#Desvelos. Camuflo ya está muerto

por Joaquín Diez-Canedo Novelo
@joaquindcn

I

Me acuerdo que íbamos a esa casa de una abuela ajena, que era una casa muy moderna. Ahí estaba Camuflo, un perro que parecía un trapeador gigante y sin escurrir, aunque estuviera seco, y que ya para cuando yo tenía memoria era un perro mayor y bueno, de esos que no sabes si te mueve la cola porque te reconoce o nomás porque le mueve la cola a todos. Y entonces juegas con él y corres por el jardín enorme y te acompaña jadeando, y te cansas y te tiras al suelo y se te avienta encima, y luego hueles a pasto y a tierra y estás lleno de baba de perro, y las manos las tienes sucias y sudas un poco de la frente, y luego te llaman a comer y subes a lavarte las manos, jadeando tú también, y hay agua de limón, y Camuflo toma su propia agua que está en el suelo, y luego por un rato está tirado ahí al lado en lo que te sirven coditos-con-crema o sopa de fideos, y lo ves y te preguntan cómo te fue, pero tú estás distraído porque lo sigues viendo en lo que comes a cucharadas grandes porque tienes hambre, y hay otros niños en la mesa que después no verás más pero que ahora son muy tus amigos; porque a veces la infancia es eso: cosas de una simpleza tan pedestre que es difícil pensar que las cosas no son así.

II

Tiempo después me enteré que Camuflo estaba muerto. Tenía sentido, la verdad, porque si uno hacía las cuentas era evidente que el perro estaba muerto, pero como era tan una institución en mi vida temprana, me tomó por sorpresa. ¿Cómo que se murió Camuflo?, debo haber dicho. Me sentí mal por un rato, pero tal vez no tanto porque Camuflo estuviera muerto, porque eso tenía sentido, sino simplemente porque lo-que-era ya no era más, y aunque uno sabe que eso es el tiempo, también a veces te toma por sorpresa.

EPSON MFP image

III

Y luego dejamos de ir a aquella casa porque crecimos, supongo, y cuando creces decides más cosas. También supongo que no es que no nos gustara ir a la casa aquella, tan moderna, simplemente es que dada la opción, preferíamos hacer otras cosas. Y tampoco nos sentíamos obligados a ir porque aunque fueran, en palabra, cercanos, la verdad es que nunca nos sentimos enteramente cómodos ahí. Tal vez era la sazón de los coditos, o la misma casa tan moderna, o el hecho de que la abuela-ajena no nos quería tanto a nosotros como a sus nietos ni nosotros tanto a ella como a nuestra abuela. Y de una cosa que en papel tendría que ser algo, en la realidad resultó ser otra cosa, más lejana y cauta.

IV

…¿qué tanto mientes sonriendo?

V

…y luego un día entré a estudiar arquitectura, y como la arquitectura es en realidad una reflexión autobiográfica (porque ¿qué más se proyecta sino lo que se conoce?), regresé a la casa moderna y la volví a pensar, y entonces me acordé del enorme jardín de la infancia y de los pisos de pasta y de los azulejos del baño, y luego de cómo la casa de líneas rectas y fachadas de cristal se posaba como ingrávida sobre una base de piedra que era tan oscura que parecía pura sombra, y luego de cómo todos los cuartos del frente veían al jardín, que era tan grande que tenía una parte de puro pasto y luego otra que era pura piedra y maleza. Y aunque quizás nunca fue mi intención repetir esa casa, vaya que en las demás casas que dibujé quedó la firma de esa primera, tan moderna, probablemente la primera casa moderna a la que entré.

VI

Ahora pienso que tal vez quise regresar a ver qué sería de esa casa ahora, de si me acordaba suficientemente bien, pero la verdad es que ya sin el privilegio de infancia pensé que sería raro llegar a tocar el timbre porque tenía tanto tiempo sin ir que seguramente me verían con cierta extrañeza, y aunque tal vez me dejarían pasar, al final de la escalera ya no habría agua de limón ni coditos con crema. Habría, eso sí, una conversación incómoda, un camino siempre a tu lado, un te muestro qué sí y qué no.

VII

…por otro lado, ¿qué no es una reflexión autobiográfica?

VIII

Aunque quizás si hubiera ido me hubiera enterado antes de que Camuflo estaba muerto y su muerte me hubiera tomado menos por sorpresa.

