo, que aún entre la gente de “izquierda” está la izquierda oficial y los que tratan de decirte qué sí y qué no vale, quién puede ser y quién no, que aún entre los “más revolucionarios” se termina siempre reproduciendo lo que se repudia. El 132 es ese momento en que nos dimos cuenta que nosotros, nuestra generación, también podía decidir el rumbo de la historia, que la historia no está escrita, que hacemos camino al andar, es esa sensación en la que efectivamente, aquella frase del 68 cobraba sentido: seamos realistas, pidamos lo imposible. Recuerdo claramente la noche del primero de julio del 2012, recuerdo los nervios al escuchar los resultados del conteo preliminar, recuerdo llorar de rabia y tristeza al mismo momento de recibir una llamada de mi compa diciéndome: ¿qué vamos a hacer? ¿Mañana dónde nos vemos para ir a la marcha?. Entonces, 132 es también esa experiencia y sensación de empoderamiento, y a la vez el sentimiento de derrota, mas nunca de resignación. No por eso voy a negar que (aunque muchos, en particular los núcleos más activos del movimiento) efectivamente el movimiento como tal, dejó de ser después de aquellas elecciones. 132 es los que seguimos y los que lo dejamos.

Pero a 4 años, quedarnos sólo con lo que sucedió en 2012 me parece algo absurdo. No todos los que comenzamos en aquel 2012 seguimos haciendo la misma chamba. Si bien, el 132 fue algo parecido a un proceso de politización de una generación completa, me queda claro que no todos entendimos lo mismo por «hacer política». En lo personal, 2013 fue otro proceso muy distinto a lo vivido antes. Y creo que ese cambió en el contexto queda perfectamente retratado en el 1 de diciembre del 2012. Sabíamos que nos enfrentábamos a algo más grande, y había de dos: o seguir o no seguir. Así de simple. Desde la asistencia en la toma de presidencia en San Lázaro, se veía el futuro del movimiento, ya no como aquella marea que se movía como una sola -aparentemente-, sino que comenzaban otros procesos. Si bien, digo que el movimiento dejó de ser después de julio 2012, creo que lo fue sólo para los que habían creído que la apuesta era meramente coyuntural en cuanto a las elecciones. En lo personal, creo que los que seguimos, fue porque entendíamos que ese era sólo el inicio de un largo camino. Y así fue como muchos, en 2013 seguimos haciendo cosas y construyendo caminos y derrumbando muros. Fue un año duro. Más allá de la represión y violencia ejercida contra nosotros en las calles, fue lo vivido a nivel personal. Vi como muchos de los que se movilizaron en 2012, se volvieron indiferentes. El 132 es también esa plática que tuve con mi compa que había vivido todo el proceso de 2012 conmigo, en su reacción cuando le dije que iría a no recuerdo cuál marcha-asamblea: Wey, ¿aún sigues con tus desmadritos?. Es entonces, cuando uno entiende que no todos llegan para quedarse. Pero simultáneamente, fui encontrando amistades, redes de solidaridad y tejidos de afectos que construíamos las personas que seguíamos en esto. Recuerdo que en 2013, con todo el conflicto que hubo de la CNTE, se volvieron a reactivar formas de organización que habíamos aprendido en el 132. Recuerdo aquella asamblea en la que se votó irnos a paro en apoyo a los compas del magisterio, recuerdo ver a cientos de personas haciendo otra vez ese lenguaje de señas aprendido meses atrás, para tomar decisiones. En 2013 descubrimos que si no comenzábamos a trabajar juntos, nos iban a chingar a todos. Entonces, el 132 es también ese sentimiento de miedo, de impotencia y de rabia ante la violencia ejercida contra todo aquel que se atrevía a movilizarse en las calles.

