El polémico caso de Narciso Contreras

Hace unos días se dieron a conocer unas fotografías manipuladas por el fotoperiodista ganador del premio Pulitzer Narciso Contreras. Estas imágenes han desatado, una vez más, polémica en el mundo de la fotografía, se despidió Narciso de la agencia AP para la que trabajaba, y hay quienes exigen que se le retire el premio que ganó con un proyecto que no involucra la polémica imagen. Esta tarde les compartimos un texto titulado “La incómoda honestidad de Narciso Contreras”, que nos encontramos en el blog Cuadernos doble raya redactado por Témoris Grecko, periodista que ha convivido con Narciso y nos da su opinión (la cual compartimos) acerca del tema.

La incómoda honestidad de Narciso Contreras

Linchamiento es el asesinato de una o varias personas por una multitud, sin un proceso de juzgamiento, sin culpabilidad demostrada, sin conocimiento pleno de los hechos del caso y sin dar oportunidad de defensa. A la pregunta de por qué se producen los linchamientos seguirá una multitud de respuestas, de acuerdo al caso. En el de Narciso Contreras (que, como es común en la era de las redes sociales, ha sufrido un linchamiento de personaje: nadie le rompió el cuello físicamente pero con toda furia se lanzaron a destrozar su fama pública como fotógrafo y como persona) sospecho que hay varios motivos, como la simple imprudencia de repetir lo que se encuentra en Internet sin preguntarse si es verdadero o qué hay detrás, como el sencillo gusto de sumarse en tropel a cualquier ejecución pública, como la visible envidia profesional y como la muy compleja necesidad de humillar a otros para lucir mejor.

Disclosure: éste es un importante concepto anglosajón mediante el que, por honestidad ante el lector, la persona que sostiene una postura revela si tiene una conexión o un interés relativo al asunto que trata. Yo sí lo tengo: Narciso (conoce su trabajo aquí) es un compañero periodista independiente mexicano que cubre conflictos, es mi amigo y, de hecho, compartimos depa por unas semanas en Estambul, a fines de 2013.

No permitiré que esta relación, sin embargo, invada mis argumentos. Me importa el valor que este debate tiene para la profesión y para mi país. El lector juzgará.

Aunque había hecho excelentes trabajos en otros escenarios, fue el de Siria el que llevó las imágenes de Contreras a las portadas de los medios más influyentes del mundo. La agencia a la que contribuía como freelance, AP, presentó un conjunto de imágenes de varios fotógrafos, entre las que las de Contreras tenían gran peso, al premio Pulitzer de periodismo 2013 en la categoría de cobertura periodística, y lo ganó.

Hace unos tres meses, Narciso y yo conversamos al respecto. Lo importante, para él, era pasar la página, dejar el ruido del reconocimiento atrás, dedicarse a su trabajo. Era casi lo mismo que me había dicho Javier Manzano, otro fotógrafo mexicano que recibió el Pulitzer 2013, en una categoría individual: a otra cosa mariposa, concentrarse en la chamba, desoír los elogios. En un año en el que los mexicanos entraron por primera vez –y como ráfaga– en los Pulitzer, Alejandra Xanic, quien lo obtuvo por una excelente investigación sobre las políticas corruptas de la empresa Walmart, era tal vez más extrema que ellos: casi no quería saber del premio, era una exposición pública que la incomodaba, prefería la discreción que favorece sus proyectos.

Contreras fue varias veces a Siria. En septiembre, pasó varias semanas adentro, en un contexto en el que la amenaza de los secuestros (y eso lo conocí de cerca) era tan real y poderosa que casi ningún periodista estaba (ni estará, por un buen tiempo) en las zonas controladas por la oposición, la cobertura cayó en un 95% y la tragedia siria estaba siendo olvidada por el mundo.

Sólo quien ha estado allí se puede imaginar lo que esto conlleva, desde el riesgo constante de morir en el campo de batalla por la bala de un francotirador hasta el de desaparecer mientras se duerme por la caída de un misil Scud, pasando por el peligro de caer preso de los torturadores del régimen o de ser raptado por los fanáticos de Al Qaida. Y no sólo eso: es la experiencia dura que ni uno solo de los que abrieron la boca para condenar a Contreras se ha atrevido a llevar: vivir entre personas devotas de una religión ajena que no entienden por qué somos diferentes, moverse entre escombros, hoyos abiertos en la pared y dunas pelonas expuestas al fuego enemigo, alimentarse de te y mendrugos viejos, dormir de vez en cuando en cualquier rincón a pesar de las explosiones cercanas, sentir el dolor infame de ver a niños heridos que se están muriendo poco a poco, de uno a uno, o rápidamente y por montones… y tener que cumplir, al mismo tiempo, con las exigencias del velocísimo mundo de las noticias, establecidas por señores que trabajan en buenas oficinas con escritorios con conexión permanente a internet y que quieren salir a tiempo para ir al cine con sus chicas o al bar con sus amigos.

