C-Kan recibe homenaje en Tepito. Crónica desde el callejón Tenochtitlan

Texto de Óscar Muciño
@opmucino

Fotografía de Adal Chávez
@parkrew

En términos oficiales Tepito no existe, lo que conocemos como el “barrio bravo” está ubicado oficialmente en la colonia Morelos, esto sólo es anecdótico pues por mucho es de las zonas más emblemáticas y estratégicas del laberinto social que es el Centro Histórico de la ciudad de México. El nombre, según el Diccionario de aztequismo de Cecilio A. Robelo, derivaría del vocablo náhuatl teocali-tepiton (pequeño templo); Tepito es un sufijo que significa pequeño, el vocablo haría referencia también a una ermita allí ubicada y a su pertenencia a un barrio mayor, el de Tlatelolco.

Esta etimología contrasta con el valor histórico y simbólico de la zona, ahí durante 93 días se atrincheró el último tlatoani y también ahí emitió su “Ordenanza a los mexicanos de todos los tiempos, para mantener nuestro fuego vivo, recordando la heredad del Pueblo Sol, y continuar luchando al amparo de nuestro destino”. Como prueba, en el cruce de la calle Tenochtitlan y calle Constancia (de los hechos ocurridos durante la heroica defensa de Tenochtitlan) se halla la Plaza de la Concepción, en el atrio de su parroquia está escrito Tequipeuhcan, “lugar donde comenzó la esclavitud”, vocablo con el que bautizó al sitio el emperador Cuauhtémoc.

tepitoviejo

Actualmente el barrio de Tepito se dedica mayoritariamente al comercio y en sus calles puede comprarse casi de todo, sino no es que todo, entre las cosas que pueden hallarse en los puestos tienen un lugar privilegiado los discos piratas, de los que se producen y distribuyen cerca de 900 millones al año. No es descabellado pensar que esta cantidad nada despreciable discos son los que mayoritariamente se consumen en el país y uno de los más fuertes vehículos de difusión. No oficialmente Tepito representa un termómetro tanto de la música más vendida como de los gustos de la gente, sin contar que en sus calles se han generado modas de canciones y que en acertados movimientos mercantiles tras la muerte de algún cantante aparecen de inmediato los compilados de éxitos en los vagones del metro.

Ayer, domingo, los “vendedores de piratería de Tepito” homenajearon al rapero tapatío C-Kan, quien los visitó por primera vez y aprovechó el homenaje para grabar con 100 motociclistas de la colonia y con un ring de lucha libre el video de su canción “Quién contra mí”, sencillo de su disco Clasificación C Vol.2; y anunciar dos conciertos el 20 y 21 de junio, en el Centro de Convenciones de Tlatelolco y el Foro Norte en Naucalpan respectivamente. Tras la filmación el ring sirvió para dar una demostración de lucha y el rapero ofreció, aunque no desde el ring, un breve concierto. A este convivio estuvo invitado NoFM y las fuerzas especiales acudimos a reportear.

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La cita fue cerca de las cuatro de la tarde en el metro Lagunilla, de ahí los organizadores nos llevaron al lugar donde se llevaba a cabo el evento. Caminamos sobre el eje, dimos vuelta en la mencionada calle Tenochtitlan, avanzamos entre sus puestos que ofrecían películas, suplementos, perfumes; y entre sus voces que ofertaban distintas clases de dulces; poco después llegamos al callejón Tenochtitlan donde la arena improvisada ya estaba de bote en bote y la gente, ya saben, loca de la emoción porque en el ring un luchador le bailaba en clara burla a su contrincante.

Seguimos avanzando hasta llegar al patio de la vecindad donde C-Kan respondería algunas preguntas. Dentro se percibía un constante movimiento de los organizadores que esperaban la pronta llegada del tapatío, el patio tenía un altar a la virgen en la entrada para dar paso a un pasillo de cuartos con puertas de madera blancas y al fondo una escalera que llevaba al segundo nivel de la casa, deambulando alrededor nuestro un bonito perro pitbull de nombre Hashís.

Un barrullo se escuchó en la calle. C-Kan llegó sobre una moto naranja metálico que alguien más conducía, el rapero habló sobre su video, dijo que en él quiere exponer no el contexto violento del barrio sino el familiar, hizo patente su cariño a la gente que lo invitaba y mostró respeto por los habitantes de la colonia, después mencionó que también visitaría barrios de las ciudades de Tijuana y Guadalajara. También habló sobre el origen del título de la canción, una cita bíblica: “Si Dios está conmigo. Quién contra mí” (Romanos 8:31), para después posar para fotografías y finalmente introducirse en uno de los cuartos de la vecindad.

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Salimos de nuevo a la calle, en el escenario comenzaba la presentación de uno de los grupos que calentarían el ambiente, oriundos del barrio de Tepito Black Mambo, quienes vestidos con pantalón blanco, camisa negra, saco negro y pajarita guinda cantaron covers de merengue. A ellos les siguió Barrio Santo, grupo de rap del oriente de la ciudad, quién fue poniendo el evento en la sintonía adecuada para recibir a C-Kan.

Nosotros desde que sonaba el merengue ya estábamos instalados en el ring, justo frente al escenario, desde ahí podía observarse que todo el callejón estaba lleno, además de la gente que desde las ventanas y azoteas esperaba el acto estelar, también podía verse la organización del evento, varios hombres adultos en posiciones “de mando” que daban indicaciones a unos chavos, principalmente para que impidieran que más gente subiera al ring, pero en cuanto C-Kan salió a cantar fue imposible seguir la orden y el ring se llenó, todos los adolescentes y niños, que mayoritariamente conformaban el público, cantaban y extendían sus teléfonos para grabar al tapatío.

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Fueron cinco canciones en las que hubo una conexión ininterrumpida entre la gente y C-Kan, no sólo era la invasión al ring o el callejón repleto, era identificación y empatía, no hubo canción que no fuera coreada casi entera ni gesto que no fuera celebrado:

“..si yo soy su padre déjalos que digan misa,
ni un puto peso de la radio ni de televisa,
me dirán vendido si voy y firmó con Sony,
aunque a mí me distribuyen los piratas de San Jhonny,
desde mi inicio,
los piratas saben del proceso,
y total yo también compro de esos discos de 10 pesos,
original lo compra el que tenga feria pa’ eso,
y pienso,
yo no me voy a morir por eso,
que escuchen mi música eso es lo que cuenta,
total cuando me muera no me voy a llevar la cuenta,
ni la punto 40, ni 100 ni de 50,
pero encárgate de que mis hijos ya no paguen renta”

(La calle sabe de mi nombre)

El cierre fue “Viajando en una nube”, canción que de inmediato provocó que muchos asistentes se prendieran, cosa que no habían dejado de hacer a lo largo del evento, pero que esta canción en particular requería. C-Kan se retiró de escenario y con celeridad el callejón fue vaciándose, dejando al descubierto los puestos de playeras y las cortinas de las bodegas. La gente del evento nos encaminó por la calle de Aztecas hasta el Eje, ahí nos despedimos de ellos.

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Durante el trayecto al metro pensaba que un domingo en el que tras las luchas puedes subirte a un ring instalado en medio de un callejón de la colonia para escuchar merengue cantado por tus vecinos, rap reciente de tu ciudad y a un rapero de otro estado que filma por las calles su video con 100 motociclistas, son lujos que sólo pueden permitirse una “institución no reconocida oficialmente” como Tepito.

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