En 2014, una de las luchas en la que se replicaron más las formas y discurso del 132 sobre democratización de medios, creo que fue ante la Ley Telecom. Nos reencontramos muchos en las calles en aquellas manifestaciones de abril. Recuerdo en específico, un día que se convocó a hacer una “cadena humana” en contra de esa ley. Al final de la movilización, el grupo de compas con los que iba, propusieron ir por unas cervezas al Salón Corona, ¿y cuál fue mi sorpresa? Que al llegar al lugar, nos encontramos con que la mitad de la movilización estaba ahí, todos habían ido como compas a comer y tomar una cerveza. Eran dos pisos llenos de activistas. Había compas, y algunas caras no tan conocidas pero que al final, terminamos viendo que el mundo en el que nos movíamos era muy pequeño y que estaba a demás conformado de redes, al final todos se terminaban conociendo. Entonces, el 132 es también esa otra forma de hacer política que sale del discurso oficial y gris de la seriedad, las formalidades y los compadrazgos, para convertirse en nuestras formas de hacer política, en las que reírse estaba permitido, en las que nuestros horizontes estaban repletos de colores, en las que la política, al ser algo personal, se volvía entonces también algo del quehacer cotidiano, construíamos política entre compas. Y bueno, hablando de 2014, aunque las movilizaciones por Ayotzinapa comenzaron como protestas del sector estudiantil y pronto derivaron en un movimiento de la sociedad civil conjunta, es decir, recuerdo, al igual que en el momento de clímax del 132, principalmente estudiantes pero también amas de casa, oficinistas, obreros, niños, adultos grandes saliendo a las calles, creo que toda esa organización tan intensa y fuerte que hubo de asambleas, paros, protestas, toma de lugares y demás, no pudo haber sido posible, al menos no con esa magnitud, sin pensar en el remoto proceso de politización que tuvimos en 2012. Entonces, el 132 es también esas formas nuevas y particulares de otro tipo de organización, que más que aprender, terminamos aprehendiendo. En Ayotzinapa, también se replicó la expresión artística que fue uno de los pilares prácticos y recurso de la primavera del 2012. El 132, es también esa creatividad y formas de tratar de explicarnos el mundo a partir de algo más que el discurso de la lucha cuadrada, cerrada y fromalista.

En 2015. Bueno, hubo demasiadas cosas. Una que me llamó al atención fue en particular ver qué estábamos haciendo todos aquellos que habíamos estado en 2012. El resultado fue brutal. Había-hay de todo. Una coyuntura fuerte, fueron las elecciones. Hubo prácticas de todo tipo al respecto. Hubo gente que utilizó al 132 como currículum, hubo gente que se vendió a sí mismos como “revolucionarios” sin haber nunca arriesgado, hubo gente que se dedica a señalar a los demás, sin darse cuenta que de pronto se habían convertido en lo que años atrás tanto criticaban, como ser parte de un partido político o candidatos, hubo gente que aprovechó el protagonismo en beneficio personal, hubo gente que pese a todo lo vivido, seguía siendo racista, clasista, y demás pero que se reivindicaban de izquierda, (nos) rompimos la idea de que ser de izquierda es ser bueno.

¿Qué es #YoSoy132 para mí?

Si bien, como ya dije, a lo largo de este proceso han habido claros y oscuros, errores y aciertos, y hasta “buenos y malos”, creo que con lo que yo decido quedarme es con las redes de solidaridad que nacieron en este movimiento, es quedarme con las amistades que realmente valen la pena, es quedarme con las personas que si bien, ya no se reivindican 132, lo recuerdan con una suerte de cariño que va del amor al odio, me quedo con la chamba de los compas que desde hace 4 años no han dejado de construir, que han incursionado en otras causas y otras luchas, me quedo con las risas, los bailes y los mezcales compartidos, me quedo con las lágrimas y el sentimiento de rabia colectivo. El 132, para mí, a 4 años, es un antes y un después que nos marcó a más de uno. Podría seguir escribiendo más y más ejemplos y lugares comunes, pero prefiero decir que el #YoSoy132 no ha terminado como proceso, lo seguimos realizando a diario, en cada pequeña lucha que hacemos. El 132 es esperanza. Eso. Un proceso de aprendizaje y transformación en muchas dimensiones. Para mí el 132 hoy está en todos aquellos proyectos y trabajos de la gente que no se deja vencer, la que no se rinde, la gente que sigue de pie y construyendo nuestros otros mundos. Para mí, es la expresión de una voz colectiva, la efectividad de esa voz está a discusión pero para mí, al menos, funcionó. Caeré en un cliché pero el 132 fue una especie de despertar de nuestras generaciones. Es un cambio de paradigma en la manera de pensarnos y pensar el mundo.

