#INVASIONES. La historia de Rusia en el cine

por Christian Nader
@ExoSapiens

En los últimos años la Rusofobia se agudizó. El pánico y odio a Rusia emergió nuevamente después del hiato de la década postsoviética. Debido a los hechos de los últimos meses, en Buen Día, Gorilas, decidimos dedicar todos los jueves de los últimos dos meses a adentrarnos en la historia de Rusia y sus relaciones con el exterior y así intentar dilucidar el origen de esa animadversión occidental contra aquella enorme nación multicultural euroasiática. Conforme lo hacíamos diversas películas se fueron presentando, en su mayoría producciones cinematográficas soviéticas y rusas, o bien, cintas extranjeras que se acercan de distinta manera a la historia de aquel país. La cinematografía soviética del siglo XX es vasta y diversa. Durante muchos años el cine de la URSS fue un contrapeso del gigantismo hollywoodense, una visión del mundo muy distinta y a menudo antagónica a la estadounidense. Cientos de años de la historia rusa y de los demás países ex soviéticos fueron mostrados en muchos filmes que aún en nuestros días son desconocidas en gran parte del Orbe. Este pequeño repertorio de reseñas nos ayudará a introducirnos en el exótico, sinuoso y fascinante territorio del кино ruso.

Alexander Nevski (1938) de Serguéi Eisenstein

No cabe duda que Serguéi Eisenstein fue uno de los máximos exponentes del cine soviético, un emblema no sólo del arte, sino de la historia de aquel país hoy desaparecido. Gran parte de su filmografía estuvo dedicada a plasmar algunos de los momentos y procesos más emblemáticos de la historia ruso – soviética. En 1938, tan sólo un año antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Eisenstein dirigió la épica de Alexander Nevski, filme basado en un fragmento de la vida de uno de los más grandes héroes del largo y duro milenio ruso repleto de penurias. Catalogado como Santo por la Iglesia Ortodoxa Rusa, Nevski (dirigente de Nóvgorod, Kiev y Vladimir) logró derrotar dos invasiones, la de los suecos en 1240 y la de la Orden Teutónica dos años después. La producción y estreno de la cinta coincidieron con la tensión entre la Unión Soviética y la Alemania Nazi, en los albores de la invasión alemana contra la URSS en junio de 1941. Además de haber alcanzado la omnipotencia artística a través de su lente, Eisenstein creó una obra propagandística sin parangón ya que 700 años después del asedio de la huestes livonas de habla germánica, Rusia / URSS estaba nuevamente al borde de sufrir otra invasión por parte de cientos de miles de invasores de habla alemana. El pueblo soviético necesitaba de poderosos alicientes patrióticos para resistir la tormenta que se avecinaba, la victoria en la Batalla en el Hielo se los brindaba, un triunfo añejo sobre una potencia extranjera, el cual fue escenificado por Serguéi Eisenstein siete siglos después.

Andréi Rubliov (1966) de Andréi Tarkovski

La iconografía religiosa es tal vez una de las máximas expresiones del arte ruso y en general de la cristiandad greco-ortodoxa. En 1966 el director Andréi Tarkovski dirigió una obra maestra que se adentró en el contexto social de un iconógrafo de los siglos XIV y XV: Andréi Rubliov. Más que estudiar a dicha figura, Tarkovski se sumergió en el mundo de la Rusia medieval, en escenas donde aún subsiste el paganismo, las luchas entre los principados y correrías mongolas. La cinta está repleta de símbolos explícitos y otros tantos ocultos sutilmente en paramos campestres o en templos que desbordan fulgor religioso. Una lucha por alcanzar lo sublime, o por lo menos la supervivencia.

Sofía (2016) de Aleksei Andrianov

La unificación de lo que hoy conocemos como Rusia fue una larga y titánica labor, además de sangrienta. El territorio estaba integrado por muchos ducados, principados y kanatos de distinto poderío, cuyas rivalidades e intereses impedían forjar la unión de todo los Rus. Iván III, príncipe de Moscú fue el primero en lograrlo, sin embargo, la grandeza de Rusia aún estaba lejos, su reino sólo era una potencia regional bajomedieval. Iván, miembro de la dinastía Rúrik necesitaba alcanzar la grandeza y una de las mejores maneras fue a través de un segundo matrimonio que pudiera brindarle grandeza a su linaje y legitimación a su futura expansión. La mujer elegida fue Zoe Paleóloga, sobrina del último emperador romano – bizantino; nacida en el exilio, se refugió en Roma tras la conquista otomana de Grecia. Protegida del Papa Paulo II buscaba forjar una alianza para expandir la influencia romana y del catolicismo en el Este ortodoxo, que serviría para resistir el avance turco en Europa.

