#Voto18. “Estamos asistiendo a un cambio importante en el sistema de partidos en México”. Entrevista con Jean François Prud’homme

El proceso electoral del 2018 ya empezó, y en torno él, la opinión pública y los contendientes hacen diversas lecturas. Para algunos, la elección del próximo año debe de dar pie a la continuación de un proyecto de nación, y para otros, debe de ser un punto de inflexión. En una arena electoral plagada de actores con agendas políticas radicalmente diferentes, las elecciones del próximo año transcurrirán entre dudas y desconfianza, mientras la viabilidad de la democracia en México es puesta en tela de juicio por la ciudadanía. Ante esta coyuntura, #Voto18 es un proyecto que busca llamar a la reflexión acerca de cómo nos aproximamos a las elecciones del siguiente año, para abrir la discusión hacia sectores jóvenes que por primera vez votarán en las presidenciales, y también hacia grupos de la sociedad absolutamente desencantados de la política. Así entrevistaremos a diversas personas con disímiles perfiles, corrientes ideológicas y edades, con el fin de arrojar algo de luz al respecto de lo que ocurrirá el próximo año y en los venideros.

por Alan Plata
@AlanPlata_97

Miriam Silva Taylor y
Ana Katia Rodríguez

Alan Plata: Para comenzar nos gustaría saber cuál considera que es la importancia histórica y coyuntural de las elecciones de 2018.

Jean François Prud’homme: Hay una cosa que es interesante en estas elecciones, algo novedoso en la historia reciente de México: es una elección con la participación de tres coaliciones, y con la participación de tres candidatos independientes. Estos elementos, suponen el final del sistema de partidos que se construyó después de las elecciones de 1988. Después de dichas elecciones, y con la aparición del Partido de la Revolución Democrática (PRD), se estableció una especie de eje en el sistema de partidos en el que participaban tres formaciones políticas principales: PAN (Derecha); PRI (Centro Pragmático); PRD (Centro-Izquierda), y en torno a esos tres grandes partidos políticos existían pequeñas formaciones políticas.

Lo importante de ese sistema de partidos es que era favorecido por la legislación electoral, porque los partidos con registro tenían el monopolio de la representación política, es decir, era imposible ser candidato a un cargo de elección popular sin haber sido postulado por uno de esos tres partidos políticos. Ellos negociaron las reformas electorales que permitieron el establecimiento del muy generoso sistema de financiamiento público. Esos partidos, también eran quienes controlaban la competencia política, porque elección tras elección, entre los tres, obtenían entre el 80% y 90% de los votos. Desde cierta perspectiva podemos decir que era un sistema de partidos muy estable, porque no había volatilidad en la distribución de los votos.

Este sistema de partidos permitió que, por más que existiera competencia entre ellos, en el fondo llegaran a un acuerdo sobre las reglas del juego. Tanto en 1996, como en 2007 y luego en 2014, lograron negociar las reformas electorales sustantivas. De hecho, ese eje de tres partidos permitió la negociación de una serie de iniciativas legislativas, que culminaron en el “Pacto por México” al inicio de sexenio del presidente Peña Nieto. De cierta manera, ese modelo era una garantía de estabilidad en el sistema político nacional. Claro que existían problemas, uno de ellos es que la ciudadanía tenía la idea de que México estaba gobernado por una partidocracia que, a pesar de sus diferencias, lograba ponerse de acuerdo en torno a temas esenciales de la competencia política y de las políticas públicas. Por lo tanto, fue creciendo un rechazo en la población hacia los partidos políticos establecidos.

A partir de la reforma electoral de 2014 se dieron grandes cambios que se materializaron en la elección legislativa de 2015. Estos cambios consisten en: 1) crisis en el seno de el PRD, que en 2006 y 2012 ya había tenido tensiones entre la figura de Andrés Manuel y otros sectores y grupos internos, y que después de las elecciones de 2012 ya se hace pública y explícita la escisión con la creación de Morena y su consolidación en 2015; 2) crisis en el seno de Acción Nacional, que se estuvo larvando durante los dos sexenios en los que el PAN fue gobierno, por su incapacidad de asumirse como partido en el gobierno. Durante la administración de Vicente Fox hubo tensiones entre el gobierno y el PAN, de la misma manera que durante el sexenio de Calderón, tensiones que se exacerbaron hasta lo que tenemos hoy.

