¿A alguien le interesa que se solucione la crisis en Venezuela?

por Ana Katia Rodríguez Pérez
y Alan Plata
@AlanPlata_97

Durante los últimos meses se ha hablado en todos los medios internacionales y nacionales sobre Venezuela y el gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, esto se ha convertido en una guerra propagandística de mucha desinformación y de poca objetividad por parte de la mayoría de los medios al momento de abordar el tema. No es ninguna novedad que la campaña en contra del gobierno chavista y a favor de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) está siendo orquestada desde Estados Unidos, recibiendo así un apoyo incondicional por parte de la OEA y países con un alto grado de sumisión hacia el país norteamericano, como es el caso de México.

Tal como lo establece Ana Esther Ceceña, las guerras del siglo XXI se caracterizan por la intervención de espectro completo, siendo la correlación de fuerzas la estrategia principal de la comunidad internacional. De esta manera, a falta de apoyo popular y las Fuerzas Armadas, la oposición utiliza el frente internacional como elemento central. A partir del agotamiento de las experiencias post-neoliberales y los gobiernos progresistas en términos de transformación social, se ha desarrollado un cambio en el territorio latinoamericano que ha puesto a varios países y organismos bajo el liderazgo de Estados Unidos.

Un factor importante del ascenso de la derecha y del proceso de intervención han sido las campañas mediáticas, en las que los espacios informativos están dominados por dicho sector político. Así pues, se ha conformado una campaña internacional dirigida a distorsionar los sucesos que ocurren en Venezuela, dando paso a la era de la llamada posverdad, señalada por Carlos Fazio. Es decir, en el imaginario colectivo se han impuesto contenidos relacionados con la ideología y cultura dominantes bajo el régimen de control y vigilancia estricta, actuando conjuntamente los medios de comunicación, los partidos políticos, los dirigentes de la derecha internacional, los grupos económicos trasnacionales y organizaciones internacionales.

Gerardo Szalkowicz establece que existe un apoyo local escuálido. Mientras los medios de comunicación y la diplomacia internacional muestran un falso levantamiento popular contra el gobierno, la oposición venezolana no ha sido capaz de concretar un movimiento de base popular, pues éste meramente de la clase media-alta. En otras palabras, Szalkowicz determina que a la desestabilización le sigue faltando pueblo. A pesar de ello, los problemas sociales y económicos que caracterizan a Venezuela no han mejorado ni se han resuelto, de manera que el descontento permanece, sin la aspiración de un cambio violento o una intervención extranjera.

La Organización de Estados Americanos (OEA), por su parte, bajo la dirección de Luis Almagro, ha demostrado un alto cinismo y una hipocresía galopante, pues la postura que ha tomado en la situación que atraviesa Venezuela ha sido atípica, siendo así el principal representante del panamericanismo dirigido desde Estados Unidos. La organización ha relegado su papel de discusión política a un segundo plano para así dar paso a una función intervencionista basada en una interpretación generada por los intereses hegemónicos internacionales. Aunado a ello, México se ha sumado a la diplomacia de guerra de Washington, determinada a concluir el conflicto por medio de una resolución no constitucional y violenta, posiblemente bajo la supuesta intención de una invasión militar por razones humanitarias o por una guerra financiera.

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México ha adoptado una postura en sintonía con las sanciones impuestas por Estados Unidos a Venezuela, mostrando una actitud relegada, servil y de obediencia a su vecino. Los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos se diluyen en frases sin sentido de política exterior para servir los deseos de Washington. Como bien señala el Capítulo México de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, México, en consonancia los demás actores involucrados, atenta contra la soberanía e independencia de la nación venezolana. Se expresa un rechazo desde la sociedad civil hacia las declaraciones y acciones sumisas del gobierno mexicano, para así concluir en un llamado al respeto y lucha frente al escenario intervencionista.

Sin embargo, la OEA no ha sido la única organización internacional que ha tomado una posición favorable a la oposición chavista. El Mercosur se ha sumado a esta correlación de fuerzas dirigida desde Washington, que pretenden llevar la libertad y la democracia al país. En realidad, la postura del Mercosur era de esperarse, tomando en cuenta que en los últimos años, principalmente los gobiernos de Brasil, Argentina y Paraguay han dado un viraje al neoliberalismo, cambiando el equilibrio de fuerzas en la región. En contraste, tanto Bolivia y Nicaragua, con Evo Morales y Daniel Ortega respectivamente, muestran su apoyo al gobierno de Venezuela.

Los gobiernos de derecha de América Latina y el mexicano han expresado una gran preocupación por la situación tan violenta y en crisis que vive la población venezolana, aún cuando, de acuerdo a los informes de la ONU, Venezuela cuenta con mejores indicadores sociales que la mayoría de estos países.

