#InformedelNO. Capítulo 3. Educación de Calidá

No se puede negar que el al inicio de la administración, el Ejecutivo Federal partió de un piso legítimo para proponer el periodo de reformas estructurales: fiscal, energética, política o educativa. Esta última fue la que inauguró el proceso de cambios en un hecho inédito en la historia nacional: el Pacto por México.

Sin embargo, el respaldo legítimo se volvió un inestable descanso; desde el inicio de los procedimientos, la Reforma Educativa, parecía más una venganza política que un plan estatal. A unas semanas de la toma de posesión le fueron fincadas responsabilidades penales y fue encarcelada la líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, acaso la mujer más fuerte de la política mexicana en las últimas dos décadas. Su pecado: operar en contra del partido y apoyar a Felipe Calderón en la carrera presidencial. Desde los nombramientos, el cumplimiento de la amenaza: Emilio Chuayffet, antiguo enemigo de la maestra fue nombrado Secretario de Educación. Nada nuevo, Carlos Salinas hizo lo mismo con Carlos Jonguitud Barrios, el desplazamiento de la plana mayor por estar en contra.

Si bien la crítica al sistema educativo nacional es una constante ajena a ideologías, y el cambio era indispensable, la reforma deja más dudas que certezas. De los pocos logros es la creación del Sistema Nacional de Evaluación.

La situación crítica: según la prueba ENLACE el 80 por ciento de los estudiantes de secundaria muestran un conocimiento deficiente en español; el 78% en matemáticas.

La educación en México es una carrera de obstáculos: de cada 100 niños que entran a primaria 62 la terminan, 45 terminarán la secundaria, 27 el nivel medio superior; trece se titularán de alguna carrera y apenas tres realizarán algún posgrado.

Cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico revelan que México ocupa el puesto 53 de los 65 países que integran el organismo, en materia educativa. Y va más allá, la educación no garantiza tener un empleo que cubra las necesidades básicas: el desempleo es más fuerte en jóvenes con mayor educación. Estudiar ya no es garantía de movilidad social.

En el documento se presume la cobertura de educación básica (superior al 96 por ciento), pero se equivoca la administración en colocar la estadística como un logro: desde hace mucho el país logró una cobertura casi universal. Sin embargo, el problema radica en la deserción y en la calidad; 33 millones de adultos mexicanos muestran algún rezago educativo.

Se invirtieron 7 mil 564 millones de pesos en el mejoramiento de instalaciones de 20 mil escuelas en todo el país, poco más del 5 por ciento del gasto nacional en seguridad.

Como parte del informe educativo, se integran las acciones realizadas en cultura, artes y deporte. Se presumen las 552 mil 259 actividades artísticas realizadas en el año y las 2 mil 202 medallas ganadas por atletas mexicanos en competencias internacionales de todos los niveles. Otra vez, se presume el logro de una pequeña esfera de privilegiados que pueden acceder a las actividades artísticas y deportivas, como justificación de las políticas públicas.

Se debe entender que la educación es la mejor inversión del país; el arte y el deporte los dos mejores complementos. Pero el gasto debe realizarse en la base: que todo mexicano tenga acceso recreativo en escuelas, parques y centro de entrenamiento. Si no invertimos de manera correcta en la promoción del arte y el deporte masivamente, no revertiremos los índices delictivos, ni de salud pública como obesidad o enfermedades relacionadas al sobrepeso , los dos signos de un país inmóvil, anquilosado.

El gobierno dice Mover a México sin levantarse de la silla.

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