En ese contexto, Contreras tomó “una decisión equivocada” por la cual está “avergonzado”, según explicó él mismo en una carta pública. La difundió en Facebook después de que AP diera a conocer que Contreras había alterado digitalmente una de sus fotos y que por eso cortaba sus lazos con el fotógrafo y retiraba todas sus imágenes de su archivo. “No le quedaba otra”, “que más podía decir que estar avergonzado”, cuestionaron sus linchadores.

Pero lo estaba de verdad. Y a un nivel que lo llevó a tomar otra decisión, una decisión ejemplar, que dudo que muchos de esos “críticos” podrían imitar: a Contreras no lo descubrieron alterando fotos, no lo agarraron en la movida. Fue suya la iniciativa de alertar a los editores de AP de que esa imagen estaba modificada, para impedir que la difundieran. El diario The Guardian, el 23 de enero, fue el primero en dar a conocer el incidente, con estas palabras: “El servicio de noticias (AP) dijo el miércoles que recientemente Narciso Contreras les dijo a sus editores que había manipulado la fotografía digital de un rebelde sirio, tomada en septiembre, utilizando software para borrar la cámara de video de un colega de la esquina izquierda inferior del cuadro”.

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¿Existe alguna diferencia entre quien es descubierto en un mal paso y quien sigue las indicaciones de su conciencia para dar a conocer su falta e impedir que se produzcan mayores daños?

El New York Times considera que sí es un aspecto importante: “Al contrario de sucesos anteriores en los que la violación fue descubierta por lectores, blogueros u otros fotógrafos, el caso de esta semana tiene un aspecto peculiar: Contreras, enfrentado a un dilema moral y a sabiendas de las consecuencias, se entregó”.

Se trató de un evento único, no repetido. En AP corrió el espanto y de inmediato procedieron a investigar. Informa The Guardian: “Esto condujo a AP a revisar la totalidad de las casi 500 fotos que Contreras le había enviado desde que empezó a trabajar para su servicio de noticias en 2012. No se encontraron más instancias de alteración, dijo Santiago Lyon, el vicepresidente y director de fotografía del servicio de noticias”. (También el New York Times, para quien Contreras trabajó desde Egipto en 2013, checó sus fotos sin hallar problemas.)

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¿Existe alguna diferencia entre quien engaña sistemáticamente y quien lo hace una sola vez entre 500?

El fallo de Contreras tiene peso en el contexto que vivimos, de permanente fabricación de la realidad: se modifican situaciones, se provocan eventos, se inventan cosas todo el tiempo. En el siglo XX, Stalin solía borrar de las fotografías históricas a los dirigentes que mandaba ejecutar. Encabezadas por Fox News, las agencias y cadenas de noticias occidentales (incluida AP) hicieron un formidable trabajo de falsificación durante la invasión a Irak en 2003, un evento histórico para el periodismo por los alcances extraordinarios de la mentira. Los ejemplos son innumerables.

¿El caso de la foto en cuestión es parecido? ¿La alteración que hizo Contreras tiene un objetivo perverso, nos confunde, nos engaña, nos induce a creer que pasa algo diferente a lo que se ve?

¿Existe alguna diferencia entre quien manipula para confundir y quien lo hace para corregir una pequeña deficiencia estética?

La actitud de Contreras es otro elemento a considerar. “Estoy avergonzado”, escribió. “No me quiero excusar por hacer algo que está penalizado vigorosamente por la pureza del fotoperiodismo”.

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El problema en el que se ha metido no es menor. Una vez que uno de los medios más importantes del mundo lo ha echado a la calle de esta forma, me parece difícil que otro quiera publicar su trabajo. Su carrera, que hasta justo antes de que él decidiera revelar su falta iba en vertiginoso ascenso, ahora va en igual ritmo hacia abajo.

En consistencia con su comportamiento del día a día, antes y después de la fama, Contreras está actuando con humildad y honestidad. Esto no se puede decir de muchos de sus críticos, de quienes ahora se sienten en posición de darle lecciones, de ponerle la mano en la cabeza y decirle que tiene que aprender.

