El racismo a la inversa no existe

por Israel Espinosa
@arqueorock

Este texto lo escribí para abonar a la discusión iniciada por @tuvozesuneco y @erederbez en su texto ¿Racismo a la inversa? ¡NO!  agradezco profudamente a @MorasFurthur por las observaciones y las correcciones.

El sistema de exclusión que conocemos como racismo ha tenido distintas formas y configuraciones a través de la historia. Si bien todos los pueblos son excluyentes, deciden qué sí y qué no es lo propio, quién sí y quién no pertenece a una comunidad y, más complejo aún, quién sí y quién no es una persona con derechos, privilegios y acceso a bienes. El racismo como lo conocemos actualmente está intersectado por las relaciones de clase, el color de piel, el origen étnico y el género. Además del lastre biologista del siglo XIX, el racismo en nuestro país tiene formas distintas al de otros países por su desarrollo histórico particular, pero que cumple con ciertas características.

Las configuraciones históricas del racismo en nuestro país están puestas por la llegada de los españoles y tienen un origen ontológico. Los conquistadores al no saber qué eran estos seres que habitaban los nuevos territorios tuvieron que deliberar cómo deberían de ser catalogados; al determinarse en juicios que eran seres humanos, no pudieron esclavizarlos, como a las poblaciones africanas, pero sí tuvieron el derecho de explotarlos. Este tipo de exclusión, si bien tenía un origen teológico, en el fondo contribuía a la generación de riqueza de unos y a la miseria de otros. El sistema de castas que se generó en el virreynato otorgaba privilegios diferenciados: el blanco, peninsular, hombre cis, católico, estaba en la punta de la pirámide con el privilegio a gobernar, mientras las comunidades americanas tenían sólo el privilegio de no ser asesinados de inmediato, pero sí de a poco.

La independencia de la Nueva España supuso el fin de este orden al poner a todos los ciudadanos en igualdad ante al ley. Sin embargo, en términos sociales este orden no se terminó, al contrario, en muchos sentidos se hizo más profundo porque las instituciones del nuevo gobierno no garantizaban el acceso a la justicia de las mayorías indígenas y de las minorías afrodescendientes. El discurso del mestizaje pretendió integrar a una gran parte de la población acercándolos a los discursos de las élites; despojados de una identidad indígena y lejos de poder tener los privilegios de los gobernantes quedaron en el limbo, aunque abonó a la creación de la una identidad nacional, maximizado después en el discurso revolucionario del siglo XX.

El racismo mexicano es particular porque en muchos sentidos es hipócrita, no es directo y tajante como en otros países, por eso es tan difícil enunciarlo. Se sabe que está mal discriminar, pero no se reconoce que se está discriminando. Así, se utilizan expresiones cotidianamente que hacen alusión a lo malo de ser indígena, sin reflexionar sobre el tema: paisita, María, naco, autóctono, aborigen, nahual, indio (a), huarachudo (a), prieto (a), patarajada. Al mismo tiempo estos adjetivos son utilizados como señal de clase. No es gratis. La relación entre el color de piel y la prosperidad económica están correlacionados.

En este país la discriminación se construyó a través de una división binaria general: lo blanco y lo no blanco. Eso no blanco tiene una gama de matices que va más allá del color de piel: es un conjunto de características que determinan “lo otro”, lo que no es normal, lo no deseado, lo que no se debe de ser, el lado opuesto a lo ideal, lo que no está dentro de una serie de características que contenía la clase gobernante peninsular.

Gráfica de Mexicantimes (http://themexicantimes.mx/un-apartheid-invisible-racismo-en-mexico/)

Para resumir, lo blanco es un conjunto de relaciones económico-políticas que se ha construido a lo largo del tiempo para mantener los privilegios de una clase e impedir que otros accedan a ellos. Los mecanismo para esto han sido diversos pero se pueden agrupar en dos. Por un lado, están los biologicistas y su derivación cognitiva: esos “otros” son incapaces de llevar a acabo a causa de una condición física, de inteligencia o de alma, que no se puede corregir, en ese sentido, se tiene que respetar dicho orden. Por otro lado, están los mecanismos de orden económico tipo “los pobres son pobres porque quieren”; en ese punto, la clase y la “raza” se empatan y crean un sistema que les impide, en la gran mayoría de los casos, escalar socialmente y mejorar sus condiciones de vida.

En la actualidad, la constitución de lo “otro” es mucho más compleja que sólo identificarse indígena o no. Los pueblos lo saben, lo entienden y lo combaten de una u otra manera -la máxima expresión son las declaraciones del EZLN desde 1994. El problema lo encontramos en la vida urbana y semiurbana que está configurada de otra manera, en donde el color de piel importa menos e importa más el nivel de consumo, las relaciones económicas y la identificación con una ideología y prácticas especificas relacionadas con ello. Ahí lo blanco está más relacionado a una aspiración de clase.

