La necesaria réplica

por Alan Heiblum
@AlanHeiblum

El lapsus fue inminente, apurado con este texto escribí 19 de septiembre de 1985. La sociedad entonces no tenía un precedente como sí lo tenemos ahora y, aunque el sismo fue mayor, su capacidad de respuesta fue laudable. Quizá la mayor diferencia es que la sociedad de hace 32 años no sintió la gigantesca frustración ante las ganas de ayudar pero no saber cómo ni tuvo que constatar que sus esfuerzos no se tradujeran en ayuda eficiente y significativa. Somos una sociedad muy poco preparada que no deja de atropellarse a sí misma al tiempo que permite que un gobierno absolutamente incompetente haga y deshaga, rebosante e impune.

Por supuesto que da mucho gusto ver a la gente en la calle colaborando, hace mucho que nadie se hablaba, que nadie se veía a los ojos. Pero uno no puede realizar una evaluación destacando una única faceta. En una imagen más amplia, la situación general es lamentable. Por poner un breve ejemplo, el día 20 por la mañana de camino al acopio, tuve que dejarle la mitad del donativo al viejito en el puente peatonal, que ahí ha estado semanas antes y que ahí seguirá semanas después. Se habla de la enorme solidaridad del pueblo mexicano, pero esta es una afirmación que debe revisarse. Por una parte, no hay registros de un solo lugar de la Tierra que, ante un desastre semejante, la población civil no se movilice. Por otra parte, la diferencia con nuestra sociedad está en que en varios otros sitios a un desastre natural no lo acompaña una frecuencia tan alta de incidentes lamentables como asaltos bajo el disfraz de protección civil, falsos informes de derrumbes, la ausencia de medidas estatales confiables, la ingente cantidad de recursos desperdiciados por una logística desatinada y la falta de un protocolo general que permita dosificar y afinar los esfuerzos de ayuda.

Entonces mucho antes que celebrar una solidaridad –que como tal es imposible, pues no se trata de un país entero, sino de uno roto a pedazos con una brecha de desigualdad más grande que sus fallas tectónicas– necesitamos detener las simulaciones y realmente prepararnos para saber responder a cualquier emergencia. En este caso, una vez paliadas las consecuencias más urgentes, se viene encima encarar el caso de los edificios que si bien no colapsaron durante el terremoto, están al borde del derrumbe por fallas estructurales. Un mínimo plan de acción tendría que considerar la ayuda inmediata para que aquellos que lo pierden todo no tengan que entrar en el martirio extraordinario de seguir pagando las cuotas o hipotecas de lo que ya no tienen. Que las constructoras y agentes de los inmuebles con daños mayores sufran las investigaciones pertinentes y no gocen de la impunidad que tan famosos nos ha hecho mundialmente. Pero sobretodo un plan de circulación para que esta ciudad, a penas transitable en sus mejores momentos, no devenga un insufrible infierno en los próximos días de derrumbes controlados. La sociedad civil ya está sacudida, lo que ahora hace falta es una réplica que haga que nada vuelva a nuestra terrible normalidad.

Ciudad de México, 21 de septiembre de 2017, 18:06

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