Bosques

Por Óscar Muciño
@opmucino

Cirlot en su exitoso diccionario anota que el Bosque simboliza, además del inconsciente, un opuesto de los lugares seguros como la casa, la ciudad o el campo de cultivo. Un lugar lleno de demonios y peligros. La espesura de flora de ecosistemas como bosques o selvas, principalmente de noche, ha sido no sólo lugar peligroso para el hombre, también ha estimulado su imaginación.

A las plantas también las hemos puesto en cautiverio, las ponemos en macetitas en los corredores e interiores de las casas. Y si ésta cuenta con un jardín, puede uno sentirse en paz con su lado vegetal: podando un arbolito, regando unas flores. Poco nos preocupamos de los sentimientos de árboles, plantas y flores al germinarlas fuera de un hábitat propio para su desarrollo, uno tira la semilla y ya. Esta indiferencia tal vez ocurra porque no emiten un sonido y sólo acontecen, con silencio y quietud, no andan merodeando.

Jean Cocteau en su libro Opio imaginaba que en el futuro se inventaría el aparato adecuado para escuchar los lamentos de vegetales al ser arrancados de la tierra o el de frutas al ser rebanadas.

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Un individuo citadino poco contacto tiene con bosques en estado salvaje. Nuestros espacios boscosos públicos están delimitados y domesticados; sólo pequeños bosques y parques. Les llaman pulmones de la ciudad. Se les ha asignado una labor dentro del cuerpo de la ciudad.

En las escuelas hay “áreas verdes”, con árboles, pasto, arbustos y tierra; espacios destinados al reposo del estudiante. En estos acotados locus amoenus de muchas escuelas ocurren los primeros acercamientos a sustancias nocivas para la salud o a cuerpos ajenos. O simplemente la gente se reúne a comer, como dicen, uno ve pasto y se siente en balneario.

Cincalco

Al oriente de la ciudad está el bosque de Aragón, recientemente remodelado en su lago y hace algunos años en su zoológico. Pero el bosque más conocido en la ciudad de México es el de Chapultepec, lugar sagrado por sus aguas curativas que ha devenido en parque de diversiones. Dentro de su perímetro hay museos, juegos mecánicos, obras de arte, áreas boscosas olvidadas, ruinas prehispánicas, castillos; incluso ahí está ubicada la entrada al inframundo, conocida como Cinacalco, cueva a donde acudió Moctezuma II cuando supo de la llegada de las españoles. Y donde, cuenta el mito, se perdió Huémac, rey tolteca, tras varios años de sequía que destruyeron su pueblo.

El acceso al Cinacalco hoy está clausurado, y nunca hubo una misión de exploración; tal vez porque el inframundo ya no está allí, se salió de su cueva.

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