En suma, lo que es importante ver es que por lo menos en dos de los tres partidos que constituían el eje de ese sistema consolidado a partir de 1989 hay crisis. En en el caso del PRD, la crisis amenaza su existencia, y en el caso del PAN, la crisis genera la salida de militantes. Otro elemento importante, es que en la Reforma Electoral del 2014, se aprobaron las candidaturas independientes, que, si bien no parecen amenazar a los partidos más importantes, en el fondo generan un efecto: permiten la salida de los insatisfechos dentro de los partidos. En cuanto al apoyo electoral que esos tres grandes partidos (junto con Morena) reciben en la actualidad, debemos notar que, en las elecciones del 2015 ya no lograron concentrar el 90% de los votos sino sólo el 63%. Estamos asistiendo a un cambio importante en el sistema de partidos en México, y está dando lugar a un sistema de representación mucho más fragmentado.

Los tres candidatos principales encabezan coaliciones de partidos, y no siempre esas coaliciones son las más congruentes desde una perspectiva programática. Tenemos esa coalición “Juntos haremos historia” de Morena, el PT y el PES. El PT es un partido de izquierda maoísta que respalda al gobierno de Corea del Norte desde la época de Kim Il Sung; por otro lado tenemos al PES en esa coalición, que es un partido construido a partir de las redes de apoyo de los evangélicos, de manera que es una coalición pragmática con inconsistencias. “Por México al Frente” es una coalición de partidos que ya se habían aliado para elecciones locales, pero nunca para nivel nacional. Es una coalición curiosa, porque si bien se negoció a nivel de las cúpulas, por lo que cuajó bien a nivel nacional, no ocurre lo mismo a nivel estatal, donde los consensos son más difíciles.

Por último, tenemos una coalición que, desde el punto de vista práctico, sorprende menos que es la que apoya al candidato Meade, en donde hay tres partidos que ya han participado en coaliciones a nivel nacional. Ahora bien, allí también hay un problema, porque el PRI postula a un candidato “ciudadano”, es decir, un candidato que pretende no ser representante de los partidos que lo postulan. Incluso podemos decir que en el fondo los tres candidatos principales, de una manera u otra, niegan ser candidatos de partidos políticos, y argumentan presentarse por otros motivos: Andrés Manuel por el hecho de que todo gira en torno a él, no representa una organización partidista. Ricardo Anaya cuando está con los panistas pretende ser panista; cuando está con Movimiento Ciudadano, se viste de naranja y cuando está con el PRD, va a usar el amarillo del PRD. Tenemos a tres candidatos presidenciales que están asociados a partidos políticos, pero que niegan ser representantes de partidos políticos. Y luego tenemos, por primera vez, a tres candidatos independientes que por definición no son de partidos políticos. Todo esto representa cambios importantes en el sistema de partidos y lo veremos en julio, en la representación política. Y va a ser muy interesante ver cómo se configura la representación política.

AP: Mencionas la característica particular de las coaliciones y de las alianzas, que no son naturales, en ese sentido, ¿qué tan diferentes pueden ser los proyectos de cada coalición?

JFP: No se ha hablado mucho de las plataformas electorales de los partidos, de si constituyen o no alternativas programáticas. No se ha hablado porque hay algunos temas que surgieron durante la precampaña que parecen ser importantes, como el de la violencia, la delincuencia, la seguridad pública y la corrupción. Estos temas que se tratan de colocar en el centro de la contienda electoral, sin embargo, hasta ahora difícilmente vemos cuáles son las diferencias en materia de política pública entre los principales contendientes. Digo en materia de política pública porque desde luego que en el tono de las declaraciones podemos intuir o imaginar que hay diferencias profundas. Supongo que son cosas que se van a asentar cuando empiece la campaña formal en el mes de marzo. Pero, por el momento, no se ve muy bien.

