¿Ideas radicales para México?

por Salvador Medina
@ElNahual

Recientemente se publicó el libro El futuro es hoy: ideas radicales para México (Biblioteca Nueva, 2018), que contiene una serie de ensayos sobre distintas problemáticas de México, y propone alguna solución “radical” a cada uno. No obstante, el libro como obra total es un tanto problemático debido a sus objetivos (incluyendo el de influir en la coyuntura de las pasadas elecciones en México): si tiene el fin de impulsar una agenda de ideas radicales y sus rutas de acción para transformar México, como sus editores mencionan, es probable que se haya quedado corto; si, por otro lado, pretende impulsar una serie de ideas de un amplio espectro de izquierdas contemporáneas y confrontarlo con otros libros similares, el libro cumple su propósito y lo que falla es su título (o bien el título es una estrategia mercadotécnica y no más). Estas afirmaciones merecen ser justificadas más a detalle, para no ser tomadas como una simplifcación.

Primero, partamos de la idea de que es un libro que impulsa ideas radicales, soluciones fuera de lo convencional, que se han intentado poco o que implican un cambio profundo del país. Si de eso se trata, hay varios textos que quedan a deber al respecto e incluso enarbolan ideas un tanto convencionales. Por poner un ejemplo, en el primer texto, sobre democracia, Mario Arriagada propone una agenda de diez puntos para corregir la democracia de México, pero su acercamiento es relativamente conocido y dentro de las instituciones existentes en el país, como castigar el financiamiento privado en las campañas electorales, crear un servicio profesional de carrera o universalizar políticas sociales básicas. Aunque tiene ideas interesantes, como sortear las candidaturas a puestos de representación legislativa, borrar la idea de una ciudadanía de “élite” al promover el asociacionismo popular. Arriagada, en entrevista, me señala que su idea era crear una propuesta de discurso que se acerque a una “utopía realista” para México. Esto contrasta con el prólogo (disponible aquí) que menciona el malestar por la democracia liberal representativa y las protestas del 15-M en España y del movimiento Occupy en EUA, que demandaban una democracia radical.

Por su parte, Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco, quien escribe sobre cómo generar igualdad de oportunidades desde un enfoque keynesiano (más técnico), es humilde y consciente de que no impulsa una agenda radical sino medidas económicas algo moderadas para atenuar la desigualdad del país, aunque aclara que a pesar de ello en conjunto “supondrían una radical experiencia de ser mexicano o mexicana”. Un país más igualitario, hoy suena radical ante la desigualdad imperante cotidianamente.

Fernando Córdova escribe sobre una política ambiental sistémica, un tanto moderado tomando en cuenta los ecologistas radicales, aunque insertar la libre determinación de los pueblos en la protección del medio ambiente y la naturaleza puede resultar radical para las grandes empresas que buscan explotar la naturaleza sin reparo alguno.

En otro texto (disponible aquí), Estefanía Vela trata la desigualdad de género y sus terribles efectos en México, aunque no aterriza en una propuesta radical, sino en una serie de preguntas sobre cómo lograr hacer efectivos algunos derechos establecidos (como 8 horas de trabajo) y universalizar servicios (como guarderías). Cuestiones urgentes de poder responder, por cierto. Una jornada laboral reducida y un menor peso laboral para las mujeres, permitiría a la sociedad organizarse y coordinarse mejor para avanzar en la emancipación.

