#BallenasBlancas. Carolee Schneemann: «¿Por qué no dejas que Vulva sea quien hable?»

Para Leah, que me alineó con Carolee ese septiembre.

Baltimore, septiembre de 2018. Se apagan las luces del auditorio y guardamos silencio. De la oscuridad emerge una figura menuda y se coloca detrás del pódium, como corresponde a las homenajeadas. A Carolee Schneemann, la artista a quien vinimos a ver, lo de quedarse quieta detrás de una estructura le dura poco, le desespera y, con todo y que necesita bastón para desplazarse, pide que le cambien el micrófono por uno de diadema.

Comienza a apropiarse de todo el escenario para poder hablar con todo su cuerpo. Apunta las imágenes proyectadas con el susodicho bastón, hace chistes sobre su origen, sobre cómo se ve ella misma en las fotos en las que aparece; quita, en fin, toda la pátina de solemnidad que suele haber en un evento de estos, en los que los artistas se regodean en sus laureles y trayectorias. Transforma ésta en una reunión vital, llena de invitaciones a ver el arte y la vida con nuevos ojos, con osadía, así como lo hace la mujer de casi ochenta años que lleva la batuta por casi dos horas frente a nosotros.

Personae: JT and the 3 Kitchs

Corporalidades

Carolee Schneemann fue una mujer disruptora en toda la extensión de la palabra. Desconocemos su apellido real porque buscaba disociarse de cualquier expectativa que viniera aparejada con la pertenencia a su familia de origen, de la que hacía pocas referencias. Comenzó su carrera de artista como pintora. Le quitaron una de las primeras becas importantes que tuvo por obscenidad, ya que hizo un desnudo masculino, un retrato de su pareja, y un autorretrato, también desnudo, en donde ella se representaba con las piernas abiertas.

Este vaivén entre el reconocimiento y el escándalo marcaron gran parte de la carrera de Schneemann. No podía negársele el carácter propositivo de sus piezas, pero sus exploraciones de una corporalidad femenina que no se ceñía a lo seductor y fácilmente sexualizable y consumible, resultaron (y muchas de ellas aún resultan) demasiado chocantes y transgresoras para el discurso dominante sobre los cuerpos femeninos.

Still de Fuses

Interior Scroll

Carolee se colgó de un arnés para dibujar con crayolas en una esquina en blanco en Up to and including her limits, una pieza que ella concibió como una discusión con Jackson Pollock acerca de la gestualidad, de la corporalidad pictórica y sus posibilidades tridimensionales. Para Lateral Splay trabajó con un grupo de danza que creó una coreografía a partir de sus dibujos. Con Meat Joy generó un performance orgiástico con otro grupo de bailarines que incluía alimentos olorosos, buscando un trabajo corporal que hablara de placeres corporales que no tuvieran que ser sexuales. En Fuses documentó durante tres años sus relaciones sexuales con su pareja (el mismo señor al que había pintado desnudo unos años antes), desde el que imaginaba que sería el punto de vista de su gato, en una serie de videos y fotografías por las que hubo que llevar un permiso psicológico para ser reveladas, y que todavía hoy se censuran en exposiciones.

La obra por la que seguramente la hemos visto retratada en algún libro de arte contemporáneo es Interior Scroll, de 1975. Habremos visto alguna de las trece fotos de Anthony McCall que documentan el momento en el que Schneemann, desnuda, se extrae un papel de su vulva y lee el texto escrito en él (de su publicación “Cézanne, ella era una gran pintora”), en el que cuestiona la supuesta racionalidad masculina como el centro de todo, y erige su propio cuerpo, su cuerpo femenino como el origen de su narrativa.

Interior Scrolls

Mala imagen

Después de ese performance, Carolee Schneemann cuenta que perdió varios trabajos que tenía en puerta en algunas universidades. Los trustees de museos, esas personas a cargo de la buena imagen de sus respectivas instituciones, pusieron sobre aviso a quienes quisieran comprar obra de esta mujer problemática y argüendera, de quien los críticos decían que sólo sabía hacer obra narcisista, y que era incapaz de quedarse con la ropa puesta.

Sin embargo, al revisar la producción de Schneemann, nos encontramos con trabajo que explora por igual este aspecto de la intimidad y los placeres corporales. Con piezas como Viet-Flakes, Snows, o More Wrong Things,  se hace evidente la intrusión de una violencia, de las violencias a gran escala, sociales, políticas, e incluso ecológicas, así como con reflexiones más intelectualizadas acerca de cómo y en donde se inserta su trabajo y su imaginario en relación a otros referentes dentro de la historia del arte (Ask The Goddess, Cycladic Imprints, Vulva’s Morphia).

Abuela Combativa

Con cincuenta años de trabajo a sus espaldas, Carolee Schneemann, en aquella charla de septiembre de 2018 parecía más vital que nunca. Habló del libro que estaba leyendo por esos días, mencionó a alguna artista joven cuyo trabajo le entusiasmaba, y, particularmente, estaba furiosa por el rumbo que tomaba, y que toma la política en nuestros días. Después de haber hablado de su trabajo desde sus dibujos de niña hasta sus más recientes exploraciones en video, terminó haciendo énfasis en la necesidad de que fuéramos activistas de cualquier manera en que pudiéramos.

Carolee Schneemann estaba deseosa de regresar a su estudio en Nueva York, de seguir trabajando, investigando, de seguir con el argüende, como buena abuela combativa, incansable. Quizá ya no podría colgarse de un arnés o revolcarse por los suelos como antes, pero todavía tenía muchas cosas por hacer. Por eso resultó una sorpresa cuando, escasos meses después, el 6 marzo de 2019, entre la avalancha cotidiana de información, resaltaba la noticia de que nos habíamos quedado sin una de esas artistas que a lo largo de medio siglo habían buscado otras maneras de construir un lenguaje visual, otras formas para ver y para apropiarse de su cuerpo y de los cuerpos, para darles otras posibilidades de gozarse.

Una mañana de marzo me enteré de que Carolee Schneemann había muerto, y me sentí un poco huérfana en ese terreno de lo simbólico para el que 2019 ha resultado tan implacable. Sólo nos queda hacerle honor a su legado y tratar de ser tan irreductibles como ella en lo que sea que hagamos.

_____

Alejandra Espino – @ComandanteA

#BallenasBlancas. Anna Atkins, la primera fotógrafa de la historia

Comments

comments