#CasoClínico de locura & rock presenta: El duelo a David Bowie

Por Paulina Moreno
@wabisabe

Anoche estaba viendo My cousin Vinnie en Netflix, con la mirada esquiva repasaba el timeline de Twitter porque creo que ya perdí la capacidad de concentrarme en una sola cosa o, en una sola pantalla. Y ahí estaba, empezó como una marea de melancolía avasallante e incomprensible. Eran muchos mensajes, primero los de algunos medios que daban la noticia y luego de los que se negaban a creer en esas palabras, por un momento parecía que eran increíbles por estar tan fuera de esta galaxia simbólica. Yo también me negué.

David Bowie died peacefully today surrounded by his family after a courageous 18 month battle with cancer.

No entendí nada, ¿David Bowie tenía cáncer?, ¿David Bowie está muerto? No puede ser y sólo eso: no puede ser. Las ideas empezaron a atropellarme, tuve que confirmar la noticia en varios lugares pero seguía sin creerlo, porque David Bowie es inmortal. Puse The rise and fall of Ziggy Stardust que es mi disco favorito y con el primer rasgueo de la guitarra de 12 cuerdas empezaron a correr las lágrimas.

News guy wept and told us, earth was really dying
Cried so much his face was wet, then I knew he was not lying

Se me está cayendo el mundo, este mundo que compartimos con David Bowie y no paro de llorar. Así se fue, esta vez sin aviso, no fue una idea con la que pudimos familiarizarnos, fue una batalla que luchó valientemente pero en silencio y ahora sólo se terminó. Recordé las palabras de mi mamá que a veces me platica que, cuando su padre murió, sintió algo muy raro: por primera vez ese choque con el silencio, ese vacío que es la muerte, el fin, se acaba y no queda nada, antes de sentir el dolor o la tristeza sólo está el vacío. La muerte de David Bowie me ha hecho sentir eso, de repente no hay más y en mi desolación no hago más que pensar en que un día todo se va a acabar: todo lo que amo, todas las vidas de mis familiares y de mis amigos se van a acabar. Un día me iré yo también. Ya han pasado algunas horas, fue una mala noche y apenas desperté puse el Blackstar, no lo había escuchado completo. Qué grande es Bowie, nos dejó un regalo de despedida. Me metí a la regadera en medio de un fuerte dolor de cólico menstrual, lloré y sangré mientras el agua conducía todo hacia el vacío.

Es un lunes como cualquier otro pero hoy tengo la certeza de que he perdido algo, es una pérdida que resuena en todas mis otras pérdidas. Estoy en duelo como reacción a la muerte de mi ser amado y a todas las abstracciones que en él tenía representadas. El dolor proviene del terrible examen de realidad que me confirma que en este mundo ya no existe más David Bowie. Pero esta vez no es como cuando otros seres queridos se han ido. Porque hoy más que nunca pienso que esa forma en que había entendido el amor, ya no es. Yo tampoco creo en ese modern love.

Estos días he rodado con esa idea en la cabeza, es insostenible esa idea de amor. Ya no quiero amar desde esas estructuras, o esas posiciones como las llama el psicoanálisis, no quiero apropiarme de nada, ni conquistar, ni poseer y mucho menos desear desde una posición femenina ligada al sometimiento, al masoquismo (ni de una masculina sádica) porque estoy harta de la pregunta por “la mujer” y de vivir mi cuerpo con normas impuestas por otros, porque quizás ni estoy segura si soy a boy or a girl, quizás yo prefiera también ser una rock and roll bitch o un extraterrestre que viene a salvar a la tierra de la destrucción. Y esa fluidez camaleónica que representa Bowie, ese continuo ser en construcción y cambio que también experimenta curiosamente con la sexualidad en todo momento, nos acoge en la periferia de las normas sociales donde no existen sólo dos géneros, donde el amor no sólo es heterosexual y donde las ideas puedan tener orgías en el foso cubierto de peluche con los Rolling Stones.

David Bowie nos canta en nuestra desolación en un mundo donde sí estamos solos. Pero también me recuerda que otro amor es posible, un soul love que nos conecta con algo más grande o con todos, desde el cual incluso se puede hacer de la muerte una obra de arte para regalarla al mundo entero.

All I have is my love of love
And love is not loving

Finalmente sólo me queda recordar que la escasez del tiempo sólo añade belleza a lo transitorio.

“The depressing realization in this age of dumbing down is that the questions have moved from, “Was Nietzsche right about God?” to, “How big was his dick?” Make the best of every moment. We’re not evolving. We’re not going anywhere.”

 

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