#DiarioPaulistano. Cristales de la Tierra

por Alejandro Guerrero
@elAleGuarrero

Despertar temprano por la mañana en la finca de Uruana con los primeros rayos del sol. Beber el café negro extra fuerte mientras comemos los últimos panes de queso aún calientes. Arreglar la maleta y desarmar la tienda para despedirnos de la familia. Teníamos por delante 45 minutos de terracería, para después pasar tres horas y media metidos en el gélido ártico inducido por el clima artificial de un lento camión. Llegamos a Brasilia una hora después de lo acordado con un rayte que habíamos combinado por interné… obviamente ya se había ido por lo que tuvimos que comprar los pasajes más próximos para Alto Paraíso, Goiás. Comimos lo que pudimos mientras surfeábamos sobre el caudaloso río de gente que intentaba, como nosotros, abordar su autobús para alguno de los muchos destinos del interior del Brasil. Entramos así en un bus más cómodo, de esos cuyos asientos se hacen casi camita y parecen estar diseñados para largas travesías. Recorrimos los 242km que separan a la capital brasileña de la antesala a la Chapada dos Veadeiros, llegando a la media noche a una desierta terminal donde apenas se encontraban cinco personas quienes nos ayudaron a llamar un taxi para recorrer los últimos 31 km y así llegar a nuestro destino final.

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São Jorge es una pequeña villa que me recuerda una mezcla entre Mazunte y Tepoztlán. Pocas calles, varios negocios dedicados a los turistas: spas, masajes, terapias de herbolaria, yoga, una tienda de juguetes musicales y demás ondas alternativas lo dotan de cierto aire hippie. Banda viajera va y viene, mucha juventud en prendas coloridas buscando contacto con la naturaleza, me hace pensar en esos viejos outsiders quienes recorrían la América en su gran extensión, tan sólo soltando su pulgar hacia la carretera, esperando el siguiente rayte que los llevara más cerca de sí mismos.

Pasamos los siguientes diez días recorriendo los diferentes ríos y cascadas que componen el Parque Nacional de la Chapada dos Veadeiros, una área natural protegida en donde abundan múltiples especies de flora y fauna particulares de lo que llaman el Cerrado Brasileiro. Se conoce como Chapada a una montaña, elevación del terreno, meseta o altiplano que ha sido truncada por la erosión,… un paraíso para biólogos y amantes del verde en general, cuya apariencia me hace pensar en algunos lugares de México, como el desierto de Wirikuta y la huasteca potosina, cada uno a su manera. Lo cautivante en este caso es que existe una enorme capa de cuarzo en el subsuelo, por lo que es común encontrar en sus diversos caminos, varias formas y colores de estos cristales. Se dicen muchas cosas acerca de la Chapada dos Veadeiros: que si comparte el mismo paralelo que Machu Picchu, que según la NASA es uno de los lugares de la tierra que presenta mayor luminosidad cuando se aprecia desde el espacio, que la abundancia de los cristales atrae a seres de otros planetas que viajan por las galaxias hasta la Tierra, con la intención de obtener energía a partir de ellos; que se necesita pasar como cinco años para comenzar a experimentar el verdadero potencial de la Chapada… en fin, todo es verdad, es un lugar mágico.

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Existen muchos personajes malucos en São Jorge pero sin dudas, uno de los más enigmáticos es Moacir Soares Farias, un pintor autodidacta quien sobresale por la fuerza de su obra, llena de alusiones al diablo y diversos demonios, fantasías sexuales, visiones metamórficas que fusionan animales con personas y referencias a la Biblia que pueden llegar a escandalizar a los más puritanos. Con colores básicos y luminosos, Moacir plasma su frondoso mundo interior en los muros de la villa y de su casa. En 2006 el cineasta Walter Carvalho produjo un documental llamado: Moacir – Arte Bruta, en el cual la familia y algunos pobladores de São Jorge dan una serie de testimonios que intentan explicar de dónde viene el arte de Moacir. Carvalho afirma que ” aún con su psique alterada él es un artista que supo incribirse en el contexto de la modernidad “… como sea su obra es impactante por su sencillez y profundidad expresiva. Vale el goce le echen un ojo al documental, si es que quieren saber más:

Así pasamos los primeros días de este 2017, caminando bajo el abrasante sol, mojándonos y secándonos en sus frescas aguas y calientes rocas, brincando por piedras de todos tamaños sin pensar mucho en el siguiente paso, apenas dándolo; fluyendo entre peñascos, desnudos en los ríos, atravesando los desiertos que guardan secretos del mar, comiendo açaí (fruto súper nutritivo que viene de una palma) y gergeliko (botana hecha a base de ajonjolí), viajando en fortuitos ácidos que la vida nos regaló, disfrutando atardeceres viajando en sus colores, observando el firmamento acostados a mitad de la carretera, borrachos de estrellas despertamos sin resaca para tomar el camino de vuelta a Babilonia, haciendo antes una parada en el lanchonete Portugal: un reducto de camioneros donde comí la mejor coixinha del Brasil, barata, delgadita y bien rellena de pollo; con un chingo de picante, nomás pa’ acordarme de mi patria y las crudas matonas que me he curado con el bendito chile que Jah nos dio.

Empieza 2017 y esta aventura sigue, ahora de vuelta a la ciudad, con renovados bríos y motivación para crear.

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