La adolescencia perpetua de los poetas. Unas palabras sobre la antología México 20

Por Axel Velasco
@Axelvelasco1

I

Ser de izquierda, o al menos aparentar serlo, puede resultar algo muy cómodo para cierto tipo de personas. Ante todo, porque nos libera de la responsabilidad que implica el libre arbitrio en las cuestiones político-morales más elementales. Y es que, como todo buen militante sabe, la izquierda, o lo que frecuentemente se interpreta en su nombre, suda juicios de valor hasta por los codos, al grado de que, contradecir alguno de sus mandamientos equivale a cierto tipo de excomunión dentro del gremio. Lo mismo sucede con este segmento de la población cuando se trata de literatura. ¿Quién no ha oído decir, por ejemplo, frases del tipo: “Bennedetti es bueno porque escribe para el pueblo” o “Paz es abominable porque apoyó al PRI”?

Uno esperaría, sin embargo, que pasada esa etapa de la vida donde lo más importante es afirmar nuestra personalidad frente al mundo, nos volvamos más sosegados, dándonos la oportunidad de echar un segundo vistazo sobre todo aquello que de adolescentes renegábamos (o de plano ignorábamos) movidos por la arrogancia fácil, que es tan propia en esta etapa de la vida. Pero no, resulta que no siempre pasa así. A veces, incluso, sucede exactamente lo contrario. Un ejemplo en boga de la insuperada adolescencia de los poetas (por no mencionar la de los “aspirantes a poetas”) de este país, es apreciable en la crítica “viral”, sumamente corrosiva, que se ha desatado contra los editores, jurados y autores incluidos en México 20. La Nouvelle Poésie mexicaine, que han sido tildados de clasemedieros, alienados, pro-sistema, blancos, etc., tan sólo por haber colaborado en dicho tomo.

II

No es mi intención borrar de un plumazo todas las aristas de este debate, unas de ellas muy interesantes. Simplemente me gustaría señalar la puerilidad de algunos de esos planteamientos, especialmente cuando van dirigidos a condenar dicha antología por el mero hecho de estar editada y patrocinada por una editorial del Estado (CONACULTA) que, les recuerdo, existe precisamente para eso. Es decir: para financiar, editar y promocionar materiales que, difícilmente, promoverían los grandes sellos editoriales que se guían solo por criterios económicos.

El absurdo, en este caso, se agudiza cuando realizamos un simple ejercicio de contraste. Por ejemplo: yo no veo a nadie poniendo el grito en el cielo cundo a un bailarín, a un cantante de ópera, a un estudiante de posgrado o a un académico se les otorgan fondos públicos para promover su labor en el extranjero. Estoy absolutamente seguro que, de igual forma, si resultara que a nuestra sobrinita de 14 años, la SEP le ofrece un apoyo para competir en las olimpiadas de matemáticas de algún país europeo, absolutamente n-a-d-i-e se rasgará las vestiduras ni la acusaremos de “vendida”. Tampoco acosaremos a su familia, llamándolos partícipes de la represión brutal que el Estado ha ejercido para imponer la Reforma Educativa. Es más, suponiendo la improbable posibilidad de que nosotros no aprobáramos su decisión, lo más sensato que cabría esperar sería que, al menos, la respetaríamos. Como dicen las feministas: si tú estás en contra del aborto: no abortes y ya, mas no quieras imponer tu moral al resto, ni menos aún, creer que es la única válida.

***

Otra de las críticas, a mi juicio, absurdas, de las que ha sido presa dicha antología, es que se trata de un “dedazo” por parte de los jurados, aduciendo que el ejercicio de selección no fue lo suficientemente incluyente. Perdón, pero esto no sólo es estúpido sino francamente patético. Una antología, por definición (y aunque suene mal) se trata precisamente de eso: de excluir, a partir de los juicios personalísimos de quienes se arriesgan a realizarla.

Si Tedi López Mills, sobre cuyos hombros pesaba la responsabilidad de elegir autores, consideró que Alí Calderón o Mijail Lamas no merecían ser incluidos… está bien. Alí Calderón y su séquito, seguramente, harán sus propias antologías donde excluirán a aquellos que sí escogió Tedi. ¿O qué querían lo inconformes, como dijera Francisco Hinojosa: pedirle al INE que realizara una consulta donde los poetas y críticos (respectiva credencial de elector en mano) acudieran a las urnas para votar por sus candidatos favoritos?

Por otra parte, me parece sintomático que se le dé tanta importancia a una antología, que según cierta perspectiva, es el espejo del sexenio priista (como el delirante de Yépez afirma). En particular porque, si es verdad que el sistema está podrido, que todo lo que toca lo hace mierda y no vale la pena nada que entre en relación con él, entonces: ¿por qué darle más importancia de la que merece a esos decadentes juicios estéticos que realizan las élites político-culturales del país? ¿No es precisamente dicha actitud la que desnuda las ansias infinitas de los “marginales” por ser reconocidos por el mismo sistema que critican?

III

No ignoro que hay muchas personas que han realizado apuntes consistentes en contra de la antología, desprovistos del rencor y de la espuma que tanto permean el medio literario. No pretendo descalificarlas aquí, como ya dije, simplificando hasta el absurdo sus planteamientos. Simplemente señalo aquellas que se fincan en actitudes pueriles, como las anteriormente mencionadas, porque, según mi juicio, que bien puede o no compartir el resto de la raza humana: sólo empobrecen el diálogo.

Por último, me gustaría recordar que la lucha por la permanencia en el canon, contra-canon o como se prefiera llamar, no es algo que se dé de facto en una antología o en un premio, sino un largo estira y afloja. Una carrera de resistencia más que de velocidad que, seguramente, nos sobrevivirá.

MEXICO20

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