En defensa de la Mars

por Jesús Arelle
@EpigmenioCross

México tiene uno de los índices más altos de deserción escolar en América Latina, según el boletín 125 del 2 de octubre de 2015, la mitad de los estudiantes de entre 18 y 29 años no ha concluido la educación media superior y cada año 625 estudiantes abandonan la escuela. El pasado 22 de marzo se sumó una joven más a las filas de los que deciden abandonar su estudios. Mars Aguirre, una joven de 16 años originaria de Mexicali, quién hizo pública su decisión de darse de baja de la preparatoria UVM mediante un video en el que no sólo explica el porqué de su decisión, también señala acusatoriamente su inconformidad con el modelo tradicional educativo y al sistema que lo reproduce.

Las acciones y declaraciones realizadas por Mars Aguirre rápidamente se volvieron virales y no tomó mucho tiempo para que los usuarios de Internet comenzaran, desde sus púlpitos morales, a realizar juicios en contra de la joven. La gran mayoría de los comentarios, memes y videos se hicieron para desacreditar su postura: ¿cómo se atreve a juzgar y desafiar las reglas del juego que “decidimos” jugar todos? Sin duda, los más escandalizados ante los actos de Mars son personas que adjudican su éxito o estatus a la educación que recibieron; individuos que aseguran que si no fuese por la escuela no serían las personas de bien que son hoy o personas que se sorprenden al ver a alguien rechazar una oportunidad que muchos quisieran tener. Las montañas de falacias llovieron sobre la joven youtuber, los censores se dispararon y se comenzó a criticarla por todos los frentes: por su vocabulario, por su aspecto, por chaira, por ser de la UVM; incluso por aparecer en televisión y junto a López Obrador. Es claro que los hombres de paja perpetrados han sido efectivos para desviar la atención de lo que está diciendo Mars, trivializando su discurso y opacando lo que existe detrás de sus acciones. ¿Por qué, si cada minuto deserta un joven de la escuela no llama la atención de la misma manera que lo ha hecho Mars? ¿Por qué se crea polémica alrededor de las declaraciones de alguien que la opinión pública ya descartó como incapaz de tomar una decisión consciente?

Pareciera que los adultos egresados y profesionistas se sienten agredidos cuando una mujer a la que le faltan dos años para ser considerada adulta en nuestro país, decide que el camino trazado por el sistema, al que ella misma tacha de retrógrada y pendejo (desde su posición privilegiada de adolescente clasemediera), no funciona para cumplir sus metas y sueños individuales. Lo que dice pareciera no tener pies ni cabeza para ellos y tal vez tengan razón. Es entendible que una mujer en plena adolescencia estalle en un arranque juvenil de rebeldía y berrinche, que haga públicas sus inconformidades sobre algo que le molesta, más aún si pertenece a una generación a la que se le hace fácil compartir sus opiniones y sentimientos en el refugio de sus computadoras. El mismo infantilismo que cubre las declaraciones y la postura de la Mars, más los argumentos dados en su contra por parte de sus detractores, esconden una realidad retorcida. Ninguna de las dos partes se encuentra en una posición desde la cuál se pueda concluir qué es lo correcto, ¿quién lo decide en primer lugar? Aún así, ambos lanzan comentarios y argumentos poco pensados sobre la realidad de la educación y el sistema.

La crítica débil, que desmonta al sistema educativo como si fuera Plaza Sésamo, viene de una adolescente que desde su realidad privilegiada arremete contra lo que, según ella, la tiene hasta la madre: la escuela, una guardería que puede ser eludida si buscas realizarte en otros ámbitos, según Mars. Este discurso está construido desde una posición de clase en la que no se le permite entender que la escuela es un lujo y una necesidad para muchos otros, su postura es a lo mucho individualista y simplona. Por otra parte, su decisión de abandonar los estudios, no pareciera ser tan descabellada si consideramos el contexto generacional de esta joven, más cuando vemos que en estos tiempos, un youtuber, sin hacer necesariamente uso de un título académico, puede ganar millones de dólares por hacer videos tutoriales de manualidades, lo anterior es sin ánimos de desacreditar a Yuya por supuesto. Sin embargo, aquellos que la cuestionaron y en ocasiones insultaron, trazan un juicio igual de débil y poco razonado sobre lo que dijo e hizo la Mars. Si bien, por la rapidez con la que un individuo puede ponerse en el lugar del crítico dentro de las redes sociales, pero también porque no se tiene claro lo que sucede detrás de un fenómeno como éste y se piensa que, por medio de la experiencia propia, uno no puede estar equivocado.

