#DiarioPaulistano. Totó la Momposina y sus Tambores

Se llega a Sao Paulo como si fuera el De eFe. Apenas poner un pie fuera del avión, se respira esa familiaridad que se comparte entre las grandes urbes de la América Latina… si es que eso existe. Me encuentro en medio de un laberinto de rascacielos, subiendo y bajando por sus múltiples laderas. Sin saber bien cómo se conectan pero con los sentidos aguzados para intentar orientarme en la ciudad, en el mundo, en la vida. Y para eso, la obligada reflexión que con el escribir viene, reflexionando las emociones que me transitan en el camino de esta nueva aventura.

Totó la Momposina y sus Tambores

por Alejandro Guerrero
@elAleGuarrero

Es jueves de Hora DADA y hay cuatro horas más de diferencia con la Ciudad de México. Me han invitado a un concierto muy especial esta noche, y es que la movida cumbianchera en Sao Paulo ha estado creciendo y ganando chingos de adeptos de unos años pa’ acá. Tras muchos esfuerzos de logística, se consiguió abrir una fecha dentro del itinerario de una de las mayores guardianas de la cumbia tradicional en Colombia: Totó la Momposina pisaba por primera vez tierras paulistas y la expectativa creció al punto de agotar los ingresos al show. La gente se congregó en la SESC Pompeia (organismo cultural que organiza eventos de diversas índoles) desde temprano. A la galera brasileira le gusta socializar, se abrazan y besan con tanta efusividad que se envidia un poco el contacto que se tienen entre sí… ya quisiera uno. Así los ánimos se encienden, las sonrisas abundan y los abrazos son cada vez más apretados, casi tanto como la cola para pagar las chelas, la cual afortunadamente avanza rápido pues tiene más de cuatro cajas abiertas (primer mundo).

Entro a una galería que pareciera otrora una fábrica de papel o algo así, me asombro con la proximidad del escenario y lo tranquila que está la gente en cuestión al espacio; nadie defiende su pedazo de tierra sino la banda fluye en un caótico vaivén de encontrarse y diluirse, a ver de a cómo nos toca.

Ya con caipisake de frutos rojos en mano (ay goey) voy sorbiendo a besitos el popote (saludos fauna marina) mientras, sin más, unos diez músicos suben a escena, todos ataviados con el tradicional sombrero vueltiao y lo que pareciera ser camisa de manta tipo guayabera. Comienza el ritual.

toto1

Los tambores truenan y cual relámpago crispan mi piel como cuando la más sutil de las caricias me roza el hombro. De entre el hielo seco emerge una figura colorida que se planta al frente del escenario con toda la autoridad que sus setentaysiempre años de juventud le dan. Sonia Bazanta Vides es esa hechicera que ahora tiene a todos en la palma de su mano, saluda, sonríe y suena la cumbia. Temas clásicos conforman el repertorio, pasando de “La Verdolaga” (ese famoso “por el suelo” que usó Manu Chao) a “El Pescador” (habla con la luna) tocando antes “La Candela Viva” y “La Sombra Negra“. Pocos bailan en pareja, muchos alzamos los brazos siguiendo el ritmo con las palmas mientras ella se desenvuelve en el escenario girando sobre toda la psicodelia que acompaña sus prendas y el cosquilleo que propina el sonido de las gaitas. Estoy en un trance loco. Tengo visiones fuera de mí que me hablan de tiempos antiguos, por ella corre la fuerza de nuestros ancestros y el retumbar percusivo del pulso terrestre, ese que no conoce de fronteras ni sabe de políticas algunas. Es un llamado a la unidad y a la hermandad en estos tiempos tan polarizados. ¡Paz en Colombia! es el grito que resuena en voces de mil luchas y reivindicaciones de los distintos pueblos oprimidos del mundo. Totó llama al amor y la música es ese lazo invisible e invencible que nos recorre y junta… al menos por un momento.

Termina el rito después de 90 minutos. La gente pide un encoré y nos lo dan, apenas un tema que recorre a todos los músicos dejando un momento para que cada uno exprese sus más hondas emociones mientras comulga con su instrumento. Los solos son maravillosos y envolventes, se borra esa barrera entre el público y los artistas. Todos somos una con la música. Aplaudimos respondiendo a los ritmos propuestos, en una suerte de coordinación percutiva que nace de aquel corazón que ya no sabe de nacionalidades.

Salimos todos del predio para tomar la saideira en uno de los bares contiguos al lugar. Se bebe y canta en la calle. Esto es Brasil y la aventura ha comenzado. Vamos borrando esas falsas barreras que nos separan de este continente sudamericano donde me encuentro. Nuestros pueblos son muy parecidos y será labor de este diario ser ese espejo donde nos reflejamos.

Comments

comments