#CasoClínico presenta: Elliott Smith

Por Paulina Moreno
@wabisabe

Elliott Smith es el alma en pena de la voz suave que casi a susurros nos invita con su música a disfrutar del dolor en una atmósfera casi siempre sombría, donde por medio de melodías intenta exorcizar los dolorosos recuerdos infantiles del divorcio de sus padres y el abuso sexual que sufrió a manos de su padrastro Charlie, así como proyectar lo que para él es existir como persona en este mundo.

Nace en Omaha, Nebraska en 1969 aunque crece en Texas, y gran parte de su vida radicará en Portland, donde vive con su padre que trabajaba como psiquiatra. Se sabe que fue un muy buen estudiante: ganó un premio nacional en la prepa, estudió filosofía y ciencia política en la universidad.

Armado con su guitarra acústica y letras escritas en los bares más sórdidos de Portland se enfrentó a una depresión mayor que siempre tuvo una influencia clave en su obra. En el año de 1994 lanza su primer disco solista titulado Roman Candle, cuando su entonces novia lo convence de grabar sus recientes canciones con una guitarra prestada para la disquera Cavity Search Records. Smith entonces pensó que la crítica le cortaría la cabeza en el momento que escuchara su música, que era muy distinta a lo que ocurría en la época con bandas como Mudhoney y Nirvana. La idea de presentarse en un show acústico le producía una sensación que decía “era como arrastrarse rogando por que le cortaran una extremidad con una sierra.”

Su siguiente disco titulado Elliott Smith fue compuesto y grabado casi exclusivamente por él con letras que hacían claras referencias a drogas, aunque después explicó que las utilizaba de manera metafórica para referirse a sentimientos de dependencia. Este disco le otorgó una reputación de ser una persona muy dark y deprimida.

El título de su siguiente disco Either/Or fue inspirado en la obra de Soren Kierkegaard. Está muy clavado en las etapas éticas y estéticas de la existencia, mismas que le servían para explorar su propia angustia, desesperación y muerte. Para estas alturas de su vida, Elliott Smith ya tenía un grave problema de alcoholismo y drogadicción (con las que empezó a experimentar desde los 14 años).

Uno de los eventos más llamativos en los siguientes años fue su actuación en la ceremonia de los Óscares con la canción “Miss Misery” que era parte del soundtrack de la película Good Will Hunting. En un principio se negó a aparecer pero los productores del evento le dijeron que la canción se presentaría con o sin él, así que nada entusiasmado decidió participar calificándolo de un evento muy surrealista al encontrarse extrañamente nominado junto a Michael Bolton, Trisha Yearwood y Celine Dion. Ese año ganó My Heart Will Go On y en el backstage del evento Dion supuestamente fue muy dulce con Smith pero a él le causó una gran impresión la idea de la fama de estos artistas y cada vez se volvió más ambivalente hacia ella. Aún después de esta presentación que atrajo mucha atención hacia él, continuó pasando su tiempo bebiendo en soledad en bares de Portland.

Su siguiente disco fue firmado con Dreamworks Records y alrededor de esa época se fue haciendo más evidente la depresión que acechaba a Smit, que incluso empezó a hablar abiertamente de que estaba considerando terminar con su vida. En un incidente en Carolina del Norte en el que se encontraba fuertemente intoxicado, se aventó de un acantilado aterrizando afortunadamente sobre un árbol. En estos momentos de depresión intensa acompañada del fuerte consumo de alcohol y drogas comentan varios de sus amigos que hay mucha gente con anécdotas de pasar la noche entera sosteniendo su mano y pidiéndole que no se matara.

Al parecer su depresión y sentimientos de inadecuación se fueron haciendo más profundos al crecer su fama, ya que lo confrontaban con la percepción tan baja que tenía de sí mismo. Además, al ser introvertido y estar siempre lleno de dudas sobre su trabajo y él como persona, se sentía muy confundido al tener gente a su alrededor pidiendo su autógrafo cuando lo único que quería era que lo dejaran sólo en su bar.

Ya para el año de 2001, Elliot Smith se encontraba haciendo promoción de su último disco Figure 8 en un estado muy deteriorado, ya adicto a la heroína y al crack, se comenta que en esta época consumía el valor de $1500 dólares diarios en estas drogas. Smith se presentó en algunas ocasiones evidentemente intoxicado de heroína y en un programa de televisión en Holanda tuvo que parar a la mitad de una canción para disculparse. Su disquera, nada contenta y además presionando para grabar el siguiente disco, comenzó a ser muy persecutoria en el delirio paranoico que en estos momentos ya presenta el músico, incluso mandó a su abogado con el mensaje de que si no era liberado de su contrato, tomaría su propia vida.

Sorpresivamente para el año de 2002, Smith se sometió a rehabilitación, logró dejar la heroína, el crack, la cafeína y hasta la carne roja. Comenzó a presentarse nuevamente en shows en vivo y a preparar un álbum doble del cual donaría las ganancias a una fundación para niños abusados.

Todo parecía que estaba fluyendo de forma más amable en la vida de Elliott Smith hasta que en una tarde de octubre del 2003 se encontraba discutiendo fuertemente con su entonces novia, quien para evitar la pelea se encerró en el baño. Acto seguido se escuchó un grito horrible en su casa de Echo Park, California y al abrir la puerta, la novia encontró a Smith de pié con un cuchillo clavado en el pecho. Ella sacó el cuchillo, llamó al 911. Elliott Smith fue declarado muerto 20 minutos después.

Las circunstancias de su muerte aún no han sido esclarecidas en su totalidad, pero la versión más aceptada es que cometió suicidio con 2 puñaladas en el pecho. Además al observar la historia de vida de Smith encontramos que fue un hombre que se enfrentó a una depresión mayor que lo tuvo coqueteando con el suicidio por muchos años. Alguna de sus novias refiere que Smith tenía recuerdos muy traumáticos del abuso de su padrastro, mismos que intentó acallar con el consumo de drogas, aunque nunca fue suficiente y el suicidio se convirtió en su única opción.

Hablando de la depresión mayor, habría que decir que es muy distinta a la tristeza que todos podemos experimentar en cualquier momento de nuestras vidas. Existen criterios para diagnosticar esta enfermedad y también tratamientos que ayudan a encontrar una forma distinta de vivir con ella, es importante señalar que con los pacientes que padecen de depresión mayor y tienen tendencia suicida es necesario que exista un acompañamiento para ayudarlos a preservar la vida. En el caso de Elliott Smith también observamos que el consumo de drogas tuvo una fuerte influencia en su enfermedad pero sobre el tema de la adicción ya hablaremos otro día.

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