Es de dar risa, la verdad. Porque Contreras sabe que él mismo, que lo que sucede, es la lección y en lugar de querer evadirse, está ofreciendo su propia inmolación como luz de alerta para los demás: “Soy un ejemplo vivo para colegas, para fotógrafos nóveles y aspirantes del fotoperiodismo, de lo que no es correcto hacer. Por favor, tomen mi desafortunada decisión como una lección dorada. La industria se sacudirá por un rato pero, como parte de la vida, necesitamos el castigo público de otros para instruir a otros”.

A father cries while his children are being treated in a local hospital

Nadie le había preguntado a Contreras de qué se trataba, ni habían esperado a escuchar lo que él tenía que explicar, cuando ya estaban difundiendo la noticia de que AP lo había echado, acompañándola con mensajes de escarnio, unos, y con la condescendencia magisterial de quien quiere hacer creer que está por encima de las debilidades humanas, otros. Para quienes han hecho poco, ésta era una oportunidad de exhibir a quien ha hecho mucho y asumir una estatura sobre él que no les correspondía. ocurrió en medios occidentales, en general, pero sobre todo en México, donde la mediocridad es un acicate no para tratar de ser mejores, sino para quemarles los pies a los mejores.

AP había arrojado un cuerpo a la calle y los perros lo estaban destazando.

Roger Tooth, director de fotografía de The Guardian, salió en apoyo de la decisión de su colega de AP con argumentos que él querría que fueran inapelables: “AP tiene sus reglas por buenas razones y les ha quedado claro a todos los fotógrafos que ninguna manipulación será tolerada. A otros fotógrafos los han echado en el pasado y me temo que ésta es la decisión correcta en este caso, para el mayor bien del fotoperiodismo”.

Contreras ha tenido la entereza de aceptar su castigo y ofrecerse como ejemplo. No vamos a cuestionar, entonces, lo que hizo AP. Pero, ¿justificarlo como un acto para el mayor bien del fotoperiodismo? Yo todavía no he visto a uno solo de los grandes medios que nos engañaron tan cínica, profunda y extensamente en Irak reconocer sus faltas –ya no digamos pedir perdón. La falsificación de eventos continúa. La provocan muchas cosas, como intereses políticos y económicos, pero sobre todo, el mal está dentro de la lógica misma de la sociedad del espectáculo, de la que los grandes medios son el vehículo principal: exagerar, minimizar; incluir, ignorar; banalizar, ridiculizar: lo están haciendo constantemente.

El error de Contreras “no es un intento deliberado de engañar a la audiencia para hacerla pensar que estaba ocurriendo algo distinto de lo que puede ser inferido a partir de las fotos”, dice @duckrabbit en su blog. “Es aceptar el hecho de que, por encima de todo, lo que se valora en el fotoperiodismo no es la verdad, sino la estética. Si no fuera así, a Contreras no se le hubiera ocurrido alterar la foto”.

Violence continues to sweep across Aleppo

Veamos al mismo México, donde la mentira y la espectacularidad son parte de la dosis mediática diaria y algunos de esos críticos condescendientes y magisteriales se han hecho parte de ese sistema perverso.

Contreras ha sido convertido en un chivo expiatorio que les permite a los jefes de los medios –y a muchos mediocres por debajo— llenarse la boca con alardes de apego a la ética. Pero lo inmolan a él, un periodista independiente de un país mediano, porque sale enormemente más barato que castigar a los verdaderos responsables de la manipulación global. Claro, es difícil echarles el guante a los medios que nos mienten desde China, Rusia o Irán… pero los pueden hallar en su propio entorno… entre sus propios jefes. ¿Recuerdan el escándalo de News of the World y su espionaje de todo tipo de personalidades, desde políticos y famosos hasta una pequeña niña muerta? ¿Alguien sabe si el dueño de ese medio y de otros más influyentes (Fox News, Sky News, The Times), Rupert Murdoch, está pagando una pena por ello?

¿Que se puede decir en México donde los grandes enemigos del periodismo, de la libertad de prensa y del derecho a la información, que mandaron en el salinato han regresado al poder?

“Lo que verdaderamente da risa”, escribió @duckrabbit, “es el comentario de Lyon de que ‘la alteración rompió los requerimientos de AP de verdad y precisión’. No sé de qué clase de verdad está hablando Lyon, pero lo que sí sé es que, con gran frecuencia, los hechos que necesita la audiencia para formarse una visión equilibrada están fuera de la imagen. La mentira es que agencias como AP te quieran hacer creer lo contrario”.

