La ciudad era de porcelana. Una noche con Lucky Bastard en Bajo Circuito

Por Benjamín E. Morales
@tuministro

Fotografías de Jetro Centeno
@Jetro_Tool

Con la lluvia la ciudad adquiere una consistencia particular. De lo áspero, sus formas se vuelven más bien delicadas, casi frágiles. Caminando a Bajo Circuito para la tocada de Lucky Bastard no dejaba de pensar que, tras el tremendo aguacero que había caído, las calles de la Ciudad de México se habían convertido en porcelana, como en ese episodio extraño en El Mago de Oz.

Estamos profundamente realcionados con la resistencia de las cosas. La ciudad está diseñada para sobrevivir, pero las salas de las abuelas están diseñadas para recorrerse con cuidado, tal vez por eso la porcelana abunda con la abuelas, pero en la ciudad es inadmisible. Y sin embargo, todo parecía delicado y frágil a unas calles de nuestro destino, y casi me preocupaba caminar con fuerza temiendo que lo que había sido cemento, concreto y metal, se agrietaran gracias a la humedad y la trémula luz del alumbrado público.

Una ciudad de porcelana, me decía. Y al llegar a Bajo Circuito que, literalmente, se esconde bajo un puente por el que pasan camiones con cargas titánicas, la idea me pareció horrorosa, y agradecí que la ciudad, como nosotros, esté diseñada para sobrevivir. Al entrar, de nueva cuenta, la delicadeza, ¿no es de porcelana la idea de una sala de conciertos bajo Circuito Bicentenario? ¿La ideas son de porcelana? ¿Las palabras?

Ilegalez tuvo la responsabilidad de comenzar el evento. Lo cierto es que trataron como unos héroes. Entre que nos platicaban que Aquí brindamos con alcohol porque Tengo un clavo en la cajuela y los llamados a la Sonora home boys qué es lo que pasa, tuvieron que sortear la desproporcionada falta de audiencia. No es que el auditorio no fuera a estar lleno después, ni que el dueto no diera para atraer a la gente, es que, me di cuenta, todo mundo nota cuando la ciudad se ha vuelto delicada, y las prisas y llegar a tiempo no cuadran con la porcelana. Sin embargo los Ilegalez se rifaron y, por lo menos a mí me dejaron satisfecho y, más importante, con ganas de escucharlos más.

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El ambiente era una extraña mezcla entre fiesta, bar y club privado. Es notorio que la escena del Hip Hop vive. Todo mundo se conoce, aparentemente, incluso el proscenio era terreno de convite, cosa que nunca había visto. Asumo que los camerinos están tras el escenario, porque la gente subía y bajaba sin grandes atenciones mientras los músicos entregaban.

Tal vez demasiado temprano subió el proyecto que nos había convocado: Magdalena 3 Vidas. Tras escuchar mil veces las rolas que han estado moviendo en redes, y que nos hemos comido enteras, era momento de escucharlas en vivo. Y fue sorprendente, con algunos bemoles. A partir del primer verso Bajo Circuito pareció cobrar vida. Había comenzado la fiesta. Ey, deme, eme deme a, marcaba el palpitar del momento. Interpretación tras interpretación, el escenario le quedaba chico a la convocatoria intoxicante de las artistas. Las drogas, un tema constante en su trabajo, me parecieron en ese momento otra forma de acercarse o entender lo delicado, las palabras también. Esa paradoja del Hip Hop debe ser la que mantiene al género en la punta del mundo. La palabra que, por naturaleza, siempre está al borde del quiebre, es el combustible de las escenas violentas que necesitamos para reconocernos los unos a los otros, y también es la columna del Hip Hop. Magdalena 3 Vidas entregaron un set corto e inflamado de sensualidad, nos duró poco el gusto, pero así pasa cuando quieres Menos política, más anfetamina.

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La escena nacional me despierta más preguntas que respuestas. Letra J, por ejemplo, me parece un enigma. No por sus profundidades filosóficas, que las tiene, sino por él mismo. ¿Qué ha pasado en la vida de una persona, de dónde viene, quiénes son sus padres, sus abuelos, para llegar a las conclusiones con las que guiará su vida? ¿Qué desayunó esa mañana en que se sentó, imaginamos, y se preguntó por al existencia y la finitud? ¿Fue esa misma mañana en que llegó a la conclusión de que La vida no es fácil, como las perras, hay que trabajarla para que abra las piernas? ¿Qué pasó ese día? ¿A quién se le ocurre tal cosa? Nos preguntábamos eso, y mil cosas más mientras su acto continuaba. Sus bases presumen un groove envidiable, y es claro que Letra J está más cómodo en el escenario y en la mesa de los tatuajes que en su propia casa. Pero La Vida no es fácil, eso decía, y después celebraba el fumar mucha marihuana y a la pandilla, pero La vida no es fácil. No puedo decir que me escandalizó ese momento tan específico, pero sí me intrigó y me gustaría ir a su casa y entrarme que es una bellísima persona, a pesar de lo que le gusta presumir ante el público. Más paradojas y más porcelana. Tal vez Letra J creció entre la porcelana de su abuela, y claro, La vida no es fácil.

