#DiarioPaulistano. Psicodalia

por Alejandro Guerrero
@elAleGuarrero

El momento brasileño del año para valer verga había comenzado: CARNAVAL. 5 días de interminables blocos (conjuntos musicales temáticos que aglomeran durante horas a un chingo de gente), pedotas en la calle, baile, música y besos crean ese turbio magma del que emerge lo nuevo.

Con la intención de huir de todo ese desmadre, fijamos el rumbo hacia el sur del Brasil. Fazenda Evaristo en Rio Negrinhos, Santa Catarina, era nuestro destino, por lo que cargamos el auto con todo lo necesario para acampar en el bosque durante los próximos 5 días: casa de campaña, víveres, cachaça, vino, suficiente porro de diferentes calidades, sábanas, tabaco, 4 terrones de azúcar bautizados con psicodelia, lo que quedaba de la botella de mezcal, las pick-ups (tornamesas), el mixer y un chingo de vinilos. Pasaríamos carnaval sumergidos en universo paralelo lleno de actividades alternas, talleres, terapias hippies, más de 50 impresionantes conciertos, pizza 24h, lagunas, cascadas, cine, teatro, performance y mucha doidera. La edición conmemorativa a los XX años del Festival Psicodalia nos esperaba.

Tras 8 horas en silencio (llevábamos discos pero no CDs) y atravesando por partes una densa tormenta, cruzamos los 420 km que separan a la gran babilonia Sao Paulo, con la “ecológica” ciudad de Curitiba. Dormimos unas horas y tras desayunar emprendimos el resto del trayecto que nos separaba de la sede del festival, tan solo para encontrar una kilométrica fila de autos que ya se formaba desde tempranas horas a las afueras de la sede. Finalmente, después de pasar toda la tarde en la cola, conseguimos ingresar al lugar y armar la tienda tras la puesta del sol.

A la mañana siguiente nos encontrábamos en medio de un mar de tiendas. Niños pequeños comían su avena, descamisados tocando guitarra al tiempo que una bocinita sonaba a los Doors, gente armando estructuras geodésicas de plástico, el baño colapsado y un calor abrumante nos obligó a salir de la casa. A partir de ese momento nos disolveríamos en un mar de aventuras y experiencias diversas las cuales serían muy engorrosas relatar en este espacio, por eso y para no hacerles el cuento largo, ahí les van los puntos más DADOS del Festival Psicodalia 2017.

El colorido de la gente

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¡Wagner!

Banda frita de todas partes se da cita año con año en este festival, su creatividad para pasarla bien no tiene límites por lo que surgen dichos, leyendas y cábulas al por mayor. Una que surgió desde los primeros momentos fue la leyenda de Wagner, un chico perdido cuyo nombre era gritado a cada rato por la gente, en tono de guasa, fue ganando fuerza hasta ser conocido por todos los asistentes y virar así, en un llamado que ocurría de vez en vez… Con el paso de los días nos enteraríamos de su historia: al llegar al festival, un grupo de amigos tomaron ácido y el amigo Wagner pareció haberse perdido entre la gota y la psicodelia. Su banda lo comenzó a buscar gritando su nombre, hasta que un par de días después, el mismo aparecería en la cabina de Radio Psicodalia (porque el festival también contaba con su propia estación de radio, la cual transmitía 24 horas y era posible sintonizarla en onda corta desde cualquier punto de la hacienda) para relatar su historia.

Meia Banana

Encontramos con nuestros amigos del sello discográfico independiente RISCO, quienes viajaban en un enorme motorhome, camper o casa rodante, ya que varios de ellos se presentarían con sus diversos proyectos en el festival. Siempre nos juntábamos por la mañana para desayunar y conversar un poco. Una de esas mañanas, apareció un misterioso plátano que alguien había cortado por la mitad de una manera un tanto extraña, pues no la cortó con todo y cáscara sino que la abrió, partió por el medio y volvió a cerrar la cáscara como si estuviese completa. Ese frito suceso despertó una serie de inquéritos con la intención de descubrir al responsable de la acción, el cual nunca se supo quién fue, pero quedó en nuestros corazones como “meia banana“, calificativo que quedó para llamar a aquellas personas que viven la vida a medias… que no se comen la banana por completo, gente que es meia banana.