La serie Sofía narra un período de la vida de aquella dama bizantina convertida en Princesa de Moscú a través de una fastuosa producción televisiva dividida en ocho capítulos. Después de la disolución de la Unión Soviética el cine ruso fue perdiendo notoriedad y rara vez nos llegan ejemplos cinematográficos o televisivos contemporáneos. Sofía es la excepción y claramente aprovecha la fiebre actual por tramas desarrolladas en contextos medievales. Sin embargo, debemos ser claros advirtiendo que esta serie tiene poco tiene que ver con las producciones estadounidenses o británicas a las que el público occidental está habituado. Aunque la violencia se presenta por aquí y por allá, no esperen ver un espectáculo gore con sangre a borbotones. El punto más alto del serial sin duda es la ambientación: el vestuario, las locaciones e incluso el maquillaje, que nos adentran en el mundo ortodoxo griego y eslavo de del siglo XV. Cabe señalar que muchas de las escenas fueron filmadas en el Museo Vitoslavlitsy (sede del mundialmente famoso Festival Internacional de las Campanas de Iglesia) en la histórica región de Nóvgorod, un espacio al aire libre repleto con bellos edificios de madera, tanto viviendas como capillas y conventos que se asemejan a los del Moscú de los 1400, siendo algunos construcciones originales. Esta serie fue una producción gubernamental, tanto el Ministerio de Cultura como el de Defensa de la Federación Rusa estuvieron involucrados.

(Pueden ver la serie con subtítulos en inglés aquí)

Qué Difícil es ser Dios (2014) de Aleksei German

Desde hace dos siglos la historiografía tradicional occidental ha querido que su historia oficial sirva de modelo para medir el progreso de las culturas no europeas, incluyendo la rusa, que sigue siendo considerada por Occidente como un cultura ajena a Europa, una “imitación bizarra y decadente” de la civilización “superior”. El siglo XX fue testigo de acaloradas discusiones sobre la historia rusa ¿Es parte de Europa? ¿Se vivieron procesos similares o paralelos en Rusia y el Oeste europeo? Hoy en día se ha concluido que la historia rusa es sui generis, en algunas cosas se asemeja a Europa y en otras es radicalmente diferente. En 1964 se publicó la novela Qué difícil es ser Dios escrita por Arkadi y Borís Strugatski (famosos por novelas como Día de campo junto al Camino, adaptada a la pantalla por Andréi Tarkovski como Stalker) llevada al cine en 2013 por Aleksei German. La trama se desarrolla en un planeta idéntico a la tierra estancado en un contexto de fanatismo, violencia y oscurantismo medieval, en donde distintos movimientos revolucionarios artísticos e intelectuales que se podrían comparar con el Renacimiento o el Iluminismo han sido brutalmente suprimidos por la clase en el poder. Dicho planeta será visitado por un grupo de científicos terrestres que estudiarán las dinámicas de los nativos al punto que acaban incorporándose en la luchas de poder de esta sociedad. Aquí se estudia claramente esa dicotomía traumática para muchos rusos eurófilos que han visto en la historia de su patria un atraso perpetuo frente a una Europa avanzada. De hecho, hasta comienzos del siglo XX, tanto los europeos como la cúpula zarista se lamentaban que su patria siguiese siendo un colosal páramo feudal. La cinta fue filmada en blanco y negro, por lo que el salvajismo se hace mucho más crudo y lúgubre.

