Elogio de George Martin (A la memoria del auténtico quinto Beatle)

Por Israel Pompa-Alcalá
@thesmallestboy

Cuando Bruce Springsteen introdujo a Bob Dylan al Salón de la Fama del Rock, dijo: “Elvis Presley le dio cuerpo al rock… pero Dylan le dio el cerebro”.

Cuando yo era un adolescente, el cuerpo del rock, la energía del rock, el fuego del rock, lo representaba Nirvana: eran desfachatados, enojados, divertidos, tristes, en llamas, contradictorios… todo eso que significa ser joven. Ellos me dieron una razón para querer colgarme una guitarra o un bajo y brincar como chapulín por todo el escenario. Ellos fueron mi Elvis.

Un par de años no escuché otra cosa que no fuera al trío de Seattle. Pero un día hizo falta algo más que el cuerpo, que la energía, que el fuego. Un día hizo falta dirigir todo eso a un mejor lugar, a uno más imaginativo.

Entonces llegaron ellos. Siempre habían estado ahí, pero nunca les había puesto atención. Me enseñaron a hacer modulaciones, a hablar de cosas profundas, a ser un explorador inalcanzable, a no ver fronteras ni barreras, a mezclar todo lo que tenías a la mano, me enseñaron a tocar el bajo, la guitarra, la batería, todo. Los Beatles me patearon el cerebro y yo cambié para siempre. Ellos fueron mi Dylan.

Lo que yo supe mucho, pero mucho después, es que Dylan admiraba a un héroe desconocido llamado Woody Guthrie. Lo que yo supe mucho, pero mucho después, es que Elvis siempre tuvo a Sam Phillips detrás. Lo que yo supe mucho, pero mucho después, es que gran parte de la responsabilidad de que mi cerebro se abriera y cambiara para siempre no era sólo de Lennon, McCartney, Harrison o Starr, sino de alguien más: George Martin.

Sin él, nadie habría sido hechizado por el sonido único de Strawberry Fields Forever o de A Day in the Life. Sin él, Yesterday sería una balada del montón. Sin él, el White Album nunca hubiera quedado tan humano. Sin él, Rubber Soul o Revolver no hubieran provocado que el rock madurara y se transformara en arte. Sin él no hubiéramos tenido la despedida perfecta en Abbey Road. Vamos, sin él los Beatles jamás hubieran sido los Beatles.

Sin él nunca hubiera tenido a mi propio Dylan ni a mi propio Elvis.

Sin él la música no habría salvado tantas vidas.

Sin él, el mundo sería definitivamente otro: uno menos colorido, menos vibrante, menos inspirador.

Y ahora él se fue. Hace unos minutos dijo adiós y dejó todo en silencio.

No sé qué será de este mundo tan oscuro, caótico y terriblemente destructivo sin su fuerza creadora, sin su mente desbordante en arreglos, composición, ejecución e inventiva.

Sí, Elvis fue el cuerpo, Dylan el cerebro, Nirvana la rabia, los Beatles el alma… pero George Martin era la imaginación. Y esa es insustituible. Gracias por tanto, querido George. Hiciste de éste un mejor lugar, pues lo llenaste de belleza con tu arte.

Siempre serás mi Beatle favorito. Siempre.

Descanse en paz George Martin (3 de enero de 1926 – 8 de marzo de 2016).

georgemartin1

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