Más aún, @duckrabbit se pregunta qué congruencia tiene que AP retire las 500 fotos que tenía de Contreras pero no siga el camino completo: “Si las fotos de Contreras ya no son válidas, AP tendría que hacer lo más decente y devolver el Pulitzer”.

¿Qué tal, eh? Ya que son tan drásticos, ¡que regresen el premio!

Pero hasta allá no van a ir, ¿para qué si no hace falta? Si con inmolar al fotógrafo ése basta, ¿qué no?

Para AP y los linchadores, lo más sencillo es describir las cosas como un sencillo asunto blanco y negro. Como Tooth, alardeando arrogantemente de que “ninguna manipulación será tolerada”.

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Ojalá fuera así. Ojalá, de veras, que ninguna manipulación fuera tolerada. De hecho, Contreras piensa de esta forma y por eso asume las consecuencias sin queja. Pero ni todas las manipulaciones se castigan ni las cosas son tan claras como el blanco y negro. Con afortunada disonancia, “Lens”, el blog de fotografía del New York Times, quiso valorar las cosas de una forma más profunda y compleja: la infinita gama de grises que logró percibir hace décadas Boogie el Aceitoso, el personaje de Fontanarrosa, pero que en AP y The Guardian se les sigue escapando.

James Estrin, en “Lens”, empieza recordando el recitario de la pureza en el fotoperiodismo y explicándonos todos los platos que Contreras rompió. Muy bien. A diferencia de los linchadores, sin embargo, él sí quiso saber más de lo que pasó y le preguntó directamente a Contreras.

El fotógrafo insistió en lo dicho, que acepta la responsabilidad. Para Estrin no era suficiente: ¿cómo ocurrió? Sin tratar de justificarse, Contreras explicó que estaba bajo extrema presión, que había estado pernoctando con unos rebeldes en una cueva en una zona de Siria donde había fuertes combates, cerca de una aldea llamada Telata, y que las tropas del gobierno los tenían rodeados. “Desde el principio, estuve consciente de que la cámara estaba en cuadro, pero era muy difícil moverme para hacer la foto. Quería conseguir toda la tensión del cuadro. Cuando estaba procesando la imagen, pensé que iba a distraer a los espectadores de la esencia de la situación. Pensé por algun tiempo si era correcto borrar la cámara del cuadro. Pero la borré. No pude manejar bien esto en un momento muy estresante, pero no puedo culpar a nadie de este error más que a mí mismo”.

Más tarde, una vez que la foto estaba en manos de AP, a punto de ser publicada sin que nadie se diera cuenta de nada, “le dije (al editor de AP) que esta foto había sido manipulada o alterada y pedí que la borraran y no la usaran. Ése fue el momento en que todo cambió”.

“Esto tiene consecuencias serias”, le dijo más tarde a Estrin, “pero son para mí. Rompí mi relación con AP, pero pude sacar a la luz el error que cometí”.

Perdonen ustedes, señores linchadores, condescendientes y magisteriales, que si hubieran ganado un Pulitzer nos lo hubiesen cantado hasta desde las letrinas: las lecciones, aquí, son más complejas de lo que ustedes perciben o quieren admitir…

Porque no queda en un fotógrafo malportado que recibe su merecido. Va más allá y encontramos a un profesional que enfrenta sus errores con honestidad, con valentía asume las consecuencias y con humildad se ofrece como ejemplo para que otros actúen con mejor juicio que el suyo.

Esto es lo que percibo y destaco no como amigo de Narciso, sino como un colega que cree que estamos ante una situación que, gracias a Contreras, contribuirá a hacer periodistas y personas con mayor conciencia y profesionalismo –si no la echan a perder los envidiosos y los oportunistas.

A muchos incomodó el éxito de Contreras y a otros muchos también desagrada, creo que aún más, que en su caída él demuestre tanta dignidad y entereza. Escogen ignorar el contexto y reducir el incidente a una reprochable transgresión precisamente porque no son capaces de lidiar con la altura ética del asunto, porque los supera y exhibe.

Es una lección para todos en muchos más sentidos que el de la manipulación digital: si alcanzáramos este nivel de conciencia personal, en México tendríamos un mejor país y, si existiera en el mundo, habría mejores medios de comunicación.

Además de un mayor nivel de compromiso, como dejó claro Contreras en su charla con Estrin: “Estoy avergonzado de lo que hice pero no estoy avergonzado de lo que creo que es mi deber: mostrar el sufrimiento que le provoca la guerra al pueblo sirio”.

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