La otra guerra de Israel, carta abierta de Etgar Keret sobre la última operación de Israel en la franja de Gaza

La otra guerra de Israel

por Etgar Keret
Traducido por Benjamín E. Morales

Desde la semana pasada he visto y escuchado la declaración popular “dejen que el I.D.F. (Israel Defense Forces) gane” frecuentemente. Ha sido posteado en medios, en las paredes, y cantado en manifestaciones. Muchos jóvenes lo citan en Facebook, y parece que piensan que es un frase que ha surgido a partir de la operación militar sobre Gaza del momento. Pero yo soy suficientemente viejo para recordar cómo evolucionó: primero como una calcomanía, para convertirse en un mantra después. Claro, este slogan no está dedicado a Hamas o la comunidad internacional, está dirigido a los Israelís, y contiene la visión retorcida que ha guiado a Israel los últimos doce años.

El primer supuesto erróneo que contiene la frase es que hay en Israel personas que pretenden evitar que el ejército gane. Estos supuestos saboteadores podrían ser yo, mi vecino, o cualquier persona que cuestione la premisa y el propósito de esta guerra. Todos esos raros que se atreven a hacer preguntas y externar sus preocupaciones sobre la conducta de nuestro gobierno, que llaman por la humanidad a las manos que dirigen a los militares, son, aparentemente, lo único que separa al I.D.F. de una victoria perfecta.

La segunda y mucho más peligrosa idea que contiene el slogan es que el I.D.F. “podría” ganar. “Estamos preparados para recibir todos los misiles necesarios y sin pausa”, dicen muchos israelís del sur en la noticias, “con tal de que acabemos con esto de una u otra manera.”

Doce años, cinco operaciones contra Hamas (cuatro de ellas en Gaza), y todavía usamos este complejo slogan. Hombres jóvenes que tan sólo eran niños durante la Operación Escudo Defensivo son ahora soldados invadiendo Gaza por tierra. En cada una de estas operaciones han habido políticos de derecha y comentarista que apuntan “esta vez debemos quitarnos las ataduras, llevarlo hasta el final.” Viéndolos en televisión , no puedo dejar de preguntarme, ¿cuál es el final al que apuntan? Incluso si cada uno de los combatientes de Hamas es eliminado, ¿alguien realmente cree que la aspiración nacional de los palestinos desaparecerá con ellos? Antes de Hamas, peleamos en contra del P.L.O. (Palestine Liberation Organization), y después de Hamas, supongo, seguiremos aquí, luchando contra otra organización palestina. El Ejército Israelí puede ganar batallas, pero la paz y el sosiego de los ciudadanos de Israel sólo será alcanzada por la vía del compromiso político. Sin embargo, este supuesto según los poderes patrióticos que dirigen la guerra en curso, es algo que no debemos decir, porque este tipo de pensamiento es justamente lo que detiene al I.D.F. para conseguir la victoria. De cualquier manera, cuando esta operación termine y se saquen las cuentas de los muertos, de nuestro lado y del suyo, el dedo acusador una vez más se posará sobre nosotros los saboteadores.

En 2014, en Israel, la definición de discurso legítimo ha cambiado por completo. La discusión se ha dividido entre aquellos que son “pro-I.D.F.” y los que están en contra. Matones de derecha cantan “muerte a los árabes” y “muerte a los izquierdosos” en las calles de Jerusalén, incluso el Ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, ha llamado a un boicot en contra de negocios árabes- israelís que han protestado en contra de la operación en Gaza por considerarlos antipatrióticos, y expresiones simples de compasión por la muerte de niños y mujeres en Gaza son considerados como un acto de traición en contra de nuestra bandera y país. Somos encarados con el falso y antidemocrático argumento de que la agresión, el racismo y la falta de compasión significan el amor a la tierra, mientras que cualquier otra opinión – especialmente las que se dirigen a no motivar el uso de la fuerza o la pérdida de soldados – es un intento para destruir a Israel como lo conocemos.

A veces parece que dos guerras se están llevando a cabo. En un frente, el ejército combate en contra de Hamas. En otro, un ministro de gobierno, que llamó terroristas a sus colegas árabes en el Knesst y hooligans a los activistas por la paz, persigue al enemigo interno: cualquiera que piense diferente. No hay duda que Hamas es una amenaza para nuestra seguridad y la de nuestros niños, pero, ¿se puede decir lo mismo de artistas como el comediante Orna Banai, el cantante Achinoam Nini, o mi esposa, la directora Shira Geffen, que fueron vilipendiados de manera odiosa después de que expresaron públicamente su descontento con respecto a la muerte de niños palestinos? ¿El ataque extremo al que fueron expuestos constituye otra defensa necesaria para nuestra sobrevivencia, o simplemente son exabruptos de odio y rabia? ¿Realmente estamos tan débiles y asustados que cualquier opinión que difiere del consenso debe ser acallada, o, peor aún, provocar amenazas de muerte no solamente contra quien esgrime el descontento sino contra sus hijos?

Mucha gente trató de convencerme para que no publicara esta nota. “Tienes un hijo pequeño”, me dijo un amigo anoche. “A veces es mejor ser listo que tener la razón.” Nunca he tenido la razón, y tampoco debo ser listo, pero estoy dispuesto a luchar por mi derecho a expresar mi opinión con la misma ferocidad con que la I.D.F. se está expresando en esto momentos en Gaza. Esta guerra no es sobre mi opinión, que puede estar errónea o ser patética. Es por el lugar en el que vivo y al que amo.

El 10 de agosto de 2006, cercano al fin de la Segunda guerra de Líbano, los escritores Amos Oz, A.B. Yehoshua y David Grossman ofrecieron una conferencia de prensa en la que urgieron al gobierno a alcanzar un cese al fuego inmediato. Yo estaba en un taxi y escuché el reporte por la radio. El taxista dijo “¿Qué quieren esos pedazos de mierda? ¿No les gusta que Hezbollah esté sufriendo? Estos pendejos sólo quieren odiar a nuestro país.” Cinco días después, David Grossman enterró a su hijo en el complejo militar del monte Herzl. Aparentemente ese “pedazo de mierda” quería un par de cosas más que odiar este país. Más importante, quería que su hijo, como muchos otros jóvenes que murieron en esos últimos días de combate superfluo, regresara a casa vivo.

Es terrible cometer un error tan grave que cueste la vida de muchos. Es peor cometer el mismo error una y otra vez. Cuatro operaciones en Gaza, un inmenso número de corazones israelís y palestinos que han dejado de latir, y seguimos acabando en el mismo lugar. La única cosa que realmente cambia es la tolerancia a la crítica de la sociedad israelita. Ha quedado claro durante la última operación que la derecha ha perdido la paciencia con el extraño término: libertad de expresión. En las pasadas dos semanas hemos visto a derechistas golpear a gente de izquierda con palos, mensajes de Facebook prometiendo la cámara de gas contra activistas y denuncias en contra de todo aquel que tenga una opinión que retrase al ejército de alcanzar la victoria. Resulta que esta senda ensangrentada que hemos caminado, de operación a operación, no es cíclica como lo habíamos pensado. Este camino no es un círculo, es una espiral descendente, que nos lleva a niveles más bajos que, me entristece decirlo, desafortunadamente tendremos que experimentar.

Fuente: http://www.newyorker.com/books/page-turner/israels-other-war

Comments

comments