Que AMLO les llame “pirruris” a sus contrincantes políticos, ejemplo del que parten los autores del texto mencionado al inicio, no representa ningún tipo de racismo inverso, pues todos ellos pertenecen a una misma élite. Puede ser discriminatorio, aunque yo lo veo solo como una burla. Es obvio que a Anaya o a Meade nadie los discrimina en la vida común y corriente, o acaso ¿les impiden la entrada a algún restaurante? ¿Los revisan al subir al avión? ¿Los sigue la seguridad de las tiendas? ¿Les preguntan si no es falsa su identificación cuando intentan pagar con una tarjeta de credito? No lo creo. El racismo inverso no existe porque no hay detrás de él un sistema económico-político que apoye la idea de que las personas blancas o de clase acomodada sean excluidas de ese sistema. El racismo-clasismo está apoyado en esta idea fundamentalmente.

Gráfica de Mexicantimes (http://themexicantimes.mx/un-apartheid-invisible-racismo-en-mexico/)

Lo que es realmente hilarante son las declaraciones de Ricardo Anaya al advertir que con sus declaraciones AMLO está tratando de  dividir al país en razas, clases y color de piel, cuando el país está dividido desde hace ya varios siglos de esa manera, y en el siglo XX esa división ha sido promovida por su propio partido y sus alas más reaccionarias. Las clases politicas y economicas de este país son probablemente el modelo de “blanco” al que aspira toda persona “de buenas costumbres”. Además, actualmente el modelo de intelectual de izquierda, progresista y “radical” también se ha vuelto un modelo de aspiración de clase y que en general representa las mismas aspiraciones pero envueltas en un discurso de lucha social que no abandona las consecuencias de sus formas de consumo, sus privilegios y las consecuencias que ello trae a la hora de fomentar ciertas prácticas políticas.

En ese sentido, el racismo/clasismo ha adquirido formas muy complejas, tal vez las de la izquierda progresista sean las más difíciles de desentrañar porque parecen ser actos de solidaridad. Un ejemplo que me causa un poco de miedo es el de “ir a aprender de los pueblos”. Claro que mudarse a vivir a un pueblo indígena debe de ser una experiencia increíble, pero cuando hacemos eso, desde la urbe, sólo vamos a desbalancear la economía sin abandonar nuestros privilegios; al contrario, adquirimos más al instalarnos en esas comunidad a menos de que se vaya a trabajar en el campo o en algunas de sus actividades para vivir. Sin eso no veo cómo es que aprendemos algo de los pueblos, ya que su organización y resistencia son una extensión de sus formas económicas-religiosas-políticas y esencialmente su relación con la naturaleza. Por otro lado, reflexionar sobre el racismo inverso desde una superioridad blanca y la manera en cómo se extrae el conocimiento para después venderlo en forma de artesanía, discurso político o recetario de comida construye de nueva cuenta relaciones asimétricas y un colonialismo interno con muy poca ética.

Por eso es que al final de esta perorata tan aburrida dejo estos consejos para poder relacionarse de manera más simétrica, algunos de ellos en especial para esa izquierda progresista que al parecer no se da cuenta de lo que hace:

-Hacer chistes racistas está mal, en serio, aunque nadie se asuma indígena o afrodescendiente, decir indio o negro como forma despectiva es discriminatorio.

-Asumir que las escuelas privadas donde estudiaste son mejores que las públicas construye una superioridad cognitiva que suele ser muy incómoda.

-Suponer que alguno de tus conocidos no puede pagar la cuenta de algún bar/restaurante/cafetería/antro/festival de música y por eso lo excluyes de tus círculos de amistad refuerza la idea de que sólo podemos relacionarnos con “ciertas” personas. Mejor intenta ir a lugares donde todos puedan pagar. No está mal preguntar si puede o no pagar ciertos lugares, o que él o ella elijan, no sólo preguntes para construir un falso consenso y que después todos lo ignoren, de verdad ve a lugares que “otros” elijan.

-Deja de hablar todo el tiempo con anglicismos, no todos tomaron inglés desde el preescolar.

-Tus consumos culturales no son lo mejor, ni los más top, ni nada por el estilo.

-Bailar cumbia o reggaeton no te hace más barrio.

-Hay gente que no puede comprar más ropa de la que tiene, que tu elijas ponerte lo mismo todos los días no te hace mas proletario, tampoco usar ropa “tradicional”.

-Las trabajadoras domésticas son personas que merecen un mejor salario. Ayudar a que tu casa esté medianamente limpia hace su trabajo más sencillo, son trabajadoras no tus esclavas.

-Los choferes de camiones y taxis básicamente están esclavizados, tal vez hacen mal su trabajo, pero hay que tratar de entender sus condiciones laborales adversas y no sólo tratarlos como personas de segunda,. Además usar transporte público no tiene nada malo, de verdad, no todos pueden ir en bici, porque no todos viven en un lugar céntrico.

-Algunos feminismos tambien son racistas, aunque no te des cuenta.

-También existe música en español que es buena.

– Los pueblos indígenas no necesitan aprender nada de nosotros, nada.

-Todos los beneficios con los que creciste no son la norma, al contrario, la mayoría de las personas no los tienen y posiblemente nunca los tendrán.

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