Siempre el que más desentona, suele ser el más interesante. Y esta ley se cumplió claramente con Tavo Ice. Subió al escenario sin despertar demasiada animosidad. Nos presumió su título plenipotenciario como El Faraón de Sonora, y comenzó. Las bases fallaron, él estaba enfermo de la garganta. Terminó sin muchas ovaciones. Pero no se confundan, el señor es un maestro. Sin darle muchas vueltas puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que tras la gorra y el humor arisco de Tavo Ice, existe un enorme cerebro y una sensibilidad traducida en letras que pocas veces he podido presenciar. Tal vez haya sido una primera impresión, tal vez sólo a mí me habló esa noche. Pero me sentí muy afortunado de escucharlo. No de moverme, no de seguirlo, de escucharlo y comprenderlo. Escuchar cosas como Soy el anónimo diciendo el sinónimo, en un ambiente tan onanista como lo es el del Hip Hop, pues es un oasis. Rima tras rima, el Faraón se me presentaba más grande, y de esa imagen me fui enamorado y terminó, tan rápido como comenzó. Si de por si la lluvia y los reflejos de la noche me habían puesto a pensar en que las cosas podían romperse, las palabras rotas de Ice me recordaron que la fractura no es un fin, sino la posibilidad de varios inicios.

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Y yo tenía muchas ganas de ver a Yoga Fire, pero no sé si el ambiente ya comenzaba a perecer o qué, pero me saturó instantaneamente. Con su No sonamos en la radio, pero sonamos en el barrio y su Chapo Guzman, su presentación me dejó un sabor a impostura un poco grotesco. ¿Será que sus bases quebradas o ese maldito hi hat al que no dejan en paz ciertos beats, me mantuvieron al margen? No lo sé. Lo que es cierto es que Yoga Fire se lo tomó con la misma seriedad que yo. En algún momento puso algo de Nirvana y me pareció que esperaba una reacción más contundente del público que sólo miraba un tanto incómodo. Y no sé si me equivoco, pero estoy casi seguro que no terminó su set para bajar a bailar con una mujer, lo cual fue bastante simpático, pero no perdía cierto aire bufonesco. Pero bueno, tal vez no entendí nada. Lo que sí puedo decir es que en algún momento entre al baño y ahí estaba el MC orinando, y yo también oriné, pero él se lavó las manos y yo no. Así que debemos ser de tierras diferentes.

Y para terminar con un foro injustamente agónico: Palo Fierro. Una banda tremenda. Sentido del humor, fuerza, sabor, costra y cicatriz. Todo en orden para entregar un show cargado de emoción y potencia, pero que ya sólo recibimos unos cuantos que quedábamos en Bajo Circuito. Pero la banda no se amilanó, lo dieron todo y se les agradeció profundamente. De verdad es una banda nacida para los actos en vivo. Grandes los Palo Fierro, y no puedo esperar para encontrarlos en mejores circunstancias, aunque creo que podrían tocar ante uno como ante miles con la misma energía y desfachatada mirada punk hacia las expectativas.

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Había terminado el Lucky Bastard, y estábamos muy contentos. También la lluvia era un recuerdo. Regresamos a casa. Fue difícil conciliar el sueño. Cuando al fin nos quedamos dormidos, despertamos un segundo después y ya había amanecido. Muchas palabras aún resonaban en mi cabeza. La noche anterior Yoga Fire había gritado: la cultura valió verga. ¿La cultura ya valió verga? ¿Cuándo la porcelana se quiebra deja de ser porcelana? No creo. Las cosas se humedecen y se acongojan, parecen débiles. Pero no valen verga. Valen otra cosa, u otras cosas. Si la noche anterior, bajo mis pies, la ciudad se hubiera desquebrajado, no habría terminado la ciudad, habrían nacido mil ciudades más. Lucky Bastard tal vez sea un nuevo comienzo para muchos, pero no deja de ser una pieza más de esto que se extiende y se quiebra y se vuelve a extender, y que permite que sus fragmentos imiten la misma fórmula.

Esta vida de porcelana que llevamos se quiebra todo el tiempo y de sus grietas y desprendimientos nacen la música y las palabras. Todo lo demás son rimas, todo lo demás es ritmo y respiración. El Hip Hop está ahí para señalarlo.

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