(Puedes ver la película completa con subtítulos en inglés aquí)

Iván el Terrible I y II (1944 y 1946) de Serguéi Eisenstein

Tras la muerte de Iván III, el poder moscovita recayó en su hijo, Basilio III, fruto de la unión de su padre con Sofía Paleóloga. Después de un reinado de 28 años, Basilio falleció, el heredero fue su primogénito, Iván IV, el Formidable, el Temerario, el Terrible, el último de los Rúrik, el mandatario más celebre en la historia rusa, descendiente tanto de eslavos como de mongoles. Príncipe de Moscú, Kan de Rusia y el primer Zar de todas las Rusias. Siglos después Serguéi Eisenstein, quien ya había retratado a otro ícono ruso de la misma magnitud (Alexander Nevski), fue el encargado de llevar a la pantalla grande la vida de Iván Grozny. La producción se desarrolló en plena invasión nazi, entre 1942 y 1944, sin embargo esto no detuvo la producción, que se trasladó de Moscú a la lejana República Socialista Soviética de Kazajistán, en Asia Central. La monumental epopeya se planeó en dos partes, aunque más tarde el director optó por filmar una trilogía. Tras el estreno de la primera entrega, la cual gozó de la aprobación de los altos cargos soviéticos y Stalin, comenzó la filmación de la segunda parte de la saga, realizada en su totalidad en los emblemáticos estudios moscovitas de Mosfilm, en la Colina de los Gorriones entre 1945 y 1946. Sin embargo, la secuela no correría con la misma suerte, siendo desaprobada por Iósif Dzhugashvili, que se vio reflejado en la figura de aquel gobernante del siglo XVI, presentado por Eisenstein como un líder multifacético en crisis constantes. La cinta que cerraría la trilogía comenzó a filmarse en el 46, pero debido a la censura del Kremlin la producción fue cancelada y sólo nos quedan unos pocos minutos de aquella segunda secuela inacabada.

Iván Vasílievich cambia de profesión (1973) de Leonid Gaidái

El cine soviético nunca fue célebre por sus comedias, por lo menos en el extranjero se conocen filmes a cuentagotas. De vez en cuando nos encontramos con rarezas y joyas como Iván Vasílievich cambia de profesión, cinta de Leonid Gaidái que fusiona tres géneros que no suelen mezclarse, por lo menos no a comienzos de la década de los setenta: comedia, ciencia ficción y cine de época. La historia no es difícil de describir. Un ingeniero en el Moscú moderno crea una máquina del tiempo y por accidente envía a su casero y a un ladrón de poca monta a la Rusia del siglo XVI. Esto no es todo, ya que el zar de aquel período, Ivan IV El Terrible es enviado a Moscú del siglo XX. La historia está repleta de enredos y malentendidos bajo las normas de un humor blando y familiar para toda la audiencia. La fórmula volvería a ser utilizada en 1986 en otra cinta soviética Kin-Dza-Dza!, comedia de ciencia ficción en la que ciudadanos soviéticos son transportados, no a otra época, pero sí a otro planeta. No cabe duda que Iván Vasílievich influyó a otros artistas como al francés Jean-Marie Poiré, director de Les Visiteurs (1993) en la que un conde del Medievo francés y su escudero son transportadas a los años noventa del siglo XX.

Borís Godunov (1986) de Serguéi Bondarchuk

El Interregno entre las dinastías Rúrikovich y Romanov fue uno de los períodos más complejos de la historia rusa, conocido por la historiografía como los Años Tumultuosos o los Tiempos Turbios. Borís Godunov fue la máxima figura en el tránsito entre dos eras, un personaje que inauguró aquel período crítico. Miembro de una familia de estirpe tártara rusificada proveniente de la Horda Dorada, Godunov fue funcionario de la corte de Iván IV y de su guardia pretoriana, la célebre y temida Opríchnina. A la muerte del Zar, Godunov se encontraba al filo del trono, ya que su hermana Irina era esposa del hijo de Iván IV y heredero al trono, Teodoro el Idiota, un hombre débil y temeroso del poder que le había sido conferido. Tras la muerte del último rúrik y después de haber forjado alianzas, Boris subió al trono.

El reinado de Godunov fue llevado al escenario en múltiples ocasiones, comenzando con la obra de Alexander Pushkin publicada en 1831, estrenada en los teatros rusos en 1866. Basándose en la obra de Pushkin, en la penúltima década del siglo pasado el célebre director Serguéi Bondarchuk dirigió una adaptación fílmica, que narra la lucha entre Godunov (interpretado por el mismo Bondarchuk) y el llamado Falso Dimitri, quien afirma ser el hijo de Iván el Terrible, personaje que toda Rusia creía muerto y quien busca recuperar el trono organizando una invasión en la vecina y odiada Polonia. Debido a los altos costos, esta fue una coproducción soviética, polaca, checoslovaca y alemana (RFA) que reafirmarían a su director como uno de los más importantes directores soviéticos del último cuarto del siglo XX, un artista que volverá a aparecer unos cuantos párrafos más adelante.

