Julio Scherer 1926-2015

Uno es su oficio, su laburo, su pasión. Acaso en toda la vida somos una aproximación a una idea que nos hemos planteado desde pequeños, antes incluso de las primeras letras. De ser así, uno es una vocación, noble ejercicio de la voluntad.

Julio Scherer García quiso ser reportero, fue el mejor de este país en los últimos 50 años. Mi generación, los que nacimos en los ochenta, poco recuerda de su labor como director de la Revista Proceso (abandonó la dirección en 1996, veinte años después de su fundación) y su versión de Excélsior (1968-1976) nos fue enseñada como una bonanza inusual, como un accidente de libertad en el paisaje histórico de la prensa mexicana. El Excélsior de aquella ápoca, el suyo, fue uno de los diez diarios más importantes del mundo, categoría ajena a los periódicos que ocupan los anaqueles de las calles nacionales. Pero hemos recurrido a sus textos, sus libros, a sus historias.

Su pluma, clara y sucinta, nos reveló historias de corrupción y miseria de la clase política mexicana, tan abundante en oscuridad y oprobio. Nos contó, nos compartió, su trabajo de investigación. Dignificó el oficio del reportero en un país que se encargó de minimizar la tarea del puesto fundamental de las redacciones: es el reportero el que sale e indaga, el que pregunta lo sencillo, lo directo: ¿por qué?

El periodismo se trata de señalar el error, lo que no está bien, lo que atenta contra el Pacto Social. Lo hace desde la verosimilitud, desde la contundencia del dato, de la información. Cuánta falta nos hará Scherer en un tiempo poblado de especulación, chisme y opinión. Cuánta falta nos hacen los hombres en un país repleto de falsos líderes y perversos intereses.

Nuestra generación habrá conocido la labor de Scherer como una piedra totémica del periodismo, él se encargó de bajar el balón. Recordamos la entrevista realizada al narcotraficante Ismael “Mayo” Zambada; cuando los reporteros y opinadores se desgarraban en sus escritorios, sus redacciones y sus y restaurantes sobre le ofensiva federal contra el narcotráfico, él, un hombre de más de ochenta años, salió a la sierra y se internó en la guarida del capo: el vigor se mide en la profundidad de las letras, no en los espacios triple de la media electrónica.

Sin duda, Julio Scherer fue un personaje fundamental para la construcción de nuestro edificio moral, y así debemos recordarlo. Alguna vez dijo, “si el Diablo me ofrece una entrevista… me voy a los infiernos”, seguro ha ido a su viaje eterno con ganas de publicar las mañas del averno y el desvío de fondos de San Pedro.

Este país se va quedando sin nombres, y no hay, al parecer, relevo que nos llene los vacíos.

Descanse en paz.

Aquí un par ligas para conocer al Reportero.

Julio Scherer: entrevistas para la historia por Ignacio Solares

Un premio para Julio Scherer por Mauricio Mejía

Proceso en la guarida de “El Mayo” Zambada por Julio Scherer

Entrevista con el Sub Marcos

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