#CrónicasJarochas. Capítulo I: Ahí aprendí a manejar

por: Giovanny Rivero Susunaga
@El__Giova

Playa Norte. No voy a incluir fechas de este atroz, trágico e inesperado suceso. Playa Norte. Solo hablaré de este maravilloso lugar en un antes y un después. Playa Norte. Porque se lo merece y porque en la posibilidad de lo absoluto jamás volveremos a gozar de Playa Norte.

Se me cae la piel de vergüenza al saber que ya no volveremos a saber de ti, mucho menos convivir contigo, después de tantos recuerdos, vivencias y lecciones. Te han tomado para ser parte de la nueva ampliación del Recinto Portuario de Veracruz; te tomaron toda, primero, haciendo crecer una barda enorme en el límite que te hacía colindar con la ciudad. Segundo, expulsando a los lancheros y dueños de palapas que se hacían ver al final de tu expansión desde la entrada. Tercero, cerrando el único acceso que se tenía a ti, colocando vallas y vigilancia constante para evitar negar acceso a cualquier persona no autorizada. Te perdimos, mejor dicho, te han secuestrado para cometer suicidio.

Ya han iniciado los trabajos y estos perros no se echarán atrás, tú sí, desde el puente que lleva a San Juan de Ulúa aún te podemos apreciar, así como tu muerte, pues se logra ver la delimitación que han iniciado para echar el mar atrás y como has cedido ante ésta. Sucio y triste tu presente, cariño. Pasemos a lo bueno.

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En primer semestre de bachillerato te conocí, eras libre y asilada, con un sólo acceso y la ciudad en llamas detrás de ti; unas cervezas compradas sin identificación, una toalla y la arena en todo el uniforme nos bastaba para ser felices contigo, una y otra vez, cada semana, cada puente vacacional o en algún cumpleaños. Mi fiel amiga y confidente, te solía ir a visitar frecuentemente para hablar conmigo, para sentarme y sentir tu compañía por horas, para caminar descalzo de un extremo a otro por la hermosa visión que dabas del mundo; a veces, para llevar alguna chica a pasear y terminar en alguno de tus escondites teniendo pasiones costeras, así como todos esos automóviles que se coleccionaban en el lado derecho para convertirse en habitaciones de motel; otras muchas para asistir con amigos, tomar unas cervezas y echar la “reta”; por sobre todo eso, por lo vivo que me he llegado a sentir en tus terrenos.

Lejos de todos esos bellos momentos que me has hecho vivir a mí, y no dudo, que a otros muchos Veracruzanos así como visitantes, llega la hora de darte tu más grande condecorado. Sin tener las condiciones, las delimitaciones ni el equipamiento, has sido una maestra pura del arte de conducir, en tu basta expansión, incluyendo la mía, han sido instruidas a poner por primera vez las manos en el volante. Sin peligro alguno (quitando el poder quedarse atascado), con tu bella vista, tu abrazador calor y tus suaves corrientes de aire, creas el ambiente perfecto en el cual muchos hemos perdido un gran miedo, ponernos en el control de la máquina. De esta manera te recordaré, de esta manera te anhelaré, y de esta manera te digo adiós. Porque gran parte del puerto Veracruzano ha dicho “ahí aprendí a manejar”.

PLAYA 5

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