Hay algo más que ya se está perfilando. Y entiendo la situación del señor López Obrador, el candidato puntero en las encuestas, que, en términos de la dinámica de la campaña del 2012, pero sobre todo del 2006, busque evitar que se puedan hacer campañas negativas en su contra, campañas de miedo y todo esto. En ese contexto, se presenta como un candidato de unidad, pero, a través de las candidaturas que ofreció su coalición a distintos personajes de la vida pública nacional, uno termina pensando que a lo mejor su pragmatismo termina reproduciendo una especie de visión de la política que practicó el PRI durante muchos años antes de que los tecnócratas llegaran al poder. Se expone a que algunas personas digan perfecto el pragmatismo, perfecto la imagen menos radical, perfecto esa idea de incluir cada vez más a representantes de distintos sectores, pero al final muchos en lugar de verlo como una muestra del pluralismo, lo asumen como una especie de regreso a maneras tradicionales de hacer política.

Miriam Silva Taylor: En un marco político tan caótico, ¿cuál cree que debería de ser el papel del INE para llevar a cabo un proceso democrático más real?

JFP: Bueno, yo creo que el INE hace lo que puede con los recursos que tiene y sobre todo con las facultades que tiene. El INE, como el IFE antes, es una creación de los partidos políticos representados en el congreso que son los que legislaron, que le atribuyeron ciertas facultades, ciertas atribuciones, ciertas capacidades. El instituto está en una situación difícil con respecto a ciertos temas. Uno de ellos es que muchos creemos que el INE es el que tiene la última palabra en términos de reglamentación electoral (digo reglamentación, no legislación), de logística electoral, de supervisión de las elecciones y todo esto, pero en el fondo, como saben, existe todo un sistema de recursos para los partidos políticos insatisfechos que hacen que al final las decisiones las tome el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Aunque el INE tiene cada vez más atribuciones en términos de supervisión de las elecciones, frecuentemente esas atribuciones son muy complicadas de ejercer, ya sea en términos de lo que llaman el modelo de comunicación política o propaganda de los candidatos, o en términos de la fiscalización en tiempo real de los gastos de campaña de los candidatos. Yo no conozco ningún otro país en el mundo en donde exista un sistema de fiscalización en tiempo real de los gastos de los distintos candidatos y partidos, entonces eso también es un tema complicado.

Otro tema complicado, y no tanto a nivel del sistema político federal, es la inseguridad y violencia en ciertas zonas del país. Acabo de ver que mataron a la precandidata a diputada local del PRD en Guerrero. En última instancia ahora el INE termina siendo responsable de hacerse cargo de las elecciones en todos los niveles de gobierno. Toda esta situación hace que el INE, a pesar de ser una organización eficiente, con muchísimos funcionarios, con la posibilidad de reclutar todavía más funcionarios de casilla, ciudadanos que van a participar en la organización y supervisión de la jornada electoral, se encuentra en una situación complicada donde no maneja todos los hilos.

Ana Katia Rodríguez: Regresando a lo que decías del pragmatismo, ¿cuál es el papel que va a jugar la ideología en los partidos? 

JFP: Es interesante como lectura. Yo creo que si pensamos ideología en el sentido clásico, es decir, una especie de visión global de la sociedad y todo que, en condiciones globales de competencia, se distinguen las unas de las otras, ahora es muy difícil para el elector ubicarse. Digamos, si bien piensamos Andrés Manuel-Morena-izquierda, al mismo tiempo en una serie de temas no sabemos claramente dónde está la izquierda, la derecha y el centro.

El posicionamiento se está dando ahora en torno a la economía y la política económica y el papel del Estado, unos pequeños matices en cuanto a la redistribución del ingreso, pero digo matices porque finalmente la única coalición que habla de ingreso mínimo universal es el Frente, donde el PAN juega un papel muy importante, cuando en principio eso debería de ser una propuesta más de izquierda. En efecto es muy difícil encontrar ahora una diferencia ideológica tradicional entre las tres principales formaciones políticas, aun si podemos pensar que la mayoría de la gente de izquierda va a terminar votando a favor de “Juntos Haremos Historia”, también podemos pensar que el PAN y el Frente tendrán los votos de los electores de derecha, y los priístas seguirán votando por el candidato del PRI, pero también podemos imaginarnos que muchos priístas van a terminar votando por López Obrador porque van a sentir más empatía con su programa o con su manera de concebir el país, y hay panistas que van a votar por el PRI por no se sienten a gusto de votar por el candidato que va con el PRD, ya que para muchos panistas conservadores representaba el diablo.