IX

Y luego también pienso que tal vez uno crece y el mundo se llena de barreras. O tal vez no y más bien es que de niño te valen madre y si las pasas la gente te perdona más fácil porque eres encantador, pero cuando eres adulto las conoces bien y eres menos lo-que-deberías-ser y más una persona propia y con decisiones quizás ya no tan perdonables.

EPSON MFP image

X

De Camuflo me acordé porque mi novia y yo sacamos a pasear a Leopoldo, su perro, y ella me contó que hay una raza de perros que es como Leopoldo pero en grandote, y que se llaman algo como gastón mastín. (Nunca he entendido de razas de perro). Su descripción me hizo pensar en Camuflo y por eso le conté la historia. Por otro lado, mi novia y yo pensamos en mudarnos juntos en unos meses, lo cual para mí significa un paso más hacia fuera de eso que fueron mis primeros años. Además, tengo un sobrino de poco más de un año que entra en ellos con una entereza acojonante, y creo que es por estas dos cosas que yo ando así, tan movido, melancólico y recordón.

XI

Ahora veo a la abuela-ajena a veces, y me sonríe y me toma la mano con su piel suave y escarchada, y me mira a los ojos y me dice que qué estupendo; pero en su mirada alcanzo a ver que ella ya no me reconoce, o por lo menos que ve al niño que fui y que ya no soy más y me sabe extraño y ajeno, como yo la sé a ella. Y ni modo, también, quizás uno hubiera querido conformarse más pero no hubo manera porque esas cosas se escapan, ¿qué puede uno hacer? Y entonces le tomo la mano y le digo ¿qué tal, Esperanza? y hasta siento cierto gusto de que me sonría, pero sé también que ya es otra sonrisa, que ésta ya no es por llenar un hueco sino porque en verdad me da gusto ver su carita frágil como de muñeca de Lladró, y que ese gusto es compartido; y entonces pienso que quizás como arco dramático me fui lejos de quien era como niño para regresar diferente ya que soy adulto, ya no sudado y definitivamente sin Camuflo, a tomar las manos de quien en algún momento me hiciera agua de limón.

XII

Es como si, más libres y pasado ya el tiempo de lo-que-tiene-que-ser, nos hubiéramos perdonado.

XIII

(Mentí al principio, esos niños en la mesa que dije que ya no los volví a ver son, en realidad, los primos de mi prima. Claro que los he vuelto a ver).

EPSON MFP image

XIV

Con la muerte de Camuflo se habrá acabado una era. Para mí era la primera, la de la infancia; pero no sé cuál se le habrá acabado a Esperanza, la abuela-ajena. Tal vez sólo la era-Camuflo, que no fue nada más que otra era dentro de un ciclo de eras que fueron desde entender que había terminado su propia infancia, a mudarse de país por una guerra que a pesar de ella traía a cuestas, a pasar por casarse y tener hijos y luego ver a sus hijos crecer, y luego verlos casarse a ellos mismos, y luego verlos empezar a tener hijos, y darse cuenta de que son tus nietos y que también van a crecer, y en eso te regalan a un perrito adorable al que le pones Camuflo, y le das de comer antes de hacer el agua con limón para los niños, y de un día para otro resulta que se muere Camuflo y que tus nietos ya son grandes y que ya no te van a ver tanto, y ves tú tus manos escarchadas y suspiras, y una noche en que te sacan a algo público vuelve ese que no es tu nieto y te toma las manos con una piel más joven, y te saluda y te sonríe y en sus ojos ves que ya es otro y que ahora sí te sonríe de gusto, y de esto te acuerdas cuando estás en la noche, sola, a nada de dormir y pensando que en realidad tu vida ya pasó y que tu casa, antes tan radiante de esperanza, es ahora poco más que la antesala de tu muerte.

XV

¿Qué pensará Esperanza cuando se ve al espejo, en su casa moderna y en la noche, en bata blanca e iluminada por el foco que está sobre el espejo, sabiéndose tan sin Camuflo, tan arrugada tan cambiada, y tan sin tanta gente que por momentos le significaron tanto? ¿Se sonreirá a sí misma? ¿O qué sentirá Esperanza cuando cansada y con sueño, mira sus manos quebradizas y su piel, suave como lino, mientras apaga la luz de la mesita de noche? ¿O qué pensará justo antes de dormir, en ese momento en el que el cuarto se siente tan oscuro que parece que no existe nada más que la conciencia propia, y eso porque se siente el calor de las sábanas que, aunque modernas, me las imagino de franela? ¿Qué piensa Esperanza al despertar?

XVI

Camuflo está muerto. Ahora cada vez que veo a un perro sé que va a morir.

Jardín5

Comments

comments