El nivel de cinismo e hipocresía es notorio cuando ningún país ni institución se ha pronunciado por la crisis institucional que vive Paraguay y la nula existencia del Congreso para fungir como contrapeso. Tampoco ha habido ningún pronunciamiento por la represión a líderes sociales por parte del gobierno colombiano. Honduras, con la mayor tasa de homicidios a nivel mundial, ha pasado inadvertido. México, que no podía quedar exento, está a punto de llegar a su mayor crisis de violencia e inseguridad en los últimos 20 años. Esto parece ser un tema que no inquieta o preocupa a estas organizaciones que quieren llevar la paz a Venezuela.

Cabe recordar que la OEA y los demás guardianes de la paz no se inmutaron en lo absoluto cuando en el año 2002 se produjo un golpe de Estado en contra del gobierno legítimo de Hugo Chávez, cuando efectivamente los poderes fueron erradicados. No hay que perder de vista que ellos son los que hace algunos años aplaudían las dictaduras latinoamericanas y hoy celebran con bombo y platillo el golpe parlamentario que se gestó en Brasil. Es por esto que Venezuela representa un gran estorbo para consolidar el proyecto hegemónico que tanto anhelan.

Por otro lado, existen intereses petroleros en la zona, de tal forma que la petrolera Exxon Mobil, de la cual el actual secretario de Estado Rex Tillerson fue CEO y financista de la campaña de Donald Trump, está preocupada por la disminución de influencia en la región. Por consiguiente, desde la salida de dicha compañía debido a la nacionalización del crudo, busca reapropiarse de la primera reserva mundial de petróleo.

A pesar de las grandes reservas de petróleo, el reciente análisis económico da como resultado un impacto negativo en el conjunto de la región latinoamericana por el bajo nivel en los precios del petróleo y otras materias primas. En el caso específico de Venezuela, tras las políticas de ajuste de corte neoliberal, y la baja de los precios del petróleo tuvieron como resultado tanto una crisis económica, política y social. El recurso petrolero constituye el 90% de las exportaciones venezolanas, y su declive dio pie a la falta de recursos financieros para los programas sociales y el mantenimiento de la economía nacional.

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A partir de lo anterior, se han llevado a cabo diversas sanciones desde el gobierno de Barack Obama dirigidas contra altos funcionarios y mandos militares, siendo una política continuada por Trump. Más allá de la imposición de sanciones individuales a altas figuras del régimen, cabe la posibilidad de que puedan haber sanciones económicas a Petróleos de Venezuela (PDVSA) como empresa nacional.

La idea de suspender las importaciones de petróleo venezolano ha sido una consideración importante por parte de la oposición, debido a que Estados Unidos es su principal mercado, convirtiendo a la empresa petrolera vulnerable. No obstante, Aram Aharonian apunta que sería un acto contraproducente ya que Venezuela es el tercer proveedor de petróleo, de forma que la sanción tendría un efecto directo en la economía de los ciudadanos estadounidenses, generando un incremento en el costo del combustible y la energía de uso doméstico.

Por último, el presidente Maduro llamó a la creación de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) con el objetivo de reformar la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establecida en 1999. Tras las elecciones de este domingo, se obtuvo como resultado la participación del 41.53% de los convocados, en contraposición a la Asamblea Constituyente del año 1999, que fue aprobada por el 82% de la votación. Así, la elección de los integrantes de la ANC fue realizada por más de ocho millones de venezolanos. Sin embargo, como era de esperarse, hubo una serie de enfrentamientos y protestas en contra de la Constituyente, lo cual terminó, de acuerdo a la fiscalía general, en 10 personas muertas.

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Los poderes públicos estarán sometidos a las decisiones de dicha Asamblea, y sus miembros deberán enfocar su labor en materia de justicia y economía. De esta manera, al tener redactada la Constitución, se convocará a la participación de la población venezolana en un referendo para determinar su aprobación o rechazo.

En suma, podemos decir que es un hecho que Venezuela atraviesa por una de sus peores crisis políticas, económicas y sociales. En gran medida esta crisis se ha exacerbado por la caída de los precios del petróleo, los intereses de la derecha nacional y la injerencia de los actores internacionales mencionados. No obstante, sería impreciso decir que toda la crisis se debe a estos factores, pues el gobierno de Nicolás Maduro ha demostrado ser incapaz de llegar a una solución de los problemas que aquejan su país. La votación de la Constituyente, más allá de su intención de eliminar los contrapesos legislativos, mayoritariamente opositores al régimen, y generar un mecanismo de negociación, han reflejado la decadencia que experimenta el chavismo en la actualidad. La solución a este conflicto difícilmente radicará en una nueva Constitución, sin duda alguna, ahora es más importante que se reconstruya y se repiense la izquierda en Venezuela.

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