#BallenasBlancas. Margarita Porete: Espíritu libre y renuente

Una voz que transmite el todo y la nada a la vez. Ese es el eco de Margarita Porete, una mística beguina. Nacida en el año 1250 en el Condado de Henao, Países Bajos, su legado apenas resuena hasta nuestros días.

Mi relación con Porete es muy reciente. No me sentiría cómoda escribiendo un ensayo sobre su filosofía o explicando sus ideas a un grupo cercano de personas interesadas en saber sobre su vida. Sin embargo, en el poco tiempo que la conozco, creo haberme vinculado e identificado con su pensamiento a un nivel tan íntimo y profundo que es difícil explicar con palabras. Por lo menos, no con las palabras que serían capaces de analizar aquello que logró plasmar en su obra. Pero sí desde un sentido de apropiación de lo que su voz –emitida a través de una forma de escritura mística– ha logrado permear en el tiempo.

El primer grupo feminista de la historia

Acercarse a un texto filosófico, sin precedentes ni orientación, no es una tarea sencilla. Antes de abrir su obra más representativa, El espejo de las almas simples, –por la cual fue condenada a morir en la hoguera en el año 1310 en la Plaza de Grève, París– tuve a bien investigar un poco más sobre su contexto e historia de vida. Fue a través de esas voces que se han dedicado a desempolvar su archivo para darle valor y reconocimiento a sus palabras, que fui integrándola en mi vida poco a poco.

Porete, junto con otras mujeres beguinas, vivía bajo la influencia del cristianismo europeo del siglo XIII. No obstante, su capacidad crítica iba más allá de las estructuras rígidas de la Iglesia católica, caracterizada por un autoritarismo despótico y corrupto. La disposición de este grupo de mujeres a permanecer siempre fieles a sí mismas, así como su valentía para defender sus ideales frente a un grupo predominantemente masculino, ha distinguido a las beguinas como el primer grupo feminista de la historia.

En ese contexto, las letras “vulgares” de Porete nadaron siempre a contracorriente de la teología escolástica y clerical masculina (escrita en latín), al tiempo que redactaba una obra sumamente controversial para su época. En cierto modo, su manera de estar y conducirse en vida se sigue permeando hoy día en las luchas de tantas minorías que buscan una representación histórica o, simplemente, alcanzar la libertad de expresión sin la condena a que sus voces sean omitidas o silenciadas por quienes asumen el poder para hacerlo.

El Amor, el Alma y la Razón

Hoy sé sobre Porete que fue una mujer sumamente sabia pero humilde en igual medida. Esto último no en el sentido de la sumisión sino en el de la más grande libertad y autenticidad de ser. Su espíritu consagrado al servicio de los más necesitados, no le restó capacidad para amarse a sí misma y encontrar a Dios en el amor propio, así como la mayor libertad para su alma.

Me parece que es esta relación, entre el amor propio que emana de la humildad. El amor divino que posibilita un encuentro místico con la libertad, la que traduce en su obra más significativa a través de un diálogo continuo entre tres figuras: el Amor, el Alma y la Razón. Habla aquí el Alma:

Esta Humildad, que es abuela y madre,
hija es de Divina Majestad y nació de Divinidad.
Deidad es madre y abuela de sus ramas,
cuyos retoños producen fruto en abundancia.
[…]
hablar la perturba,
pensar la hace umbría,
el Lejoscerca la descarga
y nada le es obstáculo.
Está a salvo de todo servicio,
pues vive en libertad.
quien sirve no es libre,
quien siente no ha muerto,
quien desea quiere,
quien quiere mendiga,
quien mendiga no alcanza
la divina saciedad.
[88]

En otro pasaje de su libro, el Alma admite cómo, gracias a su encuentro con el Amor, ha sido capaz de reconocer que la libertad sólo es asequible al momento de romper con las Virtudes. Dice el Amor al Alma: “Esta Alma posee tal amor…puede decirles a las Virtudes que ya ha estado largo tiempo y muchos días a su servicio.” A lo que el Alma responde: “Os lo confieso, dama Amor…hubo un tiempo en que lo estuve, pero ahora es otro momento; vuestra cortesía me ha apartado de su servidumbre. Por ello ahora les puedo decir y cantar abiertamente”:

Virtudes, me despido de vosotras para siempre
Tendré el corazón más libre y más alegre,
Serviros es demasiado costoso, lo sé bien,
Puse en otro tiempo mi corazón en vosotras, sin reservas,
Era vuestra, lo sabéis, a vostoras por completo abandonada,
Era entonces vuestra sierva, ahora me he liberado
[…]
Nunca fui libre hasta que me desavecé de vosotras;
Partí lejos de vuestros peligros y permanecí en paz.
[6]

A salvo de la Inquisición

Es difícil –si no imposible– saber qué pasaba por la mente de Porete al escribir estos pasajes o si realmente fueron un reflejo de su vida. Pero interpreto que su idea de romper con las virtudes no conlleva alejarse de un comportamiento ético, sino ser capaz de encontrarse a una misma desde el autocuidado y –sólo entonces– para el cuidado mutuo. Es la forma más auténtica y libre de ser. Los estándares morales que nos imponen una manera (no autocrítica) de relacionarnos con otras personas son formas superficiales y banales, llenas de palabras felices pero vacías de acciones auténticas, genuinas. Es ahí donde mi trayecto de vida empata con el de Porete y simplemente asumo el poder místico de sus palabras:

Y mientras las servía
Y las amaba bien,
Amor por suerte me hizo
Oír hablar de él.
Y a pesar de que, simple como era,
No podía comprenderlo,
Me embargó la voluntad de amar a Amor.
[122]

Para muchos, imagino, una mujer como Porete, con esa voluntad tan genuina de amar y de amar-se –lejos de los preceptos de una Iglesia que prometía la libertad después de la muerte, a costa de un sometimiento en vida–, debió significar una verdadera revolución capaz de tambalear sus pilares. La solución frente a tal peligro fue, como era de esperars, un intento por erradicar su legado y la confrontación en un juicio que terminaría por acabar con su vida, pues se mantuvo renuente a retractarse de sus ideas públicamente así como a retirar su obra.

Pese a los esfuerzos de sus inquisidores, ésta no dejó de circular. Incluso se dice que fue leída por filósofos de la talla del Maestro Eckhart y Friedrich Nietzsche, en quienes tuvo gran influencia. Seis siglos después, en 1946, se identificó a Porete como la autora de uno de los libros místicos más significativos de su tiempo.

Hoy la recordamos a través del autoreflejo de un alma sabia y simple, capaz de transmitir el significado del amor absoluto así como el de la forma más sencilla y rebelde de existir: despojándose de todo aquello que le estorba a un espíritu cegado y sometido, con el único propósito de alcanzar a percibir la verdadera libertad.

Es esta la Deidad pura
De la que no sabe hablar Razón.
[122]

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Mariana Flores – @maropuntocom

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