El juego amigo-enemigo: la (im)posibilidad de una alianza opositora de izquierda

por Sergio Pérez Schjetnan
@SerPerS96

Antes de comenzar quisiera hacer algunas precisiones: cuando hablo de izquierdas, derechas y proyectos de nación a lo largo del texto, estoy hablando de tipos ideales, esto es, hablo de izquierdas, derechas y proyectos de nación como construcciones racionales y abstractas que utilizo con el fin de comprender a los actores políticos concretos, lo cual por un momento supone hacer abstracción de las particularidades e individualidades de las izquierdas y las derechas en México, incluidas muchas sus contradicciones y defectos, no porque no deban ser señaladas, sino debido a que para hacer un análisis politológico, de vez en cuando aquellas no son importantes en primera instancia. Debo admitir que una ventaja de proceder así frente el tema que he decidido abordar, radica en que ayuda a dilucidar algo de suma importancia política, algo que no siempre es visible entre tanta basura que es la clase política de este país, y es que si bien tanto las derechas como las izquierdas son corruptas, mienten y ven por lo privado antes que por lo público a costa del pueblo (aunque hay grupos políticos que son peores que otros en estos renglones), izquierdas y derechas representan dos proyectos distintos de nación. Pero bueno, sin más comencemos.

Entre decisiones y declaraciones partidistas, las posibilidades de una alianza electoral de partidos de izquierda rumbo a las elecciones presidenciales del 2018 prácticamente se diluyeron durante las últimas semanas. El primer acontecimiento que terminó de romper el eslabón lo protagonizó MORENA, cuando el pasado 11 de junio Andrés Manuel López Obrador propuso anular cualquier posibilidad de alianza con otros partidos políticos (salvo el PT) con miras a la elección presidencial del 2018, idea que fue avalada por el partido en el marco del Tercer Congreso Nacional. Después, el pasado 25 de junio aconteció la  ratificación del PRD, a través de su Comité Ejecutivo Nacional, de impulsar un Frente Amplio Democrático para las elecciones del próximo año, mismo que, no nos hagamos tontos, consiste en una alianza con la derecha “opositora” (es decir con el PAN), para derrotar a MORENA y al PRI en 2018.

Cabe mencionar que no incluyo como parte del resquebrajamiento de una alianza entre las izquierdas a la candidatura del Congreso Nacional Indígena, debido a que sus objetivos políticos son muy específicos y su divorcio con la izquierda partidista es absoluto, además de que esta enemistad con MORENA y el PRD tiene causas y trasfondos más amplios que son producto de una historia distinta y muy larga. No obstante, en mi opinión, un frente opositor de izquierda también debería de incluirla, así como los políticos ocasionales (en su acepción weberiana), léase candidatos independientes, y otros actores sociales, mismos que por lo demás no tienen mucho interés en colaborar con los partidos actualmente existentes y viceversa, lo cual resulta sumamente criticable.

Es obvio que las causas de la claudicación de un frente opositor de izquierda entre MORENA y el PRD obedecen a muy diversos motivos, ahora bien, quisiera subrayar específicamente la responsabilidad que tienen las dirigencias de ambos partidos políticos al respecto, dada su falta de pericia en el quehacer político.

Para entender los errores políticos de los partidos que han conducido a la imposibilidad de concretar una alianza, debo señalar un aspecto de suma importancia: la política entendida en su nivel más general, constituye un fenómeno muy amplio con diversas aristas, por un lado, la política consiste en el consenso a través de acuerdos, negociaciones, decisiones colectivas y el diálogo; por otro lado, supone el objetivo de obtener el poder y ejercerlo conforme a un proyecto y un fin, como por ejemplo, el interés de la voluntad general del pueblo; en tercer lugar, y no menos importante, la política es confrontación, algo que Carl Schmitt llamó la dicotomía amigo-enemigo. Una y otra dimensión de la política se expresa más o menos dependiendo de la coyuntura en la que acontezca, pero las tres están siempre presentes en el fenómeno global.

Si analizamos el desdibujamiento de un frente opositor de izquierda rumbo al 2018, a la luz de estos tres elementos constitutivos de la política y en las circunstancias en las que efectivamente aconteció, debemos de notar lo siguiente: MORENA y el PRD son partidos de izquierda con agendas (supuestamente) comunes, que se enmarcan en el nacionalismo-revolucionario y la socialdemocracia, por lo tanto debieron de ser capaces de realizar una negociación colectiva que pudiera construir una alianza que se encarnara en un frente electoral opositor y contrapuesto al PRI y al PAN, partidos con agendas y proyectos de nación distintos.

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Ya sea que el protagonismo de López Obrador lo cegó y por ende apostó todo antes que aliarse con otro partido, o que la dirigencia del PRD pactó una alianza con el PAN para competir en la elección contra MORENA (hecho que valdría la pena analizar y que constituye una muestra más de la crisis del PRD, su falta de ideario  político, su oportunismo y su actual posición “defacto” en el espectro político), el caso es que no habrá una alianza partidista de izquierda el próximo año en México, lo cual, para el proyecto de nación resulta un fracaso, un problema, una división y posiblemente una ruptura, más si consideramos que si la izquierda partidista se uniera, tendría amplias posibilidades de ganar, pues ni el PRI ni el PAN son fuerzas que hoy puedan competir contra un frente opositor de izquierda. En cambio compitiendo divididos, el PRD y MORENA quizás terminen por mermar la presencia de la izquierda en el tablero político de cara a los próximos años.

Por último, y más allá de los errores puntuales de las dirigencias de los partidos, no debemos perder de vista lo que en un nivel más profundo significa que las izquierdas partidistas vayan separadas en 2018. Este fenómeno de división  debemos de ubicarlo en un punto de tensión en la correlación de fuerzas en México ante el fracaso que ha sido el gobierno de Enrique Peña Nieto y ante las circunstancias globales. El descontento que han generado los últimos cuatro años y medio de gobierno, han llevado a muchos electores a pensar orillarse por una candidatura de izquierda rumbo a las elecciones del próximo año, fenómeno que necesariamente ha generado reacciones, reagrupaciones y reacomodos conservadores (el que la dirigencia del PRD se decante por el PAN es una muestra de ello), fenómeno que apunta a la inhibición de la posibilidad de un cambio político, aunque sea un cambio menor, muy menor.

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