#BallenasBlancas: “Yo fui mi propia creadora”. La poesía de Forugh Farrokhzad

por Ana Martínez de Buen
@Anamdb

Notamos -y agradecemos- que cada vez es más común que mujeres hablemos de otras mujeres que han pasado a la historia de forma silenciosa. Se siente una gran avidez en nuestra generación por conversar sobre nuestras #BallenasBlancas, aquellas que merecen ser pronunciadas para demostrar que el tiempo no ha roto el hilo de su obra, y que gracias a ellas, muchas otras podemos seguir bordando la nuestra. Hoy les presentamos a Forugh Farrokhzad, poeta persa de mediados del siglo XX. La importancia de Forugh recae no sólo en lo que dice, sino en el acto mismo de haberlo dicho.

Nació en Teherán en 1935, en una familia de clase media alta. Estudió pintura y bordado, oficios respetables para una mujer de su clase y época. A los dieciséis se enamoró perdidamente de su vecino -y primo lejano-, y a pesar de las objeciones familiares, se casaron y tuvieron un hijo llamado Kamyar. Después de tres años, Forugh tomó la decisión más difícil de su vida y dejó a su marido, aun sabiendo que eso significaba no volver a ver a su hijo, pues las leyes de esa época siempre beneficiaban al padre para quedarse con la custodia, uno de los tantos mecanismos de control para que las mujeres no se atrevieran a pedir el divorcio. A Forugh no le permitieron siquiera derecho de visita ocasional. Tal vez fue por eso que que en 1955 sufrió un colapso nervioso, mismo año en el que publicó su primera colección de poesía Asir (La Cautiva), y tuvo que ser internada en una clínica psiquiátrica en Teherán.

Ya recuperada, publicó Divar (El Muro), su segunda colección. Poco después comenzó a interesarse por la cinematografía, actuando y produciendo. La sociedad iraní de la primera – y segunda- década del siglo XX no era tan distinta al resto del mundo: para entrar en los círculos literarios y artísticos era necesario contar con ciertas características, por ejemplo, ser hombre y responder con respeto y erudición a las formas académicas de las distintas disciplinas artísticas. Forugh era todo lo contrario: una mujer joven que hablaba de su vida íntima, de su cuerpo y su deseo, y de la injusticia social que presenciaba todos los días. Y, por si fuera poco, lo hacía con un estilo libre y una honestidad que confrontaba a cualquiera que visitara su trabajo. Fue tal el revuelo causado por su poesía y su estilo de vida, que Forugh tuvo que irse de Irán en 1956, un poco antes de la publicación de su tercera colección de poesía Osian (Rebelión). Estudió cine y arte en Italia por un tiempo, también pasó una temporada en Munich junto a su hermano. Ahí comenzó a conocer y traducir autores occidentales que acabaron influyendo en su estilo conforme éste maduraba.

En 1960 Forugh cayó en una depresión muy fuerte a causa de la separación de su hijo, problemas económicos y familiares, los que la llevaron a un intento fallido de suicidio con pastillas para dormir. Decía Foster Wallace que la manera en la que la gente se suicida está directamente relacionada a la causa por la que lo hacen. Podríamos suponer que nuestra poeta en realidad ansiaba descanso. Debe haber sido agotador nadar contracorriente en tantos aspectos: políticos, sociales, culturales, familiares y afectivos. Su cuerpo y su escritura parecen más un trinchera de guerra que una expresión artística.

Los cadáveres felices
Los cadáveres afligidos
Los cadáveres elegantes, afables, golosos
Estacionados en instantes definidos
Al fondo dudoso de las luces precarias
Y su codicia de comprar frutos podridos a la vanidad
Ah!
Toda esa gente al acecho de accidentes en las encrucijadas
Esos silbatos que ordenan parar
En el momento preciso, es preciso, es preciso
Que un hombre se haga atropellar bajo las ruedas del tiempo
El hombre que pasaba a lo largo de los árboles mojados.

Con la ayuda de Ebrahim Golestan, un aclamado escritor y cineasta de la época, logró realizar varios documentales, el más importante fue The House is Black, basado en las vidas de una colonia de leprosos en Tabriz. Durante la producción, ella vivió en la comunidad por una decena de días, relacionándose con los habitantes sin tapujos. Adoptó a uno de los niños al final de la filmación, lo que habla de la profundidad con la que se entregaba a los proyectos que realizaba. Para ella las obras y la vida no estaban separadas, ser artista significaba ser y punto, no necesitaba de la etiqueta que la avalara como tal.

Hay tremenda valentía en vivir de esa manera, se necesita una gran sinceridad con uno mismo para defender cualquier tipo de llamado. Respecto de sus primeros poemas, ella decía: “ lo único que sé es que había muchos yo, en esos días, y todos eran sinceros. Y sé que también fueron muy fáciles. Todavía no estaba formada, no había encontrado mi propio lenguaje”.