La Juventud de Pedro el Grande (1981) y El Don Apacible (1957) de Serguéi Gerasimov

En un primer momento pensé en escribir una reseña sobre una miniserie estadounidense sobre la vida de Pedro, Zar de Rusia, estrenada en 1986, producción de la cual hablé brevemente durante las transmisiones sobre la Rusofobia, sin embargo, el objeto de esta lista se perdería a favor de un telefilme occidental de mediana calidad. Existe una producción soviética que aborda la vida de dicho gobernante, quien a principios del siglo XVIII inició la lenta y difícil modernización de una Rusia sumida en el feudalismo. La Juventud de Pedro el Grande se adentra en los primeros años del joven monarca Romanov en su camino al trono ruso, un personaje fascinado con las novedades del Oeste europeo que enfrentará una dura oposición de las élites rusas de la época. La cinta fue dirigida por Sergei Gerasimov, uno de los directores soviéticos más celebrados, el cual fue conocido en el mundo entero por cintas como El Don Apacible, una enorme épica de más de cinco horas, adaptación de la novela de Mijaíl Shólojov que se interna en la vida de un cosaco del Don. La Juventud de Pedro el Grande es una cinta poco conocida en nuestras latitudes y al parecer no existe una edición doblada al castellano (aunque si en inglés), a pesar de esto, es recomendable ver una obra con una ambientación y actuaciones memorables.

Guerra y Paz (1966) de Serguéi Bondarchuk

Es imposible decidir cuál es el autor más celebrado de la literatura rusa. Algunos dirán que es Dostoyevski, otros elegirán a Gógol o a Mayakovski, sin embargo, nadie osará excluir a Tolstói de su lista de candidatos. Con obras como Ana Karénina o La Muerte de Iván Ilich, el conde Lev se convirtió en uno de los autores más importantes de los últimos 200 años. Las historias contenidas dentro de Guerra y Paz orquestan una descripción casi perfecta de las dinámicas de diversas familias aristócratas en la Rusia zarista decimonónica, una clase en crisis, en los tiempos de la expansión e invasión napoleónica del territorio ruso. La narración se adentra en las dinámicas entre los miembros de la clase dominante, individuos en continua reflexión en una Rusia que se transformaba conforme avanza la trama. La adaptación a la pantalla emula, guardando las distancias, la fastuosidad de la novela. Estrenada en 1966, la cinta de más de siete horas de Serguéi Bondarchuk fue la producción más costosa de toda la historia soviética, hermosa y colosal cinta que siempre será recordada por la representación de la batalla de Borodinó en la que participaron más de 15 mil extras, en su mayoría personal militar soviético. Cabe señalar que Bondarchuk además de dirigir, también interpretó un rol protagónico en su cinta, el del noble bastardo Pierre Bezukhov.

Como era de esperarse en plena Guerra Fría, la producción de la cinta salió del espacio artístico, siendo patrocinada y apoyada por el gobierno soviético a través de Ministerio de Cultura vía Mosfilm. La intención era mostrarle al mundo capitalista que ya había producido varias adaptaciones de Guerra y Paz que la producción soviética era superior. Sin duda lo fue. La puesta en escena de las batallas contó con el asesoramiento de altos mandos del Ejército Rojo, veteranos de las campañas en el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial. Unidades militares y más de 40 museos de toda la geografía soviética aportaron material bélico del siglo XIX, desde cañones hasta rifles. Los ejércitos de Turkmenistán, Georgia, Armenia y el Ministerio de Agricultura prestaron al equipo de producción más de 1,000 caballos. La gigantesca versión cinematográfica del clásico de Tolstói le trajo reconocimiento y galardones internacionales a Bondarchuk, una cinta que refleja perfectamente los proyectos soviéticos a gran escala, sin escatimar en calidad artística e histórica.

