Así fue el Festival Internacional de Guitarra Eléctrica

Por Albert Weber
@AlberthusWeber

Fotos de Tania Velasco
@Taniaphoto3

Este 30 de abril se celebró el Festival Internacional de Guitarra Eléctrica de la Ciudad de México en el Foro Ana María Hernández. Desde las seis en punto se veían llegar asiduos aficionados del vibrato y el tapping para conglomerarse finalmente en una heterogénea multitud de aproximadamente 70 personas, greñudos unos, con reconocibles playeras oficiales de tours otros y una gran masa de discretos y silenciosos melómanos hambrientos de una noche de armónicos.

La velada fue abierta por las blueseras improvisaciones de Icar Smith, de talento nacional, quien en años anteriores construyó una sólida trayectoria tocando en vivo con nombres grandes como Christian Death y Twisted Sister. Su estilo seguía refinado como siempre, y con el apoyo de unos tracks de fondo facilitó unas improvisaciones de blues pesado que hicieron mover las cabezas de casi todos los presentes. Pero Smith demostró por qué fue nombrado en los 90 el guitarrista más rápido del país, pues unos solos al más puro estilo del heavy ochentero no podían faltar. Y no deberían, pues Smith fue el guitarrista fundador de la banda de glam metal Cristal y Acero por ahí del 84, en la cual demostró sin duda alguna ser uno de los mejores guitarristas mexicanos de su época. Al final sus improvisaciones demostraron el efervescente talento del artista, pero mostró también que dichos solazos con unos tracks de fondo reproducidos desde un celular no le hacen justicia a tanta capacidad musical.

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La participación más interesante de la noche fue la del eslovaco Peter Luha, quien dejó impresionado a todo el público asistente con una manera particular y realmente única de maniatar la lira. No tan sólo fue el adiestrado uso de la caja de loops lo que hizo que sus eclécticas composiciones estuvieran acompañadas de motivos percusivos y bases rítmicas que se elaboraban ahí mismo, canciones que se iban construyendo, pieza por pieza, para al final tener una composición completa que tenía ese particular rasgo del momento. Era, a fin de cuentas, una construcción sonora sin igual, única para ese instante y que jamás sería reproducida en otra circunstancia. Aunado a eso, fue la soberbia demostración de su particular técnica de slap aplicado a las seis cuerdas lo que le dio un espíritu no repetible. Había escuchado esta técnica ser ejecutada anteriormente un sinnúmero de veces en el bajo eléctrico, el instrumento para el cual fue ideada desde el funk setentero por Larry Graham, pero escuchar su particular tono en la guitarra reveló para mí una cara inexplorada del instrumento más característico de la música rock. Pastorius, Claypool, Wooten, el mismo Graham, todos repercutían como ecos en mi mente con los agresivos golpes de pulgar de Luha. De repente tenía quince años de nuevo, y pasaba horas repasando las peculiaridades técnicas del slap en mi bajo de principiante, las ampollas salen con los días, y el avance se vuelve cada vez más frustrante, y en mi mente no deja de estar presente el pensamiento: ¿cómo mierda se aprende esta obscura técnica del demonio? El slap ya hasta se me olvidó, pero los dedazos de Luha retruecan todavía en mi subconsciente, recordándome que no ha llegado el día en el que el virtuosismo no tiene nada nuevo que decirme. Su presentación fue tan original, que en un evento propio de la exposición virtuosa, recurrió poco al esencial recurso del solo, matizando su presentación con una capacidad de improvisación rítmica poco recurrida por el guitarrista de rock tradicional. Luha demostró ser un músico completo, pues también improvisó con una flauta dulce que sacó de la nada cuando había hecho una base rítmica con un groove digno de la afrocultura, e interpretó el mejor cover posible de la claptonesca “Cocaine”, con una voz grave y profunda que sólo podría referir al blues.

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El cierre del festival lo hizo Hector Hellion, presentado como el menor de los tres guitarristas pero no por eso el menos talentoso. Cuando fue presentado no sabía qué esperar, el público se quedó en silencio y de repente entró, muy tranquilamente, una gabardina rojinegra, personalizada a la perfección, y una máscara roja, viva, sobria, que parecía asemejar arquetípicamente al hombre mismo, y que rememoraba una estética que viene desde el art-rock de los años setenta. Desde el inicio de su presentación pude darme cuenta que su estilo difería bastante del de los otros dos expositores. Usó tracks pregrabados, pero a diferencia de las bases de blues rock sobre las cuales improvisó Smith, las de Hellion eran bases de industrial, casi rave en algunos casos; impresionantemente también utilizó la técnica del slap que anteriormente mostró Luha, pero con un matiz mucho más agresivo y atascado, abandonando parcialmente al funk o la fusión para exponer un estilo técnicamente impecable que buscaba más bien los trances cósmicos y las texturas de lo trascendental, un tema tal vez demasiado grande para ser correctamente captado en el pequeño auditorio en el cual se celebró el festival, pero su talento y lo interesante de su concepto artístico no pasaron desapercibidos por absolutamente ninguno de los asistentes.

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Al final, como era de esperarse, los tres músicos compartieron el escenario y armaron el tradicional jam de cierre. No faltó el turno de solear de cada uno, haciendo evidente la versatilidad musical del evento, pero tal vez el estilo de cada uno difería demasiado del otro, por lo que el jammeo tomó unos cuantos minutos para que en realidad tomara forma concisa y pudiera apreciarse de verdad. Una forma tal vez muy tradicional para cerrar un evento esencialmente alternativo, aún dentro del esquema del virtuosismo guitarrero.

Esperemos que no sea el único Festival Internacional de Guitarra Eléctrica de la Ciudad de México, el cual trajo a tres artistas originales que le dan un toque especial al virtuosismo, y demuestran que no toda técnica refinada tiene que recurrir necesariamente a solos monótonos y a un carácter cuasi-masturbativo y vanidoso. Las redes para otorgar a este tipo de artistas la difusión que se merecen deben seguirse construyendo, y este Festival dio un paso muy positivo en aras de hacerlo realidad.

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