Hay textos que se aproximan más a ideas radicales. Luci Pedroza y Alexandra Délano abogan por una congruencia en la política de migración mexicana, en donde insertan ideas sobre una ciudadanía posnacional (derechos de extranjeros residentes y doble nacionalidad) reconociendo la pluralidad de pertenencias. Estas ideas pueden parecer radicales para los nacionalistas más conservadores, pero más cercanas a las ideas liberales de la diversidad cultural y democracia. Mientras el texto de Alejandro Hernández gira alrededor de las ideas de Richard Florida sobre la clase creativa y la crisis urbana en EUA, así como el contraste que tiene este sobre las recomendaciones que Mike Davis da a los activistas del movimiento Occupy en EUA, ideas que curiosamente no germinaron en México, por lo cual se siente fuera de foco el texto, a pesar de que hace un llamado a reimaginar las ciudades como espacios colectivos y comunes en donde la política regrese a la ciudad con un carácter popular. Por su parte, Gabriela Jauregi se imagina un mundo diferente, una utopía feminista (¿y socialista?) nacida desde la cultura, pero que no queda del todo claro cuál sería el camino para lograrlo, un tema que requiere más discusión.

En cambio, sí hay textos que contienen ideas y agendas que pueden ser catalogados de radicales. Alejandro de Coss utiliza el marxismo para cuestionarse el capitalismo como un régimen ecológico y llama de nuevo a la construcción de alianzas transversales que tengan agendas ecológicas de justicia social, buscando la desmercantilización de la vida cotidiana y de ciertos procesos de acumulación capitalista, para un futuro postcapitalista. Una visión que recupera las ideas utópicas del socialismo y con acciones que van más allá de una idea de política ambiental sistémica o de políticas económicas moderadas de reducción de la desigualdad dentro del capitalismo.

Yásnaya Elena, el texto más radical a mi gusto, que se puede leer aquí, crítica la idea de México como nación y su papel activo de borramiento de las comunidades indígenas, hasta su cuasi desaparición mediante la absorción total. De ahí plantea la necesidad de crear un país basado en una confederación de comunidades autónomas, no en una federación, en donde los indígenas tengan espacios propios para su autodeterminación y lograr su supervivencia como comunidades −idea de democracia radical que contrasta con la de Arriagada.

Jorge Hernández Tinajero aboga por la legalización total de las drogas, propuesta que, ante el puritanismo conservador que ha generado una guerra fratricida en México, se vuelve totalmente radical. Sin duda, ayudaría a eliminar la causa de fondo de la “guerra contra el narco”, algo que Elisa Godínez complementa bien  hablar de la necesidad de justicia restaurativa, trabajada con las comunidades, para sanar a las personas afectadas y al mismo país por la enorme violencia que padecemos. Si bien, reconoce que plantea un “escenario modestamente favorable” y no uno radical, en conjunto con la legalización de las drogas sí configurarían una radicalidad dada las circunstancias actuales de violencia en México.

Finalmente, Javier Raya, desde una reflexión de su propia vida cotidiana como parte del proceso de reproducción capitalista, propone educar en la utopía, es decir, en pensar en futuro en donde la justicia existe y que se pueden realizar desde los actos domésticos y cotidianos.

Ahora bien, siendo justos, habría que insertar el libro dentro del contexto político nacional. El pensamiento político-económico dominante en México se movía tanto a la derecha en las últimas tres décadas, que políticas e ideas que parecerían de centro o mínimos puntos de inicio para la izquierda, se vuelven radicales hoy día. En este sentido, todos los textos podrían ser considerados radicales, aún así, algunos carecen de un fondo que ayude al lector a imaginar un México diferente. Ideas que sean tan fuera de la “caja del pensamiento convencional”, que a pesar de su radicalidad sean posibles y atractivas para soñar y construir un futuro diferente fuera del sistema capitalista neoliberal dominante en México. Aún se requiere ejercitar más la imaginación radical y la razón utópica[1], que mencionan Humberto Beck y Rafael Lemus en el prólogo del libro. Leer, discutir y criticar estos textos parece ser un primer buen paso para ello.

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[1] Esto tal vez tenga que ver con el proceso y tiempo para hacer un libro de este tipo. Siempre resulta difícil coordinar libros de múltiples autores y a veces los tiempos claramente son escasos para lograr ejercitar la imaginación en la radicalidad y la utopía.

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