El Arca Rusa (2002) de Aleksandr Sokúrov

La historia del Palacio de Invierno (que realmente es un complejo de edificios) está ligada intrínsecamente con la del estado moderno ruso. Desde el siglo XVIII se convirtió en residencia imperial y máximo símbolo del poder material zarista. En 1852 diversas salas del palacio fueron convertidas en un museo, aunque este siguió siendo el hogar oficial de la familia Romanov y sede de distintos actos oficiales, como bailes, recepciones y operas/ballets reservados para la nobleza y la aristocracia rusa. Fue hasta 1917, tras el triunfo de la Revolución Bolchevique cuando la totalidad de los edificios se convirtieron en uno de los museos / centros culturales más grandes del mundo, el Hermitage.

En 2002 Aleksandr Sokúrov rindió homenaje a dicho inmueble que por más de 250 años ha sido un microcosmos de la historia rusa. El Arca Rusa se presenta como una crononáutica no cronológica de un cuarto de milenio ruso filmada en una sola toma de más de hora y media de duración. El narrador guía a la audiencia por los pasillos y habitaciones del recinto, donde nos encontraremos con distintas escenas capturados por los muros del edificio por los que deambulan visitantes e inquilinos, entre ellos diversos autócratas como Catalina la Grande, Pedro, Nicolás II, el último Zar y las contemporáneas oleadas de turistas.

El Acorazado Potemkin (1925) de Serguéi Eisenstein

En las últimas décadas del siglo XIX dos potencias vivieron una industrialización tardía: Rusia y Japón. El proceso de modernización del imperio zarista no fue tan exitoso como se esperaba y en los primeros años del siglo XX aún se podían apreciar profundas diferencias con el resto de las potencias. El caso japonés fue lo contrario. En pocos años Nipón dejó atrás su encierro y atraso de varios siglos para convertirse no sólo en un poderío regional sino en un imperio con pretensiones globales. El choque entre ambas naciones no tardó mucho en llegar. Rusia, el país más grande sobre la Tierra había llegado hasta el Pacífico y el enfrentamiento con Japón era inminente. La guerra ruso-japonesa de 1904-1905 arrastró al zarismo a una derrota humillante, pero eso no fue lo peor. Las condiciones del ejército y la marina rusa eran paupérrimas, lo que provocó la ira de los combatientes, que en muchos casos organizaron motines contra el alto mando. El alzamiento más emblemático ocurrió muy lejos del teatro de guerra del Extremo Oriente. En junio de 1905 los marinos del Acorazado Potemkin, buque de guerra de la flota del Mar Negro organizaron un levantamiento en contra de sus comandantes, al mismo tiempo, el pueblo de la cercana Odesa (en la actual Ucrania) se levantaba contra las autoridades.

Veinte años después, en el aniversario de aquel motín (parteaguas de las posteriores revueltas y de la gran revolución del 17) Serguéi Eisenstein filmaría una cinta basada en aquellos hechos, una obra maestra de la cinematografía mundial y uno de las más importantes contribuciones soviéticas al arte y la cultura con fuerte potencial propagandístico que legitimó la emergencia de la URSS a partir de un proceso revolucionario que muchos historiadores consideran comenzó en 1905. El filme cuenta con algunas de las escenas más influyentes y refriteadas en la historia del cine, entre estas se encuentra la famosa masacre en las Escaleras de Odesa. El Acorazado Potemkin es un hito en la historia del cine, tanto técnico como artístico y una pieza clave para entender el nacimiento de la URSS y la historia de Rusia.

Octubre (1927) de Serguéi Eisenstein

Tan solo dos años después del estreno del Acorazado Potemkin, otra cinta de Eisenstein veía la luz, justo en el décimo aniversario del triunfo Bolchevique en la revolución de Octubre del 17. El filme contó con la participación de veteranos de aquel magno suceso y justo como en El Acorazado Potemkin, la mayoría de los protagonistas no eran actores profesionales ni amateur. La cinta fue promocionada en el resto del mundo como Octubre: Diez días que estremecieron al mundo, en referencia a la obra del periodista estadounidense, John Reed, quien fue testigo y participe de la Revolución de Octubre, sin embargo, la cinta poco tiene que ver con la visión del libro. A diferencia de la anterior cinta de Eisenstein, Octubre no tuvo una cálida recepción por parte del gobierno soviético ni del público, de hecho, antes de su estreno en la URSS (a comienzos del período estalinista) la cinta tuvo que ser editada para retirar toda referencia a León Trotski. Mientras tanto, esta fue censurada parcial o totalmente en diversos países. Hoy en día las opiniones a favor de la filme han cambiado y la ven como un gran pieza fílmica y un documento de ficción histórica de gran trascendencia. Vsévolod Pudovkin, director y guionista soviético, además de colaborador de Eiseinstein reaccionó de la siguiente forma ante las duras críticas contra su colega: Cómo me gustaría realizar un fracaso tan poderoso.

