Calaverita para Ian Curtis (Peter Hook en México)

Reseña del concierto de Peter Hook

El Manchester Evening News realizó este año una encuesta alrededor del mundo con Google Trends e identificó a la capital del taco como la de más fans de Joy Division en el mundo. No parece gran mérito tomando en cuenta las dimensiones de monstruolandia con Manchester o cualquier otra ciudad inglesa, pero sí si la comparamos con sus verdaderos contendientes: Sao Paulo, Nueva York, Tokio. La encuesta arrojó también que es Santiago de Chile el lugar con más fanáticos de Morrissey y otros datos que puedes consultar aquí. Esto dio cobijo a la tercera visita de Peter Hook a México en tan sólo 4 años, quien claramente nunca tendrá problemas monetarios tocando aquí la música de Joy Division.

joy-division mexico

Pero lo cierto es que en sí mismo el marco era más que sufciente: 2 de noviembre, Día de Muertos, fecha obvia para celebrar a uno de los grandes íconos del rock ligado a la muerte, Ian Curtis, además de escuchar un set de New Order como platillo previo pero no menor. Aunado a esto, el Vive Cuervo Salón fue el lugar elegido, recinto que por su no desmesurado tamaño permite a todos los asistentes ver y escuchar bien sin importar en qué parte se encuentren.

En el escenario se había construido una ofrenda con calaveritas de dulce, máscaras de luchadores y cempasúchil que coronaba una foto de Ian Curtis, como seguramente hubo varias otras only in Mexico este fin de semana, y cerca de las 9 de la noche empezó un recital que se prolongó prácticamente 3 horas, dividido en cuatro entidades cerradas: la primera parte fue un pequeño set de New Order, la banda que no sólo heredó las influencias y los músicos de Joy Division, sino que, más sobresaliente aún, logró construir su propio mito e incluso situarse como una banda tan reveladora y fundamental como los mismos creadores del sonido post punk. La segunda parte del concierto, después de una pausa de unos 10 minutos, Peter y su banda ofrecieron el Closer, el álbum suicida por antonomasia y uno de los depresivos más fuertes que la música popular puede regalar. En un tercer momento, ya rayando la hora y media de concierto, comenzó lo que la mayoría del público esperaba desde las 7 que se abieron las puertas: un set donde sonó de inicio a fin el Unknown Pleasures, la primer y a la postre la obra icónica de los Division. Ya con el público cansado pero aún sin ansias de irse, los músicos vuelven una cuarta y última vez para rematar de lleno hits de la banda, donde sobresalieron Transmission, Ceremony y Love Will Tear Us Apart, que provocaron el shock generalizado. Con este último y definitivo zarpazo, el 2 de noviembre de 2014 se almacenó ya en la psique de todos los asistentes: Peter Hook fuera del escenario, trepado a un costado del Vive Cuervo, marcando un beat con su bajo mientras era seguido por cientos de palmas al unísono, mientras los reflectores a tope dejaban un halo de redención a acordes en realidad construidos bajo la oscuridad, la fugacidad de la juventud y la muerte.

peter hook vive cuervo

Al salir, la noche era cómplice de una extraña claridad lunar, que nos hizo pensar a algunos de los que regresábamos a casa en un par de cosas: el escuchar la interpretación en vivo de un álbum grandioso así como fue concebido, de inicio a fin, es una experiencia que no ocurre usualmente en los conciertos y que parece más importante de lo que normalmente se piensa; escuchar de la A a la Z una producción musical otorga no sólo el trayecto de cuatro grandes artistas en un momento específico, sino que también completa el panorama de lo que se quiere comunicar: hay sonidos que se escuchan sólo con la presencia. Ahora bien, el escuchar no uno sino 2 álbumes por entero, y en este caso, prácticamente la obra discográfica casi por completo de una banda, es un regalo que probablemente para muchos de nosotros se asume irrepetible.

Mientras dormíamos, algunos de nosotros no dejábamos de pensar en el maestro Curtis y en sus calaveritas de dulce, pero también en la música creada por el resto, las guitarras estridentes y emotivas de Bernard Sumner, el enorme hallazgo de la batería eléctrica con Stephen Morris, quien después tendría libertad total para seguir innovando con New Order, y, claro, el peculiar y paradójico “agudo pero grave” del bajo de Peter Hook, que se vuelve sello característico de mucha parte de la música inglesa de los ochenta. Al caer definitivamente el sueño, sabíamos que eran 4 músicos a la misma altura y no un cantante genio de espíritu tortuoso y sus 3 acompañantes los que realizaron una de las grandes aventuras musicales de los 70.

peter hook

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