#DiarioPaulistano. Volver al Gris

por Alejandro Guerrero
@elAleGuarrero

Una cruda matona me arrancó de la cama. La ansiedad de quien siente el final cerca se apoderó de mí. Tuve que salir a dar un rol por Sao Jorge para intentar calmarme un poco y despedirme de aquel mágico lugar que tanto me había enseñado: Chapada dos Veadeiros. Nuestro amigo Caio llegó puntual a recogernos por lo que ya rodábamos a gran velocidad sobre el asfalto, con las primeras horas de la mañana. Llegamos al aeropuerto de Brasilia sin contratiempos tras haber hecho la parada obligatoria en el Portugal: un reducto de camioneros al pie del camino donde comí la coixinha (empanada de pollo) más barata y sabrosa del Brasil (R$3 lo que serían $18 devaluados pesiños) aderezada con grandes cantidades de la salsa más picante que tenían ahí, un elixir para mexicanos en el exilio quienes extrañan y agradecen siempre los buenos efectos de la capsaicina en sus decadentes cuerpos degradados por el alcohol y la droga. Volvíamos a la gran Babilonia: Sao Paulo, tras pasar todo el viaje concursando para ganar la porra (chingadera) del “¿Quieres ser millonario”? y después haciendo la bromita de intentar cambiar el jugoso premio por nuestros pasajes gratis.

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La ciudad nos recibía con clima cálido nublado y la triste noticia de que el prefecto de la ciudad, Joao Doria (publicista y empresario de derecha, quien resultara electo por un breve margen de diferencia con su adversario PTista), emprendía la iniciativa de borrar todos los grafitti de la ciudad para cubrirlos de pintura gris… ¡QUÉ GRAN MAMADA!. Una de las cosas que más me han impresionado de esta ciudad es la cantidad y calidad de los grafitti que en ella habitan, su impactante colorido así como las críticas que ilustran, son realmente un espejo en donde la sociedad se mira y reafirma en su identidad como tal. Enorme tristeza ha causado ver esos muros apagados. Verdaderas piezas del arte urbano ya consagradas en el imaginario paulistano, que consiguieron sobrevivir a las inclemencias de la lluvia, el viento y el fuerte calor, ahora son un recuerdo más de lo que algún día fue… Igual la banda grafittera se anda aplicando de nuevo, por lo que esto más que una pena, también puede ser pensado como una invitación a transgreder, una convocatoria para el destroy, una nueva oportunidad de crear y comunicar… no todo está perdido, vale la pena.

Así transcurrirían los primeros días del año. De vuelta a las andadas en Big City, entre re-acomodos energéticos en casa patrocinados por el antiguo arte del Feng-Shui, pizza a las 2 de la mañana, torrenciales lluvias que te impiden salir a la calle, fiestas de aniversario, macumbias y noches latinas donde el amor se mostró más allá de las concepciones hasta ahora, imaginables; recorridos en bicicleta perdiéndome entre las sinuosas calles de la saudade bluesera en una ciudad tropical, con una sociedad desigual (como la nuestra)… inmersa en la lógica del capital.

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Las flores que te di se marchitaron, el tiempo, implacable mazo que bate sobre nosotros, sigue moldeándonos mientras intentamos adoptar la forma del recipiente que nos contiene, a veces constreñido y acotado, a veces basto y etéreo, plástico, maleable, ajustable a las necesidades del momento, va calado, va garantizado. Estamos en esta dimensión que es un gran patio de juegos para la experimentación de las diversas sensaciones que nos propina el estar vivos. Entidades energéticas junto con diversos seres cuyas vibraciones resuenan en otras frecuencias, viajan a través de la topología del tiempo para darse cita en este pedo, que aunque valiendo verga, esta a todas margaritas, tranquilo, de boa, vale a pena… amemos como si nunca nos hubieran lastimado, sin desperdiciar el tiempo en inútiles celos porque el amor es esa fuerza que nos mantiene unidos en la memoria del corazón, aunque estemos separados en momentos y espacios… eso es lo que los trae aquí, lo que nos tiene aquí. He tomado una botellita de Salinas 🙂

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