Reds (1981) de Warren Beatty

Previamente mencioné a John Reed, por ende creo que es válido y pertinente hablar sobre una cinta basada en la vida de aquel periodista estadounidense, testigo de la Revolución de Octubre. Esta cinta no fue una producción soviética / rusa, es más, ni siquiera llega a adentrarse en los importantes acontecimientos de hace 101 años, su importancia se debe a que esta es un acercamiento a uno de los períodos más importantes en la vida John Reed. Reds, dirigida y protagonizada por Warren Beatty, narra los meses previos a la partida de Reed a la futura Unión Soviética. La trama toca muy superficialmente la historia de aquellos hechos, es más, ni siquiera realiza un amplio esbozo sobre las peripecias del protagonista. La complicada vida romántica del protagonista es motor del filme; el aspecto histórico-ideológico queda relegado a un segundo plano.

Pueden ver la película completa en inglés aquí.

Campanas Rojas (1982) de Serguéi Bondarchuk

Además de Reds, existe otra película que penetra en la vida de Reed. Dirigida por Serguéi Bondarchuk, Campanas Rojas es un acercamiento mucho más completo a la vida y andanzas de Reed, no sólo en la Rusia presoviética, ya que también profundiza en la fase mexicana del periodista (interpretado por el italiano Franco Nero) y su estadía con las tropas villistas.

(Pueden ver la película completa aquí)

La Infancia de Iván (1963) de Andréi Tarkovski

El siguiente par de cintas abordan la Gran Guerra Patria o el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial en Rusia, una hecatombe que dejó 27 millones de víctimas, que hasta la fecha se mantiene como la mayor tragedia en la historia rusa, a pesar del glorioso triunfo del Ejército Rojo. La infancia de Iván dirigida por Andréi Tarkovski es un crudo relato sobre los efectos de la guerra en la población más vulnerable, concretamente los niños soviéticos, los cuales fueron víctimas de los invasores nazis. La crudeza de la peculiar trama onírica no lineal sólo se equipara con la belleza cinematográfica de la historia de Iván Bondarev, un pequeño que tras haber perdido a su familia busca una vendetta en contra de los invasores homicidas. La infancia de Iván fue el primer largometraje de Tarkovski fuera del ambiente estudiantil y tan pronto fue estrenada alcanzó el reconocimiento del mundo entero.

Ven y Mira (1985) de Elem Klímov

22 años después del debut público de Tarkovski, otro director soviético volvió a realizar una cinta sobre la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva de un adolescente soviético no adscrito al ejército de la URSS. Ven y Mira de Elem Klímov probablemente sea el filme que con mayor rigor relata la inmoralidad y las bajezas de los conflictos armados. El protagonista de nuevo se encuentra plena pubertad, un bielorruso, cuya aldea ha sido víctima de los horrores perpetrados por los alemanes. La película es impactante e irrepetible, sin embargo, al igual que La Infancia de Iván, esta no siempre deja una marca positiva en el espectador. No son cintas comunes y corrientes fáciles de digerir y por ende no aptas para todo el público.

(Puedes ver la película completa aquí)

