#Drakkar IX: Miedo y asco

Por Vikingo Morales @vikingomorales y Diego Vidal-Cruzprieto @vidaleando

Drakkar: una embarcación de casco trincado que data del período comprendido entre los años 700 y 1000. Fue utilizada por los escandinavos, sajones y vikingos.

En NoFM el Drakkar se transforma en un navío sónico que semanalmente zarpará para contar una historia a través de música seleccionada a manera de relieve y la tripulación trazará la cartografía del mar.

A veces nosotros, los mortales, buscamos una manera de conectarnos con el Yggdrasil, un vehículo que nos lleve por las raíces del árbol universal y de esta manera alcanzar a observar todos los planos de la existencia. A estos vehículos les llamamos vulgarmente: drogas. En el Asgard se les conoce como plantas de poder, cuyas propiedades han de ser extraídas en bálsamos que disolverán la realidad en vapores capaces de nublar la mirada del mismo Heimdall, el dios panóptico.

Este será un recorrido abstracto, surreal y hasta cierto punto existencial, cruzaremos los mares de nuestra mente para, de esta forma, conectarnos con el infinito.

El Valhalla abre sus dorados salones con miras a que el vino, los psicotrópicos y la decoherencia se hagan patentes en un bacanal conformado por seres inmortales que buscan milagros del mismo modo que los mortales. Separar cuerpo y alma, convertirse en éter; los nahuales serán desatados, traerán las cornucopias que harán que la noche acabe en el momento donde el tiempo pierda la memoria de su misma existencia.

El barril inicial es inaugurado por la valerosa mano de Frey, los primeros sorbos nos hacen sentir mareados, ligeros y un poco separados de nuestro yo. El alter ego que todos llevamos en nuestro equipaje vital comienza a tomar como vehículo este hermoso lubricante social, estamos desprovistos de ansiedad y escrúpulos. Ha llegado la hora de volar y explorar los terrenos desconocidos de la existencia.

Las Nornas entran a la sala cargando un cuerno repleto de lisergia, el primer comensal es el legendario Tyr, el dios encargado de velar por la ley y la justicia. A medida que el elixir hace alquimia con sus sentidos, empiezan a cuestionar sus propósitos, los muros vibran, el techo explota y la música se somatiza en un salvaje león con ojos penetrantes, con una melena en llamas.

Una neblina púrpura invade el lugar, los invitados al aquelarre no pueden ver más que su propio reflejo y, curiosamente, es una experiencia gratificante. Poder chocar copas con sus sombras los hace entrar en un estado catártico pero no conflictivo, pesado pero a la vez ligero, aterrorizante pero a la vez pacífico. Las erecciones no son una habilidad física, son el estado mental necesario para que la vida sea nuestra amante en una noche sin inhibiciones.

Bebamos del pozo de Urd y revivamos el viejo sacramento de los días de paganismo, la cabra de Mendes corre desbocada por nuestras cabezas, haciéndolas jadear al ritmo de catárticos brindis.

Mjölnir se usa para una tarea un tanto excéntrica, ha de moler los polvos que muchos añoran como si fuera la piedra filosofal; cada martillazo suelta truenos, anunciando así una tormenta Dionisíaca de éxtasis y saciedad. Los cuervos de Odín constatan que aunque sus cuerpos sean sagrados, su voluntad ante la sobriedad ha sido lapidada no por toneladas de minerales, sino por gramos de esencias.

El latido de los inmortales corazones genera una melodiosa atmósfera en la que el sudor, el aliento y el baile se mezclan en la coreografía más sensual que Asgard haya presenciado jamás.

El sonido de la pisada de un gato, la barba de una doncella, las raíces de una montaña, los tendones de un oso, el aliento de un pez, el escupitajo de un pájaro. Escenas carentes de sentido que empiezan a delinearse en el manto celeste. El sol no ilumina, ciega; el fuego no calienta, muerde; el agua no sacia la sed, sofoca; el baile no libera, aturde; las palabras no comunican, confunden; la vida toma su faceta autofágica, la realidad ha sido perforada.

La realidad ha dejado de existir, hemos dejado de escuchar, ver, oler y probar. No hay nada en este vacío huracán de místicas sustancias. Remamos hacia la muerte, el fondo transoceánico de la tierra es cenotafio, nuestro lenguaje se basa en la carroña, lo efímero y lo fortuito. Bebamos el vino del fauno y respiremos el humo secreto de Dios, el cual ha sido intoxicado por las sombras verdes del paraíso; tomemos la salvaje mano del demonio y cabalguemos a su lado para reclamar nuestra gloria. Los cuerpos dejaron de importar y las almas han sido brutalmente extirpadas de sus contenedores terrenales.

Degustar la mente es un acto verdaderamente atemorizante, es un laberinto sin explorar. Buitres se materializan, los dioses se acercan, nuestra última audiencia ha llegado y empezamos a desaparecer, el juicio ha sido atinado: culpables. El tiempo se congela como la decoración más vulnerada del cuarto, los dioses se hacen conmensurables y por primera vez sus nombres pueden ser pronunciados por los mortales.

Ya no hay decisiones, sólo esfinges que crean misterios a la menor provocación; la misericordia nos abandonó al mismo tiempo que la cordura. Escuchen el ronroneo de los motores, diviértanse por favor, una cobra se alínea a nuestra izquierda, un leopardo a nuestra derecha; la mujer venado recorre el lugar en un vestido de seda y plata roja, las chicas tienen perlas devorando sus frágiles cuellos, besemos al cazador en el chaleco verde, el ha peleado con los tenebrosos leones de la penumbra. Las luces se tornan brillantes y la música gime para invocar a los perros, recordemos que todavía hay varios animales merodeando por los jardínes.

Un golpe de adrenalina convierte a los presentes en completos extraños, ninguno de los invitados reconoce a nadie, no se reconocen a si mismos. ¿Quién soy yo, quiénes son ellos, qué hago aquí, qué hacen ellos aquí, qué fue lo que ocurrió?

La memoria es una herramienta vital que en este momento se encuentra fuera de servicio, no hay manera de encender la máquina central de sus cuerpos y la confusión se apodera de todo. La evidencia es irrefutable, ésta nos guía hacia el camino de la verdad. Aquí se ha celebrado la vida, la muerte y el conocimiento que Odín le regaló a los Einherjars hace milenios.

Los famélicos tigres se posaron en los ojos de la noche, la consolación para esa herida que se resiste a cicatrizar fué de nuevo abnegada.

“Si las puertas de la percepción fueran retiradas, ante nuestros ojos todo se vería como lo que realmente es: infinito. Nos hemos cerrado y vemos todo a través de esbeltos agujeros en la caverna erigida por el sentido común.” – William Blake

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