Es insultante la ilusoria y cínica apertura que muchos dicen tener ante ideas y posturas nuevas. Se pensaría que en estos tiempos, en los que abunda lo políticamente correcto, tendría que haber un criterio más amplio para abordar posturas diferentes, desde perspectivas nuevas, que debería ser razonable el poder entablar un diálogo con alguien que piensa o toma una postura diferente ¿o no? Lo que sucede es que la apertura está limitada a un consenso en el que lo permitido se sostiene en meras creencias, la gente cree que las opiniones son válidas sólo cuando no trasgreden o cuestionan el modo de vida de la mayoría ¿cómo una niña va a decirnos que ir a la escuela es inútil, si lo que somos es gracias a que tuvimos una educación? O ¿cómo si la educación es fundamental para mejorar al país, se atreve a rechazarla? Pareciera que la gente desea ver materializado el fracaso de la Mars para probar su punto.

Sin embargo, lo que ha sucedido hasta ahora alrededor del video de Mars, sólo demuestra cómo la opinión pública es incapaz de aceptar una voz que critique su sistema de creencias, por pobres que sean los argumentos dados en contra. Cuando aparece, se estructuran respuestas de aislamiento, que se colocan al mismo nivel del discurso de esta adolescente, lo que hace parecer a esta voz como un caso aislado, se busca cualquier razón para invalidar su discurso. Cuando intentan invalidar a la Mars desde las redes sociales usando hombres de paja, sólo reflejan lo frágil y vacuo de su razonamiento, se generan críticas débiles para un pensamiento débil. Pareciera que las superficiales críticas no dejan ver la trampa en la que caen, de creer que tener una educación nos autoriza a colocarnos en un pedestal desde el cuál podemos juzgar las ideas de otros, cómo si nos otorgara un estatus superior al de los demás. Sin mencionar que es fácil tropezar en el cuento de siempre: que la escuela y la educación es un fin en sí mismo y que rescatará a nuestro país de la crisis. Cuento que además reduce los problemas del país a un asunto de superación individual.

Por obtuso y reduccionista que sea el discurso de Mars, no deja de hacer lógica en el contexto actual, no sólo en relación al fallido sistema educativo de nuestro país, también por el hecho de que hoy, lograr tener un título universitario no asegura un trabajo estable, tampoco un buen sueldo, ni hablar de un futuro próspero o siquiera ser feliz, ideales que el capitalismo nos ha hecho adoptar cómo metas de vida ¿por qué no empezamos a hacer lo que queremos desde ahora?, pregunta la Mars.

Los Millennials han sido tachados de no saber lidiar con el mundo real (me incluyo), sin embargo, insultar y desacreditar a una persona que dice lo que piensa, por más insulso se sea, en vez de verla como un síntoma o un producto de algo más allá de nuestro panorama, la opinión se reduce a las imposiciones de algunos sobre lo que debería ser o hacer una adolescente. La polémica y falta de pensamiento crítico que acompañan las falacias de los “borregos del sistema” como los llama Mars, demuestra que las personas que se consideran acreditadas para criticar otras posturas, aún con una educación académica, no tienen intención de entender o escuchar lo que alguien más quiere decir. Es cierto que tanto Mars como sus detractores no son capaces de entender todo lo que produce su malestar, se encuentran en un bache que les impide ver los dos lados de la moneda. No cabe la posibilidad de decir que alguno se encuentre en lo correcto, tampoco que estén en lo incorrecto, pero es importante señalar cómo la ilusión de creer que la experiencia individual o grados de estudios nos permite aferrarnos a nuestras posturas sin darnos cuenta de que no estamos comprendiendo el mundo y lo que sucede en la cotidianeidad de una forma completa. Es claro que el tener un doctorado no quita lo pendejo, así como abandonar la escuela no te convierte en un iluminado que superó al sistema y que para persuadir a alguien primero hay que entenderlo. De cualquier forma, lo que debería preocuparnos rescatar entorno a este fenómeno viral son los motivos por los cuales abandonan sus estudios 625 jóvenes al año, no el porqué una adolescente con aspiraciones a youtuber decide hacernos saber que abandonará la preparatoria.

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