El Triunfo de la Voluntad (1935) de Leni Riefenstahl

Debemos dejar de lado el guion y salir de Rusia por unos cuantos párrafos. Para entender las acciones genocidas del Tercer Reich es necesario adentrarse en la propaganda de dicho régimen, un mecanismo quirúrgico que envolvió a todo un pueblo. La industria fílmica alemana durante el nazismo cambió radicalmente, convirtiéndose un engrane propagandístico destinado a difundir la mitología edificada en torno al régimen berlinés. Los tiempos en que el Kino alemán era una tribuna para las ideologías revolucionarias habían terminado. Fritz Lang y Douglas Sirk habían huido de Alemania refugiándose en Estados Unidos; en la Alemania de Hitler, Himmler y Goebbels la disidencia no tuvo cabida. Los artistas que permanecieron en Alemania decidieron abandonar sus profesiones, aunque otros optaron por vincularse al régimen, algunos incluso fueron seducidos por el nacionalsocialismo, entre ellos estaba Leni Riefenstahl, hija prodiga que incluso llegó a forjar lazos amistosos con la cúpula alemana, incluso con el mismo Führer. Con su Trilogía de Núremberg, la directora alcanzó la apoteosis, siendo reconocida en el mundo entero a pesar de sus preferencias políticas. Sus cintas, especialmente El Triunfo de la Voluntad poseen un valor estético y artístico invaluable, a pesar de que estas fueron estandarte de una terrorífica ideología del supremacismo, conquista y exterminio.

Stalker (1979) de Andréi Tarkovski

El 26 de abril de 1986 ocurrió una tragedia sin parangón. La central nuclear Lenin de Chernóbil, en la República Socialista Soviética de Ucrania vivió el primer accidente nuclear a gran escala de la historia. El accidente provocó la muerte directa de 31 personas y la evacuación permanente de decenas de miles. 32 años después, los alrededores continúan deshabitados y el acceso a la zona está prohibido a una distancia de 32 km a la redonda. Prípiat, el poblado más cercano ubicado en la frontera ucraniana-bielorrusa es un pueblo fantasma que conserva un legado casi intacto del período soviético que se mantiene congelado en el tiempo. A menudo surgen videos y relatos que hablan de aventureros que se adentran en la “zona de alienación” arriesgando su pellejo ante los altos niveles de radiación.

Siete años antes de la catástrofe, Andréi Tarkovski dirigió la cinta Stalker, conocida a menudo en el mundo de habla hispana como La Zona. Basada en la novela de los hermanos Strugatski (aunque el filme es muy distinto a la obra original), probablemente los escritores de ciencia ficción rusos más importantes de los últimos 50 años, Stalker narra la historia de un lugar prohibido, cuyo acceso está bloqueado por la milicia. Nunca se menciona, pero desde el comienzo se intuye que dicho lugar vivió un evento catastrófico de naturaleza poco común, incluso de carácter sobrenatural o extraterrestre. Los peligros son imperceptibles para los no iniciados, que deberán seguir las instrucciones del Stalker, su guía. El paisaje en dirección al epicentro de área prohibida es agreste y primigenio, en contraste con el mundo exterior, un mundo industrial derruido en tonos grises y sepia. Aunque conocía los peligros del poder nuclear con fines energéticos, Tarkovski no predijo el futuro y jamás vislumbró que su cinta podría ser un presagio del evento de Chernóbil. Sin embargo, las macabras coincidencias no terminan ahí. La cinta fue filmada en la República Socialista Soviética de Estonia, en un riachuelo cercano a la capital Tallin. Río arriba se encontraba una fábrica que arrojaba sustancias químicas tóxicas a las aguas y espuma venenosa en el ambiente que puede ser vista en algunas escenas del filme. A la larga, Andréi Tarkovski y su esposa morirían a causa de cáncer bronquial provocado por la contaminación durante la filmación.

Red Army (2015) de Gabe Polsky

La Guerra Fría fue un proceso que abarcó no sólo el ámbito político-económico-militar, las diferencias ideológicas alcanzaron terrenos que en ocasiones están exentos de intrigas y animadversión (aunque no de rivalidades). Hollywood, la máquina propagandística por excelencia de la cultura estadounidense, ha sido durante décadas la vanguardia demonizadora de los enemigos geopolíticos de Washington. A pesar de la disolución de la URSS en 1991, la Guerra Fría no se detuvo y la industria fílmica occidental continúa siendo el promotor del estilo de vida y las pretensiones imperialistas unipolares de EEUU. Red Army es un documental retrospectivo que narra las peripecias del Equipo Nacional de Hockey sobre hielo de la Unión Soviética, haciendo un énfasis especial en la dureza en el entrenamiento y dominio del equipo ejercido por el coach Víctor Tikhonov, quien es retratado como un individuo duro y frío, al borde de la dictadura, en clara alusión a visión estadounidense sobre los máximos gobernantes de la URSS. El documental continúa la tradición de convertir a los soviéticos y rusos en individuos sin sentimientos, casi robóticos, como marca la tradición del cine de ficción cutre encabezado por Rocky IV.