Hoy estoy convencida que la lucha por un nuevo mundo invade todas las esferas de la vida, las toca y las transforma. Hoy entiendo claramente que parte de nuestras luchas es el también pelear por eso, por los afectos. Esos afectos que nos invaden, que nos duelen, que nos mueven y que nos hacen vivir. Hoy, está más que nunca en disputa la cuestión de los afectos. Y creo que parte de reconocer esta lucha, surge a raíz de lo vivido en el 132 con descubrir otras formas de transformar el mundo. De ahí la fuerza de la pregunta de Spinoza: ¿qué puede un cuerpo?, ¿de qué afectos es capaz?. Creo que en la experiencia del 132, quedaron sentados ciertos límites y alcances de nuestras luchas, pero que con el paso del tiempo hemos aprendido a controlar. Por eso, en nuestras revoluciones del día a día, vamos transformando la rabia en potencia de obrar, vamos luchando con el dolor sin dejar que nos consuman los afectos tristes, vamos reivindicando nuestros dolores y sentires. Luchamos con alegría, con esperanza, con sentido de afirmación. Hoy, nuestra lucha es afirmación de todo aquello en lo que creemos y sentimos. Nuestra lucha es potencia en sí misma. Y seguimos poco a poco accionando para ver todo de lo que somos capaces. Lo que podemos.

Si me preguntan entonces, ¿qué es #YoSoy132 para mí?, me vienen a la cabeza las palabras de Alberto Híjar:

Nosotros si somos portadores del amor, de la alegría, del desmadre, es decir, del sacar de madre a los ríos del entusiasmo, del placer, del dolor cuando es necesario, somos poseedores de todo esto (…) Nosotros a ritmo de cumbia, claro que bailamos y danzamos (…) Como ven, es un movimiento, esto en una tendencia que crece, que se reproduce, que no tiene fin hasta que el apocalipsis nos alcance o lo detengamos.”

A través este largo proceso, igualmente nos dimos cuenta que la lucha por un nuevo mundo no sólo es romántica sino que también es una verdadera mierda que implica toda nuestra vida. Que los poderosos juegan con nuestro miedo, nuestra integridad, nuestra salud, nuestra vida y con la vida de los que más queremos. Nos privan de la libertad para ejercer la violencia ante la cual estamos más desnudos. Pero también aprendimos a no decir nunca que lo que se hace en la calle no sirve de nada. Aprehendimos la idea y convicción de que la revolución que llevamos a cabo nos cambia a nosotros mismos, cambia las raíces de nuestro entorno y acabará cambiando el mundo. Que seamos pocos cuerpos cambiando el sistema, sólo significa que esto tardará un poco más. Gracias a todos mis compañeros detenidos por luchar, a todas los que esperaron a que salieran de madrugada pasando frío y sin haber dormido en noches. Gracias a todos aquellos que no dejan de construir, aquellos que no se rinden. Gracias a todos los que construyen solidaridad, cuidados y afectos sin apenas conocernos y a los que lo hacen porque ya nos conocemos de otras tantas. Gracias por estos 4 años de abrazos, lágrimas y risas de los que saben todo lo que está en juego.

Y ahí vamos, caminando, haciendo caminos, cada quién desde sus modos, tiempos y lugares, con la alegre rebeldía siempre presente en los corazones.

Soy132 10

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