#CuadroDeHonor: 8 frases de la semana tan absurdas que son brillantes

Todos sabemos que la humanidad es una especie de contrastes. Cada que la ciencia, el arte, el deporte nos muestran un nuevo límite, no queda más que celebrarnos y sorprendernos. Sin embargo, en esta vida el equilibrio es lo importante, por lo que el triunfo debe tener su contrapeso en la debacle, y en eso, hay que reconocerlo, somos también grandiosos.

Esta semana en su #CuadroDeHonor, les traemos las 8 frases más absurdas de la semana. Esas que en su estupidez son casi un diamante de sabiduría. Disfruten.

Comenzamos nuestro cuadro con alguien que está más cerca de lo bruto que del diamante: Donald Trump Junior. El vástago del candidato republicano decidió contribuir a la política migratoria de la campaña, esta vez hablando de los refugiados de Medio Oriente. Pero como no se quiso ver tan mala onda como su papá, no llamó a los migrantes violadores o narcos, sólo los comparó con caramelos:

Si yo tuviera una bandeja de skittles y le dijera que sólo tres lo matarían, ¿tomaría usted un puñado?”, y añadió: “Ese es nuestro problema con los refugiados sirios.

Donald sabe que el azúcar mata, pero no siempre, así que no había mejor analogía. Y hablando de decir sin decir, el que se llevó las palmas fue el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, quien ante el subidón de popularidad de Donald Trump en las encuestas, dijo que si gana el empresario:

Si tenemos que hablar con el diablo para garantizar la seguridad de los mexicanos, México hablará con el diablo.

¡El diablo, el diablo!, dice el secretario mientras que a la economía mexicana no la salva ni el mejor exorcismo.

A los que les viene guango si Trump gana o pierde es a los de la Asociación de Coleccionistas de Armas en Pennsylvania. En una convención en Pittsburgh, Philip Dacey aclaró que quede quien quede en la Casa Blanca, la 2a Enmienda quedará intacta. Los políticos pueden decir mucho, pero no importa pues:

El control de las armas de fuego es un tema candente desde hace unos 60 años.

Ya ven cómo somos los seres humanos de delicados con las armas y los muertos. Es un tema sensible con el que nos gusta exagerar. Si no nos creen pregúntenle a Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas y consentido de esta columna, quien de nuevo recibió críticas por su política de guerra contra las drogas, a las que respondió:

Cuando leí las condenas de la UE dije jódanse. Lo estáis haciendo para expiar vuestros pecados. Ahora son estrictos porque se sienten culpables. ¿A quién he matado? ¿A 1.700 aquí? ¿Llamáis a eso genocidio? ¿A cuántos habéis matado vosotros?

Dos cosas nos quedan por decir: la primera es que su crítica a la UE es casi coherente, y la segunda que El Castigador ya aceptó que lo suyo lo suyo no es la diplomacia.

Philippine President Rodrigo Duterte raises a middle finger thrust out in an obscene gesture as he speaks before local government officials in Davao

Otro al que le fallaron los protocolos fue Javier Quijano. El abogado y diputado constituyente le entró a los sombrerazos en la primera sesión de la Asamblea de la CDMX. Quijano, en plena confusión, se erigió paladín de la justicia y embistió contra los diputados elegidos por dedazo, en especial contra los que están dobleteando puesto como diputados federales y constituyentes:

Ninguna carta constitucional puede, ni ha podido nunca, conferir a nadie el don de la ubicuidad. Ni siquiera la nuestra. Al menos por el momento.

Y es que está bien que la Constitución es omnipresente y omnipotente, pero no es para tanto. Quizá la CDMX como ciudad de vanguardia sea la primera en legislar los superpoderes de sus políticos. Fingers crossed.

La que no quisiera superpoderes sino sólo un poco de poder en su partido es Margarita Zavala. La ex primera dama tiene la candidatura al alcance de la mano, pero nomás no la dejan agarrarla. En un acto de desesperación quiso hacer ver al PAN que se están viendo lentos, pues:

Andrés Manuel López Obrador lleva como dos siglos en campaña, el PRI no sé qué vaya a hacer, pero de que ya avisó que estaban en la campaña, lo están. No sé qué está esperando el PAN. Tiene que encontrar el método que lo presente más unido y consolidado.

La mera verdad es para lo que hemos visto de adelanto de las campañas, lo que los ciudadanos estamos rogando es que no empiecen. Entre el cinismo, lo anticuado y lo acartonado, no dan una. No se dan cuenta de que en realidad necesitamos un cambio en la estructura misma del sistema, una nueva forma de gobierno que revolucione el país. Algo así como un imperio, pero un ¡imperio gay! Según el vocero de la Arquidiócesis de la Iglesia católica mexicana es lo que estamos viviendo. El maestro Hugo Valdemar lo anunció de esta forma:

Si, según ellos, la sexualidad se construye, entonces debemos entender que también se deconstruye. Por ello, si alguien está descontento con su atracción homosexual, ¿cómo es posible prohibir que se le ayude? Eso sólo sucede en las dictaduras, y estamos al inicio del imperio gay, de una dictadura de pensamiento semejante al estalinismo o a la revolución cultural de Mao Tse Tung.

Ay, ¿por dónde empezar con esta declaración? Es perfecta, una perla de sabiduría con sólo unas pocas inexactitudes históricas, ideológicas, biológicas y lógicas, pero de ahí en fuera, no hay falla. Claramente estamos viviendo algo así como el estalinismo, o al menos podemos recordar unas glorias soviéticas con don Vladimir Putin. El mandatario celebró por todo lo alto que su partido recuperó la mayoría en el parlamento ruso. Y se ha esforzado tanto en que la gente lo ame, que ya le duele la cara de ser tan guapo. Esto dijo cuando habló con la prensa de su exposición mediática:

Yo me canso de mí mismo.

¿Quién puede culparlo? ¿Quién no ama a Putin, aunque sea con un poquito de asco?

Ganador absoluto. Aplauso con reverencia para el Zar Vladi.

Así es, muchachos y muchachas, a veces la estupidez reta nuestro sentido común. Cuando pareciera que el absurdo no es más que desperdicio de la mente humana, lo reflexionamos y nos recorre un escalofrío al reconocer un ápice de verdad. Así es la humanidad, riamos y lloremos por ella.

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