Sus propios medium y lenguaje llegaron más tarde bajo la influencia de Nima Yushij, considerado el fundador de la poesía persa moderna. Al respecto, Forugh dijo “él fue mi guía, pero yo fui mi propia creadora”. Siempre se apoyaba en experiencias propias. Lo que hizo fue encontrar el camino por el que Nima llegó al lenguaje y forma de su poesía para después entender la propia. De no haberlo hecho así, se hubiera quedado como una inescrupulosa imitadora.

Fue la primera poeta iraní en ser considerada altamente inmoral por su forma tan sincera de hablar. Cuestionaba a un dios que trae a todas las criaturas al mundo para dominar sus destinos. Los hace amantes de la belleza y los inunda de amor, para después culparlos por sus acciones.

Su deseo era ser “la voz de su propia existencia”. Quizá en estos tiempos en los que los medios para expresarnos son tan variados esa premisa parece cargada de dramatismo. Dejando de lado las facilidades tecnológicas y los avances en cuanto a equidad, me detengo en este punto un momento. Estamos rodeados que un millar de sonidos y mensajes por minuto, rebasados completamente en nuestras capacidad de discernimiento. ¿Cómo tener certeza entonces de cuál es nuestra voz? ¿Cómo suena? ¿Qué dice? Todos parecemos tener un merolico interno que repite una y otra vez los discursos aprendidos. Es una farsa del ego. Quizás imaginamos que encontrar nuestra voz es una forma idealizada de encontrar nuestra verdad. Pero creo que no es así, creo que se trata de un acto terrorífico; plantarnos en un espacio de silencio significa renunciar, aunque sea temporalmente, a aquello que pensamos que nos conecta y prestar escucha al mundo, una escucha simultánea, afuera y adentro. Es un acto que solamente cobra sentido en soledad, y nuestra sociedad y el tejido afectivo que hemos construido virtualmente parecen diseñados para crearnos un vértigo terrible si pensamos en soltarnos. Desde ahí, creo que Forugh habla del acto de mayor valentía que podemos hacer. Encontrar nuestra voz implica humildad y sinceridad, y una escucha atenta hacia afuera.

La voz, la voz, solamente la voz
la voz del deseo traslúcido por que fluya el agua
la voz de la estrella derramada en la superficie del pistilo de la tierra
la voz de la concepción de las semillas del sentido
y la expansión de la mente común del amor
La voz, la voz, la voz, solamente la voz permanece.

(It is only the voice that remains, fragmento)

Al final de su poesía, la soledad y la decadencia se convierten en temas centrales. Conforme va encontrando su voz y perfeccionando su escucha, su obra expande el horizonte autorreferencial para hablarnos de la mujer como alguien encarnado más allá de ella.

Murió a los 32 años por heridas en la cabeza tras un accidente automovilístico. Fue enterrada, mientras caía la nieve, en el cementerio de Zahir-al Dowleh, a las faldas de Teherán.

Su obra se sostiene por sí misma, es verdad, basta con ver la evolución de su poesía y la narrativa cinematográfica tan encarnada que ofrece en sus documentales, sin embargo las entrelíneas de todo esto son igual de poderosas. Podemos pensar que cada espacio en blanco, entre todas las letras que ocupan las páginas de sus libros, hay también una historia. Ese espacio que en apariencia es solamente un sostén para la obra impresa podría ser una metáfora de todos los ecos que la poesía de Forugh lanzaba al publicar. Resuena entre renglones un atrevimiento al hablar de la mujer desde su propio cuerpo y deseo, desde la pérdida y desde esa periferia casi maldita llamada locura, donde todo aquel que habita distinto el mundo es relegado.

Ah, qué fragancia, qué sol!” dijo el pájaro
“La primavera ha llegado,
Iré a buscar a mi compañera”.

El pájaro emprendió el vuelo desde la veranda
voló como un mensaje apresurado

El pájaro era pequeño
El pájaro no pensaba
No leía los periódicos
ni tenía préstamos pendientes.
El pájaro no conocía a la gente.

En el aire
arriba de todas las luces rojas del peligro
en las alturas del olvido volaba el pájaro
y experimentaba locamente
los momentos del azul azur.

El pájaro, ah, era solamente un pájaro.

(The bird was only a bird)

Una vida corta y tumultuosa. Más de sesenta años después de su muerte, sigue siendo una autora lo suficientemente incómoda como para que sea casi imposible encontrar sus libros traducidos a un idioma que no sea inglés o francés. Nosotras les compartimos las traducciones que encontramos o hicimos nosotras mismas, pero les invitamos a que exploren la obra de Farrokhzad más allá de este texto.

También nos gustaría recibir sugerencias sobre sus #BallenasBlancas, aquellas mujeres que han sido importantes para ustedes y que continúan cubiertas por un silencio histórico. Ha sido muy bello poder hablar de referentes femeninos que en su momento no pudieron hacer lo mismo. A partir de ahora, todas podremos mirar hacia arriba y saber que siempre estará la obra de alguna para extendernos la mano.

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