Frank Sinatra y Don Rickles, otro nivel de carrilla

La carrilla es cabrona, dirán los más vividos. A veces puede ser el escalón previo a los golpes, pero siempre es un paso adelante para los amores verdaderos, sobre todo en el terreno de la amistad. No sabemos si es una regla universal, pero sí apostamos a que en México eso de los compas siempre tiene un filo que permite el pasarse de lanza, siempre en el terreno del «con todo respeto». Y la amistad entre Frank Sinatra y Don Rickles era muy así.

Eran otros tiempos evidentemente, y eran otras las pláticas y las posiciones sociales, pero algo de estos dos aún se conserva y es fácilmente reconocible para todos aquellos que tienen amigos de toda la vida. Por un lado estaba uno de los comediantes más peligrosos, rápidos y legendarios de la historia: Rickles. Por otro la voz que no necesita introducción: Sinatra. Y entre ellos la mano pesada y las ganas de tenerse cariño entre moretones.

Vivir para contarla

Lo que es bonito de este tipo de carrilla, de la del tipo que Frank Sinatra y Don Rickles presumían, es que es una cábula entre pares. Es bien sabido que si te metías con Sinatra pues era difícil que amanecieras al día siguiente. Pero si eras su amigo, y no sólo eso, si te consideraba una persona valiosa, entonces eras parte de un grupo selecto de seres humanos que estaban benditos en el espectáculo gringo. Y de ese círculo era el tan temido y tan amado Rickles, el único hombre capaz de burlarse del Ol’ Blue Eyes y vivir para contarla.

Les pasamos unos cuantos ejemplos de lo que puede llegar a ser la carrilla como postura vital. Pero ante todo les queremos enseñar los bellos tonos de una amistad. La vida mental y espiritual de dos potencias que se encuentran. Y la magia que Frank Sinatra y Don Rickles podían llevar a la pantalla.







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