Nudismo espontáneo

El cuerpo es algo que se mira con naturalidad en el festival, por lo que es común ver personas desnudas en la laguna, en la zona de acampado, restaurantes y en medio de los shows. Sin embargo hubo un chico que me llamó la atención pues transitaba sin pena por los escenarios, a la pato Donald, es decir, con camisa y sin pantalones… aunque su sexo era cubierto por una especie de lata-calcetín que me pareció ULTRA DADO… en fin, qué bueno que Psicodalia celebre el nudismo y nos haga recordar la belleza de la desnudez mucho más allá del sexo.

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La calidad de los shows

Grand Bazaar

De las primeras bandas que vi, fue Grand Bazaar. Agrupación que ejecuta música gitana de diversos estilos y cuya propuesta hace bailar hasta al menos dispuesto. Es increíble como esos ritmos conectan con alguna emotividad inconsciente profunda en cada uno de nosotros. Su participación nos llenó de energía e hizo en varias ocasiones, alzar los brazos, aplaudir, bajar hasta el piso, brincar y formar fuertes olas con el vaivén de las manos al aire. La sencillez de sus músicos junto con su carisma y gusto por lo que hacen, se transmite y nos contagia de alegría. Del sello RISCO esta propuesta que todo amante del balkan y el gypsie, debe conocer.

Luiza Lian

También del sello RISCO esta joven y talentosa cantautora. Su show fue una experiencia mística que nos llevó por los sinuosos caminos de su frondoso jardín interno, sumergiéndonos con sus envolventes letras que, en momentos nos recuerdan al Santo Daime, aquella manifestación religiosa surgida en el Amazonas cuya base sacramental es el uso de una bebida enteógena con fuerte contenido de ayahuasca. Presentación emotiva que antecede el lanzamiento de su nuevo álbum visual: Oyá Tempo; el cual, sin duda compartiremos en su momento pues es un trabajo consistente de gran calidad.

Catia de França

Mi principal motivo para asistir al festival fue la presentación de esta leyenda de la música brasileira. Re descubierta en años recientes por empedernidos coleccionistas, conocí la obra de esta maravillosa canta autora gracias al YouTube. Quedé impresionado por la fuerza de sus letras y el colorido de su música. Fue un show emotivo de esos que no se olvidan gracias a que la maestría de la señora, consiguió borrar la barrera entre el escenario y el público, cantando algunos de sus grandes éxitos… lloramos mucho. Sus 70 años de juventud agregaban mayor emotividad al momento, por lo que deseamos de todo corazón que siga produciendo y girando, ojalá un día la veamos en México en algún Ollin Khan o algo así.

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Los Pirañas

Directamente desde Bogotá, Colombia, llegaba este psicodélico trío de cumbia que nos indujo a un fuerte trance de baile y locura. Es asombroso lo que una consistente línea de bajo sumada con la pericia de lo que en ocasiones parece un pulpo percusionista, aunado a los lisérgicos loops producidos con una guitarra conectada a un mar de pedales y sintetizadores; pueden hacer. Siendo que en el Brasil es raro escuchar propuestas en español, la participación de estos parceros fue ampliamente aceptada y celebrada por la concurrencia, llegando a ser considerados como uno de los mejores conciertos del festival… ir borrando las barreras que separan a la América hispanohablante de lo que sucede en la política y cultura del continente brasileiro, es tarea de todos; somos pueblos hermanos que compartimos y podemos aprender muchas cosas los unos de los otros. Feliz con la participación de estos manes, auguramos fuerte éxito en sus futuras producciones.

Erasmo Carlos

Otra de las grandes leyendas del rock brasileño se presentaba en el palco de Psicodalia. De larga y consagrada trayectoria en el rock, tiene sus inicios musicales al lado de pesos pesados como Tim Maia, Roberto Carlos y Jorge Ben Jor. Su participación incluyó un recorrido por sus grandes éxitos, los cuales fueron coreados por el público y aderezados con magníficas animaciones quienes lo ilustraban como la figura que es: hombre de contrastes y temperamento, quien forjado con el tiempo, ha aprendido a saber vivir.