AP: Y en relación con el papel de los indecisos, veremos qué va a generar más peso en las preferencias electorales, el voto antipriista o el voto antilopezobradorista.

JFP: En efecto, si en algún momento hubiéramos podido pensar que era una competencia entre tres candidatos, un resultado distribuido entre tres coaliciones, ahora lo que estamos viendo es más bien una lucha para definir quién va a ser el segundo lugar en una contienda electoral que probablemente se va a polarizar entre el primer lugar y el segundo lugar. Como bien decías, el voto estratégico va a contar mucho, muchos electores van a estar en una situación en donde no van a votar por el candidato de su preferencia, sino que van a terminar votando por su segunda opción, y frecuentemente esa segunda opción va a estar definida no de manera positiva sino negativa, en contra de otro candidato.

MST: Con tanta coalición e incertidumbre en el panorama será la primera ocasión en que mucha población joven comenzará a votar. Viendo las opciones que hay, y observando lo que a pasado en el resto del mundo, ¿piensas que va a incrementar o disminuir el voto en general, y particularmente el voto joven?

JFP: Es una buena pregunta. Las tendencias internacionales hasta ahora han mostrado que la participación política de los jóvenes ya no pasa tanto por las elecciones, frecuentemente no votan. La participación pasa más bien por otros lugares, movimientos sociales, defensa de temas de carácter más ético. Eso es una constatación, por lo menos es lo que hemos visto en el caso del Brexit, en donde los que van a tener que vivir en Inglaterra en el futuro estaban en contra de la salida de la Unión Europea pero no participaron con la intensidad esperada en el plebiscito y eso contribuyó a un resultado adverso a sus intereses. Por ejemplo, tengo un hijo que acaba de cumplir 18 y no sabe qué va a hacer con su voto, ya que no encuentra figuras con las cuales se pueda identificar. Espero que haya participación electoral, aun si es una situación un poco difícil, por lo menos en términos de capacidad de identificación y de representación. El candidato del frente, Ricardo Anaya, es un hombre joven que de cierta manera trata de presentarse como una especie de Macron, y particularmente yo lo percibo como alguien más grande, como un joven viejo.

AP: Paradójicamente, López Obrador que es el candidato más viejo en cuanto a edad y en cuanto a campaña, es el que más ha conectado con los jóvenes y que en la preferencia electoral arrastra el voto joven, tal como ocurrió con Sanders en Estados Unidos y Corbyn en Inglaterra.

JFP: Los tres actores que acabas de mencionar logran movilizar votos no tanto por la identificación, sino por el hecho de que representan la opción antisistema. Además, no estoy muy seguro de que otros jóvenes se identifiquen con AMLO frente a su posición con respecto a la sociedad, sobre la relación entre géneros, el aborto y todos esos temas que tienen que ver con la visión más moderna liberal.

AP: Por último, ¿consideras que existen las condiciones necesarias para el desarrollo de la democracia? ¿Esperaríamos un proceso democrático para 2018?

JFP: Considero que, en general, las elecciones se van a dar en condiciones normales. Sin embargo, no descarto la posibilidad de que la campaña pueda ser más ruda. En realidad, México se encuentra en una condición mucho más plural y hay condiciones para la representación política, pero paralelamente se muestra un sistema democrático en proceso de consolidación que vive una profunda crisis moral. Es una crisis que tiene que ver con el bien público, el interés general y con las prácticas políticas. Por más que se hayan cambiando las normas electorales, sigue existiendo la desconfianza como un elemento central de nuestra vida democrática. La gente no confía en las instituciones electorales y los partidos y sus adversarios no confían los unos en los otros. Así, pienso que debería de haber una revolución en los valores para que se consolide la exigencia de profunda convicción democrática entre todos los sectores de la sociedad. Es decir, que haya una mayor correspondencia entre valores, normas y prácticas democráticas.

MST: ¿Qué piensa que podemos hacer nosotros como ciudadanos para que se dé esta revolución?

JFP: Participar, exigir transparencia y rendición de cuentas, no tolerar comportamientos antidemocráticos. Podría enlistar algunas reformas pertinentes para esta transformación, pero la verdad es que ya no creo en las reformas de las leyes electorales, sino más bien creo en la participación y en la convicción democrática de los ciudadanos.

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Jean François Prud’homme es Director del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México.

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