(Pueden ver el documental completo aquí)

La Ironía del Destino (1975) de Eldar Riazonov

Al igual que en Occidente, en la Unión Soviética (y en la Rusia contemporánea) existieron cintas tan populares que acabaron convirtiéndose en parte de la cultura popular y de las tradiciones familiares. La Ironía del Destino es un telefilme estrenado en 1975 que en poco tiempo se convirtió en una de las películas favoritas del pueblo soviético. La historia se desarrolla en los tradicionales complejos multifamiliares soviéticos, idénticos a pesar de ubicarse en distintas ciudades. Esto provocará una serie de equívocos y confusiones debido a que una moscovita terminará por error en una calle y un complejo habitacional idéntico al suyo, con la excepción de que este se ubica en Leningrado (actual San Petersburgo); incluso el mobiliario del departamento que cree ser suyo es muy parecido al de su verdadera residencia. A pesar de su humorismo ligero, la cinta está provista de una crítica aguda al estilo de vida soviético del último cuarto del siglo pasado, en donde la uniformidad del paisaje brutalista podía arrastrar a la locura y desesperación a sus habitantes. A pesar de su estreno hace 42 años, esta cinta sigue siendo un clásico de fin de año, televisado cada diciembre en toda la geografía rusa.

Solaris (1972) de Andréi Tarkovski

En contraste con el cine de EEUU, la cinematografía de la URSS nunca fue arrastrada por completo al fenómeno y moda de la Guerra Fría. Sin embargo, las comparaciones entre las producciones soviéticas y estadounidenses fueron constantes. En 1968, se estrenó la cinta 2001: Odisea del Espacio, dirigida por Stanley Kubrick, adaptación del cuento del autor británico Arthur C. Clarke. (1951). Desde su estreno, la cinta fue considerada como un hito de la cinematografía y uno de los poco ejemplos de “Ciencia Ficción Dura” llevados a la pantalla. El filme vio la luz pocos meses antes del alunizaje del Apolo XI, una importante victoria estadounidense dentro de la carrera espacial y tecnológica entre EEUU y la URSS solo comparable a la misión de Yuri Gagarin, primer ser humano en el espacio (1961).

En 1972 se estrena en la URSS Solaris de Tarkovski, basada en el libro del polaco Satanislaw Lem (1961). En muchas entrevistas Tarkovski aseguró que nunca había 2001 de Kubrick, de hecho, aunque ambas cintas se desarrollan en el espacio exterior (2001 en una misión rumbo a los confines del sistema solar y Solaris en una estación espacial orbitando un lejano planeta) las historias son muy distintas. El filme de Kubrick es frío y mecánico y está destinado a explicar el origen y futuro de la humanidad, mientras tanto, Solaris es más cálida y los personajes están más desarrollados, algo ausente el film estadounidense. A pesar de sus diferencias, ambas son obras maestras del género y de la cinematografía. Es curioso como en 2001, Heywood Floyd, personificado por William Sylvester, se encuentra con una delegación de científicos soviéticos que infructuosamente buscan obtener información sobre los misteriosos hechos en una base lunar estadounidense, lo que me lleva a recalcar que a diferencia de las producciones soviéticas, la Guerra Fría estuvo muy presente en el cine estadounidense.

Aelita: Reina de Marte (1924) de Yákov Protazánov

Curiosamente cerraremos este recuento con una de las cintas más añejas del cine soviético, un filme que reflejaba las ambiciones y deseos del nuevo orden bolchevique, sociedad que esperaba ver en un futuro (cercano o lejano) a un mundo al borde de la emancipación, que repetiría las experiencias de la Revolución de 1917 en la que el proletario se impuso por primera vez en la historia. Aelita de Yákov Protazánov fue la primera cinta soviética de ciencia ficción. La premisa es consecuente con los tiempos que se vivían (los últimos momentos de la guerra civil): dos humanos viajan al planeta Marte, donde una minoritaria y parasitaria aristocracia esclaviza a una mayoría de trabajadores. Con el apoyo de una reina marciana enamorada de uno de los terrícolas, los trabajadores extraterrestres iniciarán una revolución en contra de su opresión.

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