Tiempo para la improvisación

Dentro de las muchas actividades marcadas en el programa del festival, se encontraban algunos palcos abiertos a la participación del público, quienes de antemano fueron incentivados para llevar toda clase de instrumentos musicales. Así se formaron jams salvajes de gran calidad y noches performáticas que consiguieron romper el día con consistentes sonidos de aquí y allá. A mi gusto, el mejor acto alterno al line-up oficial del festival, fue la fiesta del motorhome del sello RISCO la cual comenzó y terminó con la cremosa selección de la DJ Pensanuvem quien hizo uso de sus hechizos más poderosos para atraparnos y conducirnos por los diversos caminos musicales que trazan todos aquellos ritmos que comparten la raíz negra… una delicia sonora con secuencias que se tendían como puentes conectando nuestros diferentes órganos musicales. Justo a la mitad de la discotecaje, Luiza Lian tomó el micrófono y tras asentar la base rítmica, comenzó a cantar “Pomba Gira” abriendo el espacio para la participación de diversos músicos que se acercaban al camión. Así llegaron todo tipo de personajes, desde extravagantes japoneses que tocaban la flauta transversa, hábiles acordeonistas, guitarristas que transitaban entre la lira y la rabeca (violín del nordeste brasileiro), distintas voces, algunos miembros de Perota Chingó y otras bandas que habían participado en el festival, gente loca enfundada en coloridas prendas bailando con entusiasmo, conversaciones en distintos idiomas, sustancias diversas siendo bombeadas por las venas de la gente a ritmo de carimbó-forró-cumbia-funk-folk… una noche redonda que marcó la experiencia de muchos, haciéndola más especial.

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Llegó el miércoles de ceniza y nuestros desgastados cuerpos se movilizan para desmontar todo. Ese tiempo alterno que se había gestado en el interior del bosque comienza a disolverse. El festival ha llegado a su fin y no queda más que agradecer por los buenos ratos que pasamos ahí, así como por la inyección de esperanza que nos fue propinada.

Lo que comenzara como un festival de rock progresivo, ha ido evolucionando con el paso del tiempo hasta resultar en este gran evento que congrega diversas actividades artísticas. Es de aplaudir el trabajo que realiza toda la gente relacionada con la organización y producción del festival, que, aunque con algunas fallas (demora en el ingreso y baños colapsados en ocasiones), resulta en una enriquecedora experiencia que nos muestra que otra manera de hacer las cosas es posible. Por ejemplo, algo que me sorprendió y alegró mucho, fue la falta de publicidad en el evento… No veías por ningún lugar anuncios de marcas ni nada por el estilo; otra onda interesante fue la tentativa por reducir desechos plásticos, por lo que no se vendían vasos ni platos desechables, si querías beber algo, comprabas o llevabas tu vaso de plástico y listo. Igualmente sorprendente es la permisión que se tiene para ingresar con bebidas y alimentos, por lo que si te preparabas bien, podías usar la cocina comunitaria o bien llevar la propia y así ahorrarte una lana mientras comes y chupas lo que quieras. Otra cosa chida, la libertad para ingresar y hasta para vender sustancias varias… encontré algunas veces personas con ingeniosos letreros que anunciaban productos como “brownies mágicos”, brigadeiro (postre brasileiro hecho a base de leche condensada y chocolate en polvo) de maconha, dosis de “M” (MDMA), ácido y hasta DMT… ¡qué locura, gente que había venido con toda la farmacia en la cajuela!… realmente la banda estaba hasta las manitas casi todo el tiempo, lo chiro en este caso, es que por ningún lado ves escenas de intenseo mal sano, malviaje, colapsos emocionales, violencia, malcopeos y todas esas cosas que suelen pasar cuando nuestras perturbadas almas se encuentran con sus demonios más antiguos. En voz de el propio personal de seguridad de la Hacienda Evaristo, el Festival Psicodalia es el evento MÁS TRANQUILO que recibe el lugar… ¿cómo la ven?, ¡tomen eso puritanos!, ¡justo en sus prejuicios contra la gente maluca que nos gusta recrearnos la neurona y el corazón!, ¡los drogadictos somos gente decente!… Y bueno ya para terminar, también hay que hacer mención de la inclusión generacional y hasta trans-especie (perros y mascotas bienvenidas) que tiene el evento, ya que en verdad, es para todas las edades: desde niños en brazos hasta octagenarios groovies locochones que parecen haber salido directo de Woodstock, Avándaro o Monterey. Todos conviviendo en santa paz, muy jipi, muy acá, muy chiro…

 

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En fin, es justo mencionar que ninguna de las fotos aquí presentadas fue tomada por un servidor ya que, como protocolo de seguridad y a sabiendas de que iba a estar hasta el querreque, dejé la cámara en un lugar seguro del auto; sin embargo, me di a la tarea de recopilar las imágenes que fueron vertidas en el grupo de Facebook del festival, así que quiero agradecer a: Moviola Mídia Livre, Erickson Stocker, Rafael Borges Galvao, Maracatú de Tiro Certeiro, Ciro Nunes, Adriano Puliga y Cena Livre por haberlas compartido.

Larga vida a Psicodalia, vayan siempre que puedan, es una experiencia que vale el goce a cualquier edad.

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