#BalcónPresidencial: Vicente Fox o el chiste se cuenta solo

No hay que hacer ningún esfuerzo, ni un gran ejercicio de memoria para balconear a Vicente Fox. Vaya, sus metidas de pata ya son parte del imaginario colectivo del mexicano. Y si algo hay que reconocerle es que Don Chente metió las cuatro en todos los aspectos posibles, y se ganó así la crítica y burla de prácticamente todos los sectores.

Llegó al poder con la promesa del cambio y la alternancia después de 70 años del PRI en el poder, con una campaña organizada por Carlos Alazraki (sí, esa bella persona que publica en La Razón), quien se propuso ofertarlo como si fueran Coca colas. Y al igual que la Coca, Fox resultó ser refrescante al inicio, y de grandes consecuencias para la salud después de unos meses.

Hagamos un breve recorrido: en campaña apodó La vestida a su contrincante del PRI, prometió que resolvería el conflicto en Chiapas en 15 minutos, además de sacar a las tepocatas y víboras de Los Pinos. A un año de asumir el poder, se casó con la que fuera su secretaria particular, quien nos heredaría dos joyas apellidadas Bribiesca, responsables de aquel detallito de Oceanografía. La pareja (que se hablaba a chiflidos, como Pedro Infante y Blanca Estela Pavón) también se caracterizó por el derroche: quién puede olvidar el toallasgate, en que se evidenció que el preciso invirtió más de 4 millones de pesos en sábanas y toallas que incluían un bordado especial (y es que a don Chente le gustaba dejar su marca, por lo que cercenó el escudo nacional durante su sexenio para que la imagen de la presidencia de la república fuera una F de Fox), o aquellos exclusivos conciertos de Elton John en el castillo de Chapultepec y en el rancho San Cristobal en Chiapas, para ayudar a la oscurísima fundación Vamos México.

Quién puede olvidar también las botas de charol que traía puestas al decir José Luis Borgues; o la Biblioteca Vasconcelos que costó más de 900 millones y cerró a los 7 meses por goteras. Dinero que bien pudo invertirse en reforzar la seguridad del penal de Puente Grande para evitar que se fugara el Chapo. Cabe decir que los esfuerzos por meter a alguien al bote los gastó en intentar quitarle el fuero a López Obrador, con lo que se ganó el odio acérrimo de la sociedad capitalina.

Con lo hablador que es Fox, la diplomacia nunca fue su fuerte: en el 2002 protagonizó una memorable llamada con Fidel Castro que helaría las relaciones de México con Cuba. Y todo para quedar bien con don Bush, con quien quiso arreglar la situación migratoria declarando que los mexicanos hacían trabajos que ni lo negros querían hacer.

Al final, Fox terminó su sexenio mal y de malas. Su delfín Santiago Creel se apagó junto con el fuego en el Casino Royale, y tuvo que ceder la candidatura del PAN a un Felipe Calderón que sólo aumentaría las balaceras.

Para recordar el famoso “Comes y te vas” les dejamos este son, y recuerden que ante tanto desatino no queda más que el baile.

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