A 64 años del ataque al Cuartel Moncada : ¿la historia ha absuelto a Fidel Castro y a la Revolución?

por Sergio Pérez Schjetnan
@SerPerS96

Hoy es 26 de julio y se cumplen 64 años de los fallidos asaltos a los cuarteles Moncada y Céspedes, hechos que marcaron el inicio de la Revolución Cubana, un evento que, sin duda alguna, constituye un fenómeno que marcó indeleblemente la historia de América Latina. No en vano, al respecto se ha escrito y opinado abundantemente, aunque las más de las veces las críticas y alabanzas son antitéticas y cegadas por anteojeras ideológicas.

Por lo anterior, considero que, tanto para entender como para criticar la Revolución Cubana, es vital entender su génesis, su casus belli: la configuración social de la isla y su condición de subyugación antes de la Revolución. En otras palabras, es necesario tomar en cuenta la pobreza, la desigualdad social, cuatro siglos de colonialismo español y, sobre todo, los casi sesenta años de imperialismo norteamericano.

Tras proclamar su independencia de España en 1898, Cuba se convirtió en un enclave de la economía estadounidense, una suerte de extensión espacial del centro hegemónico, condición que aquejó de 1902 a 1959, pues lo largo de aquellos años, Estados Unidos impuso un dominio político, económico y militar, cuya intensidad no tiene parangón en Latinoamérica –por sólo mencionar tres ejemplos de lo anterior: EEUU intervino militarmente en Cuba múltiples ocasiones, sus empresas llegaron a controlar cerca del 80% de la producción de azúcar del país, y se decretó la Enmienda Platt.

Si bien durante ciertos lapsos de la dominación yanqui, la economía cubana creció de manera prodigiosa (en especial La Habana), no fueron tiempos prósperos; la represión política fue un fenómeno reiterado, la pobreza rural era altísima y la desigualdad social enorme (esto a pesar de un alto PIB per cápita en las ciudades), pues había altos porcentajes de campesinos que padecían enfermedades y hambruna.

En síntesis, durante más de seis décadas Cuba se convirtió en un enclave de Estados Unidos, relación que fomentaba la deformación de su economía y su estructura productiva a partir de la supeditación a un solo mercado y un solo recurso (el azúcar), lo cual, aunado a la dictuadura de Fulgencio Batista, condenó la disgregación del tejido social de la isla.

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Naturalmente, las reacciones populares no se hicieron esperar. La herencia de las luchas de independencia del siglo XIX y 1933, junto con la exacerbación de las contradicciones internas, devinieron en el triunfo de la Revolución en 1959, que aunque dirigida por la vanguardia del Movimiento 26 de julio, gozó de un enorme apoyo popular – al respecto del M-26-7, quisiera remarcar que siempre estuvo opacado por un verticalismo extraordinario, mismo que dotó a la Revolución de un personalismo que marcó el destino de Cuba.

Así pues, desde el 1 de enero de 1959, la mayor de las Antillas ha estado en un proceso socialista experimental, que también hay que conocer para realizar una crítica precisa de su régimen. Ante todo, debemos notar que desde 1959, Cuba ha logrado innegables avances: el fin de la subyugación imperialista, la universalización de los sistemas de salud y educación, la igualdad racial y económica, y su transformación en una potencia biotecnológica, todos estos alcances de enorme valor que casi no tienen precedentes en países subdesarrollados.

Ahora bien, es indudable que Cuba constituye un enorme fracaso político, pues se convirtió en una dictadura personal, que dependiendo de la época ha sido más o menos autoritaria, pero que siempre ha fallado en abrir canales de expresión y participación popular auténticos. Por otro lado, es innegable que Cuba sigue siendo una nación pobre, donde los bienes necesarios para la reproducción social no abundan, un problema del que muchos cubanos están conscientes – de acuerdo con información de Gallup News Service, aquello de lo que el 42% de los cubanos están menos satisfechos de su gobierno son los bajos salarios, por solo 18.2% que consideraron la falta de libertades y las deficiencias del sistema político como problemas de primer orden, una situación que no es muy distinta a la de otros países latinoamericanos.

Es cierto que un parte de los problemas económicos y políticos de Cuba (no todos, pues sería un desacierto victimizar a Fidel Castro y la dirección del Partido Comunista) se explica por la presión e injerencia norteamericana en la isla, a través del bloqueo económico, un sinfín de ataques terroristas, intentos de asesinato a Fidel Castro y varios planes de invasión a cuestas que contribuyeron a recrudecer el autoritarismo en la isla. Todas acciones condenables, cuyo móvil no fue en lo absoluto la defensa de la libertad y la democracia, sino aquello que Arthur Schlesinger, asesor de John F. Kennedy llamó: “the spread of the Castro idea of taking matters into one´s own hands … [in Latin America where] the distribution of land and […] wealth greatly favors the propertied classes […] and now the poor and underprivileged…are demanding opportunities for a decent living.”

Solo una vez dicho esto, me atrevo a concluir lo siguiente: la Revolución Cubana y Fidel Castro lograron importantísimos avances en materia social, pero sobre todo sentaron un precedente histórico valiosísimo, pues lograron que una nación de la periferia se sacudiera del poder tutelar imperial, lucha para la cual Cuba también brindó apoyo en África, otro renglón en el que hay que resaltar al régimen. Asimismo, y considerando la complejidad global en la que se dio el proceso revolucionario a partir de 1959, hay que señalar que Cuba ha aquejado fracasos y graves deficiencias económicas y políticas. Por un lado, sigue siendo un país muy pobre, donde no todas las demandas de la población son satisfechas; y por el otro, ha aquejado una dictadura perniciosa que niega libertades a su pueblo y ha violado reiteradamente los derechos humanos.

Dicho esto, quisiera terminar lanzando una pregunta: ¿a Fidel Castro lo absolverá la historia? Yo considero que la historia no puede absolver a un dictador, pero indudablemente la Revolución Cubana debe de ser recordada como un paladín del antiimperialismo. ¿Ustedes qué piensan?

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